BIENVENIDOS

Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



martes, 26 de junio de 2018

"FLIPPED OPOSICIONES"







En estos días se celebran las oposiciones de Secundaria en la mayoría de las comunidades autónomas. Se ha anunciado a bombo y platillo el alarde de plazas ofertadas, que si bien es fotogénico como número global, no es para tanto cuando se desciende a los pormenores de las distintas especialidades, sobre todo en la Formación Profesional. Hay ramas de FP de las que no se ha convocado oferta en una década y se descuelgan ahora con 6 plazas para la Comunidad de Madrid.

Los opositores que concurren a la OEP de Secundaria y FP son titulados superiores que cuentan, en muchos casos, con una clara vocación docente; pero también se presentan personas con saber teórico o técnico que no poseen, sin embargo, habilidades pedagógicas y ven esta selección como una oportunidad laboral.

Para que la oferta de empleo público sea una verdadera selección de profesionales con actitud y aptitud para la enseñanza, deberíamos plantearlas de manera inversa, al modo de las novedosas “flipped classrooms”. Deberíamos invertir el orden de las pruebas, poner en primer lugar la presentación práctica de la programación y el desarrollo de una clase y luego, a quienes hubieran pasado con nota esa demostración de su capacidad de comunicación, de organización, de empatía y de saber estar, les cuestionaríamos la profundidad del conocimiento teórico. Serían las mismas pruebas, sí, pero en orden inverso, de tal manera que la aptitud pedagógica fuese la criba real, la eliminatoria.

No me parece tan descabellado. ¿Alguien se atreve a pensarlo?

martes, 12 de junio de 2018

SOLO PARA SUPERHÉROES






El informe «Effective Teacher Policies: Insights from PISA» recién presentado evalúa la situación del profesorado y su papel en las escuelas que escolarizan alumnos en riesgo de exclusión social. Y llega a una conclusión que todos conocíamos de antemano: los profesores que trabajan en los entornos más desfavorecidos deben ser iconos de la excelencia.

Cuando hablamos de “excelencia del profesor” en los entornos desfavorecidos queremos decir que deben ser personas con vocación y aptitud, resilientes - es decir capaces de soportar mil inclemencias en pie y con una sonrisa-, que no se agoten al trabajar en solitario, con escasísimos apoyos, con los PTSC y orientadores compartidos con otros centros, con el mismo sueldo que todos los demás, sin reconocimiento alguno de su mérito profesional; personas en constante mejora de su formación, comprensivas, comprometidas socialmente; que acepten una atribución inmensa: la responsabilidad en solitario ante el futuro empleo de sus alumnos, sus ingresos, su salud, su fuga del umbral de la pobreza, su rol en la sociedad… 

Hace ya unas cuantas décadas, los profesores aceptamos todas las responsabilidades que no se supieron adjudicar, desde poner en práctica los fundamentos de la democracia hasta cuidar la salud bucodental. Hoy sufrimos la falta de valoración social pero agachamos la cabeza. El hecho es que nuestra mayor fuente de desmotivación como docentes es el desequilibrio entre las expectativas de omnipotencia, nuestros esfuerzos- dispersos en la amplitud de objetivos-  y los logros del alumnado.

Ha llegado el momento de decir que la educación escolar en los entornos desfavorecidos no es omnipotente. Hay una función para ella, otra para la familia, otra para la política educativa y muchas para la sociedad (medios de comunicación, modelos de comportamiento, gestores de los horarios laborales, cuidado de los colectivos en riesgo, facilidad de acceso a la cultura y el arte, inversión en mejoras sociales…)

Así que, a la vez que buscamos profesores excelentes para los centros educativos más complejos, debemos establecer con seriedad qué es una escuela, qué son los profesores, cuál es su función y qué se espera realmente de ellos. Porque el profesor excelente, que desea llevar a cabo su tarea en la avanzadilla de las dificultades sociales, necesita que en su entorno se desarrollen seriamente políticas de igualdad, de protección social, de empleo digno. Necesita una llamada de atención a los medios de masas, una puesta en valor de la cultura, que facilite el acceso de todos. Necesita que en los grandes titulares veamos por fin a personas que puedan servirnos a todos de modelo ético.

Por supuesto, ya hay algún periódico que ha aprovechado el tumulto de PISA para destacar: “En las escuelas más difíciles no es cuestión de número de profesores sino de que sean geniales.” ¿Quién aceptará tal reto?

martes, 8 de mayo de 2018

PRELUDIO PARA UN PACTO





Acabo de enviar este artículo para un número de Cuadernos de Pedagogía dedicado al Pacto por la Educación que, lógicamente, no he leído aún. Me interesa mucho conocer la opinión de quienes participarán en él, y sus propuestas para conseguir ese pacto soñado. Mi artículo, sin embargo, quiere esbozar un preludio.

En sus primeras notas van a resonar los límites de la educación escolar.

El presidente del Grupo Banco Mundial, Jim Yong Kim, en el Informe sobre el desarrollo mundial 2018, afirma: La educación fomenta el empleo, incrementa los ingresos, mejora la salud y reduce la pobreza. A nivel social, estimula la innovación, fortalece las instituciones y promueve la cohesión social. Pero estos beneficios dependen del aprendizaje, y la escola­rización sin aprendizaje es una oportunidad desaprovechada. Más aún, es una gran injusticia: los niños con los que la sociedad está más en deuda son aquellos que más necesitan de una buena educación para prosperar en la vida”.

En muchas escuelas se escolarizan y aprenden alumnos que pertenecen a este último grupo. Sobre sus profesores, en solitario, hace recaer el Banco Mundial una atribución inmensa: su futuro empleo, sus ingresos, su salud, su fuga del umbral de la pobreza, su rol en la sociedad… Antes de anonadarnos por completo, podemos recordar a León Tolstói en un párrafo de ese monumento humano que es Ana Karenina: “La mejora de las condiciones sociales es previa a la mejora que proporciona la educación.”  Y comprendemos que es Tolstói quien acierta.

Hace ya unas cuantas décadas, la escuela aceptó todas las responsabilidades que no se supieron adjudicar, desde poner en práctica los fundamentos de la democracia hasta cuidar la salud bucodental. También guardó silencio ante el tópico de la educación escolar como panacea universal de los desajustes personales y disrupciones sociales. Por supuesto los profesores siempre supimos que no podríamos cumplir con tan altas expectativas pero, aquejados de pérdida de identidad, dimos la razón a quienes ponían todo sobre nuestros hombros, a sabiendas de que íbamos a defraudarlos. De ahí que hoy la mayor fuente de desmotivación para los docentes sea el desequilibrio entre sus esfuerzos- dispersos en la amplitud de objetivos-  y los logros del alumno. Hemos levantado un universo sobre una premisa falsa pero ha llegado el momento de decir la verdad: la educación escolar no es omnipotente. Hay una función para ella, otra para la familia, otra para la política educativa y muchas para la sociedad (medios de comunicación, modelos de comportamiento, gestores de los horarios laborales, cuidado de los colectivos en riesgo, facilidad de acceso a la cultura y el arte, inversión en mejoras sociales…)

Así que la primera parte del preludio para un pacto concluye con este ruego: antes de establecer medidas concretas de mejora de la educación, por favor definamos con seriedad qué es una escuela, qué son los profesores, cuál es su función y qué esperamos realmente de ellos.

En la segunda parte del preludio, debemos hablar de las familias, tantas veces desorientadas y agotadas. Nadie pondrá en duda que la implicación de los padres en la educación de sus hijos necesita tiempo. Educar es convivir. Por tanto, debemos establecer un diseño más racional de los horarios laborales. El éxito del sistema educativo precisa del apoyo de la familia, de su participación en la escuela, de su disponibilidad de tiempo para atender los requerimientos de los profesores y de los propios hijos. El verdadero reto de la conciliación familiar y laboral es que permita a los padres ejercer con verdadero protagonismo su derecho y su deber de educar, y que permita a la escuela cumplir con su papel específico y propio: el lugar del conocimiento y el aprendizaje.  Así pues, el preludio de un pacto tendría que conseguir la racionalización de los horarios. Todas las medidas destinadas a lograr este objetivo contribuirán, sin duda alguna, a mejorar la educación.

El tercer momento introducirá un nuevo tema: la política educativa. En nuestro país, su mayor lastre es el cortoplacismo. Cada norma, cada ley se circunscribe al periodo de gobierno del partido de turno. La prioridad parece ser la aplicación de la ideología entendida como una marca de clan, a la que se opone el clan de enfrente cuando le llega su oportunidad. De ahí el desprecio a los dictámenes de los órganos consultivos y de representación. Por ejemplo en el proceso de elaboración de la LOMCE – que es el gran paradigma de los errores políticos en educación-  el Consejo de Estado, el Consejo Escolar y organizaciones del profesorado aportaron propuestas valiosas que contaban con amplio consenso. Fueron ignoradas y, sin embargo, habrían mejorado el articulado de la ley y aumentado su apoyo social.

Creer que las ideologías deben dictar las decisiones en educación es un residuo del siglo XX. En un país democrático occidental, pleno de tecnología e inserto en un mundo globalizado, la expresión política se basa fundamentalmente en el respeto al Derecho y en los avances en el concepto de ciudadanía. En este sentido, y salvo matices culturales, los españoles no se distinguen de los finlandeses. Aquí como allí, la gente necesita manejarse en la vida, situarse ante el mundo con suficientes conocimientos, respetar los derechos de todos, cumplir con los deberes, conseguir un trabajo digno y ser consciente del tesoro que es la democracia. Así que antes de sentarse a hablar de educación, los políticos deberán asegurar a los ciudadanos su voluntad de intervenir en la mejora del futuro y no solo en el mantenimiento del statu quo inmediato.

Por supuesto, y como coda, no habrá pacto de educación sin el desarrollo previo de políticas de igualdad, de protección social, de empleo digno. Sin una llamada de atención a los medios de masas. Sin una puesta en valor de la cultura, que facilite el acceso de todos. Sin que en los grandes titulares veamos por fin a personas que puedan servirnos a todos de modelo ético.

La mejora de las condiciones sociales es previa a la mejora que proporciona la educación.”  Sí, Tolstói acierta.

sábado, 28 de abril de 2018

LITA CABELLUT, ESPAÑOLA Y GITANA, LA PINTORA MÁS COTIZADA DEL MUNDO.




Una niña gitana nació en Sariñena, Huesca, en 1961 y se crió sin familia en el barrio del Raval, en Barcelona. Con el tiempo se convirtió en la pintora española más cotizada del mundo. Parece un cuento de hadas pero es la historia de Lita Cabellut. Publico hoy el audio del programa dedicado a ella.

Continuamos presentando brevemente a la doctora Manuela Camino, jefa de la Unidad de Trasplantes Pediátricos del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid, que ha realizado con gran éxito una operación pionera en España y en Europa: el trasplante a una bebé de cinco meses del corazón de un donante con un grupo sanguíneo incompatible con el de ella. El trasplante se llevó a cabo con una técnica de lavado de anticuerpos en la sangre, y fue un gran éxito.

 Terminamos con El Libro de tu año. Esta vez, nada menos que Primera Memoria, de mi adorada Ana María Matute, publicado en 1949.

GABRIELLA MORREALE, IMPULSORA DE LA ENDOCRINOLOGÍA MODERNA.





En esta quinta entrega de Cinco Mujeres vamos a conocer a la gran bioquímica ítalo española Gabriela Morreale, recientemente fallecida. A ella se deben la extensión universal de la prueba del talón en recién nacidos, que ha salvado miles de vidas, y la extensión del consumo de sal yodada para prevenir problemas endocrinológicos. Una gran mujer cuya pérdida hubiera merecido titulares en todos los medios de comunicación.

El programa continúa con el recuerdo de la escritora inglesa Mary Shelley en este 2018 en que se cumplen 200 años de la publicación de su novela Frankenstein.

Y en 1967, abrazamos a la gran Agatha Christie. En este año publicó “Los primeros casos de Hércules Poirot”.



miércoles, 25 de abril de 2018

TOLSTÓI TIENE RAZÓN







En el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2018, Jim Yong Kim, el presidente del Grupo Banco Mundial, afirma categóricamente: “En el caso de los jóvenes, la educación, cuando funciona como es debido, fomenta el empleo, incrementa los ingresos, mejora la salud y reduce la pobreza. A nivel social, estimula la innovación, fortalece las instituciones y promueve la cohesión social. Pero estos beneficios dependen del aprendizaje, y la escola­rización sin aprendizaje es una oportunidad desaprovechada. Más aún, es una gran injusticia: los niños con los que la sociedad está más en deuda son aquellos que más necesitan de una buena educación para prosperar en la vida”.

Contemplo el panorama de mi escuela, único referente cultural -y en ocasiones hasta ético- de los alumnos que viven “bajo el umbral de la pobreza”, a quienes se refiere el señor Yong Kim,  y me anonada la responsabilidad de que un maestro solo ante la clase, sin recurso de apoyos educativos, pueda transformar de una manera tan clara el futuro de un niño.

Y entonces recuerdo a León Tolstói  en un párrafo de ese monumento humano que es Ana Karenina: “La mejora de las condiciones sociales es previa a la mejora que proporciona la educación.”

Y comprendo que los poderes fácticos no pretenden resolver los grandes problemas de la humanidad, que han pasado la responsabilidad a los ciudadanos, inermes, y se lavan las manos. 

Sin embargo es Tolstói quien tiene razón.


sábado, 7 de abril de 2018

Te toca repetir




La repetición de curso es una de las más graves decisiones que el docente ha de afrontar durante su trayectoria profesional, por las enormes consecuencias que desencadena en la vida de un alumno. Y es que profesores y familias estamos obligados a acertar.

En los últimos años, la repetición de curso se ha convertido en un recurso común. Bajo su bandera, se han enrolado desde el mal comportamiento hasta las ratios escolares. A día de hoy, nuestro índice de alumnos repetidores es incomprensible y alarmante. Numerosos estudios han analizado ya su falta de efectividad. Por eso importa entender en profundidad qué significa y para qué sirve.
Imbuidos de fe en la psicología evolutiva, padres y docentes estamos convencidos de que una persona se desarrolla en etapas cerradas, de manera que solo alcanzando los objetivos de una se puede llegar a la siguiente. Por eso hemos impuesto el retrato de una infancia que parte de cero y va alcanzando progresos como quien sube escalones, con pautas que deben superarse para alcanzar la etapa siguiente. Así, hemos llegado a considerar patológico todo desarrollo más rápido o más lento que el establecido y diagnosticamos síndromes y disfunciones cuando el comportamiento de los niños no se adapta al estándar escrito. Al convertir la construcción personal en una escalera, damos por hecho también que llega a una cima. Y las programaciones escolares, los contenidos, criterios de evaluación e indicadores de aprendizaje se establecen a partir de esos estándares.

Los educadores, sin embargo, estamos obligados a saber que cada alumno es una persona plena en su individualidad, única en su visión, viva en su actualidad. ¿Cuál sería el lugar de la repetición de curso en este contexto? Pues una decisión a tomar desde la certeza de que un niño o una niña precisan de un periodo de maduración previo a la adquisición de determinadas competencias académicas.

También nos desenfocan las constantes evaluaciones. Se ha llegado a convertir un instrumento de reflexión, encaminado a buscar soluciones de mejora, en un objetivo en sí mismo. Y si la evaluación es un fin y no un medio, el  profesor pierde el control sobre el sentido de su trabajo y el alumno se cosifica.

Las calificaciones escolares no pueden importar más que los procesos o que los efectos de la educación sobre el progreso personal de los alumnos. Los docentes somos profesionales capaces de amplificar no el “capital humano” sino el capital del humano: el conocimiento y la cultura. En este contexto, la repetición de curso no puede ser algo parecido a un hangar: “espera aquí hasta que alcances el aprobado”. El progreso de cada alumno se cimenta en la atención a sus capacidades específicas, y solo desde ese punto, con la presencia de todo el apoyo que sea necesario, puede lograrse plenamente.

La repetición de curso debería ser un tratamiento a medida de cada persona concreta, encaminado a desarrollar sus posibilidades. Debemos tener presente que en nuestras aulas hay quienes, tal vez durante el periodo de un año lectivo, afrontan dificultades personales tan grandes que a cualquier adulto lo dejarían fuera de combate. Esos niños no necesitan volver a comenzar un curso - con la sensación de fracaso que conlleva- sino dilatar el tiempo de los aprendizajes con apoyo, tutoría personal, mano tendida y acompañamiento.

Ahora bien, para que esta certeza no se diluya en el océano del buenismo, deben ponerse en juego muchos recursos humanos. La innovación metodológica, la atención individualizada, la entrada de distintos profesionales en el aula, el desdoble de grupos, la presencia de profesores de educación compensatoria y de apoyo son esenciales para que la repetición deje de ser el único medio de afrontar una necesidad educativa.

Y esa palabra ya no la puede pronunciar la escuela. Estamos esperándola.