BIENVENIDOS

Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



sábado, 12 de octubre de 2019

Gestionando hijos





El próximo 16 de noviembre participaré en el evento Gestionando hijos. Este es el enlace.

Gestionando hijos

Y esta es la entrevista en la que anticipo lo que intentaré aportar.


                                
1.       Tendemos a pensar, hablar y debatir sobre la educación que damos a nuestros hijos, pero ¿nos olvidamos de todo lo que ellos pueden enseñarnos a nosotros?

Así es. Con frecuencia nos olvidamos de que nuestros hijos son personas plenas y absolutas, distintas a nosotros desde el principio de su vida. ¡Nos olvidamos incluso de cuánto nos quieren ellos a nosotros! Siempre tenemos en cuenta nuestro sacrificio, todo lo que hacemos por ellos y lo que estaríamos dispuestos a hacer, y perdemos de vista cuántas cosas nos perdonan y todo lo que hacen ellos por nosotros, como poner en nuestras manos su confianza absoluta. De una persona que mira el mundo por primera vez se puede aprender mucho. Es cuestión de escuchar sus sentimientos y reflexiones, y no simplemente “lo que les apetece” o “lo que han hecho”.

2.       Tu ponencia en nuestro próximo evento de Gestionando Hijos se titula “Lo que nuestros hijos nos enseñan”, ¿qué aprendizajes destacarías sobre lo que has aprendido desde que eres madre?

Mis hijos, con sus diferentes caracteres, me han asombrado siempre, y por supuesto ahora que son adultos directamente me guían. Responder a sus requerimientos, entenderlos, disfrutar de verlos crecer, ha sido el más feliz aprendizaje de mi vida. De mi hijo mayor he aprendido a profundizar en lo que me rodea, una conexión con la realidad- como un mindfulness- que él tiene de manera natural desde muy niño; del menor, he aprendido la resiliencia, porque él se rearma siempre con calma después de un problema, tiene una inmensa libertad interior y, en mi fuero interno, lo llamo “el maestro zen.” De ambos, he aprendido a protestar, es decir a no aceptar lo inaceptable. He aprendido también que, como todas las personas, no “se parecen” a nadie, y esa es la premisa para aceptar que tienen muchas cosas que enseñarte.

3.       Te dedicas a la docencia, por lo que tu vida está (y ha estado) rodeada de niños y niñas, ¿esto te hace ver la vida desde otra perspectiva?

Ser maestra es un privilegio absoluto, un regalo que la vida me ha hecho. Conocer a las personas en el momento en que descubren el mundo, formar parte de ese descubrimiento abriendo las ventanas del conocimiento, convertirme en parte importante de su biografía… ¡Enseñar a leer! Increíble. Un privilegio, no se me ocurre otra forma de llamarlo. Cada día, literalmente, vivo en la escuela momentos de una belleza que no se puede ni explicar.

4.      ¿Qué mensaje quieres enviar a los padres, madres y docentes a través de tu ponencia?

Precisamente, que tener hijos es un privilegio. Me preocupa que empecemos a verlo como un problema, una limitación o un cansancio. Los años más felices de la vida son cansados, sí. Y no viajas tanto, ni vas tanto al cine, es verdad. ¡Pero tienes el mayor espectáculo del mundo en tu propia casa! Hay allí una niña o un niño que sienten por ti un amor incondicional, que esperan tu amor y necesitan tu capacidad de educarle bien. La belleza no es estática, se mueve, corre y grita. La belleza es la infancia.

5.       ¿Estamos cerrados los adultos a seguir aprendiendo y disfrutando como niños?

Me parece que aprender y disfrutar no es patrimonio de los niños. Nosotros podemos aprender y disfrutar como padres, como adultos. Lo que nuestros hijos necesitan es, precisamente, que seamos adultos. Abiertos, curiosos, alegres, risueños, con sentido común, con sentido del humor, con paciencia y con ganas de estar con ellos, pero adultos. Los padres infantilizados son algo artificial y extraño porque no son niños ya, les falta autenticidad.


6.       Hablamos mucho sobre la importancia de la conciliación porque los padres necesitan tener tiempo para la familia, pero muchas veces se nos olvida la importancia de que los niños pasen tiempo con sus padres. De esta manera, tenemos niños sobresaturados de extraescolares para paliar el tiempo en el que los padres trabajan. ¿Crees que si la sociedad pusiera más el foco en los niños, temas como la conciliación laboral estarían más superados?

La falta de conciliación me preocupa muchísimo porque veo sus efectos en la vida de muchos niños. Y también veo los efectos del agotamiento de los padres, de su necesidad de tiempo libre también. Es un problema social gravísimo que, sin que nos demos cuenta, está transformando el panorama demográfico y social.
Y la niñera electrónica, esa Mary Poppins con forma de tablet o teléfono, directamente me parece un experimento cuyas consecuencias veremos, en unos años, con auténtico dolor. Espero no ser catastrofista, es que la ausencia de los padres en la vida de sus hijos, incluso cuando están todos juntos, me preocupa de verdad.

sábado, 21 de septiembre de 2019

Una conversación sobre Todo se olvida


Me gustaría invitaros a una conversación sobre Todo se olvida.

Será el miércoles 25 de septiembre a las 19 horas, en la Librería Paulinas 
de la calle Bravo Murillo , 114, 
con la periodista Mari Ángeles Fernández. 
Nos acompañará el violinista Simón Rondón.

La novela sigue cosechando buenas críticas. Han dicho de ella:

"Una obra maestra." (Antonio Hernández, poeta, premio nacional de Poesía)

La protagonista de esta escalofriante fábula de misericordia es una cantante de ópera cuya carrera vertiginosa comienza a deslizarse hacia el abismo de la desmemoria. Con su vida nos da una impresionante lección: dejar las cosas más transparentes que antes lo estaban. Este libro hay que leerlo con mucha cautela, hay muchos puntos de mira que avizorar. " (Valentín Arteaga, poeta)

"Desde las primeras líneas te dices a ti mismo: es una novela de Carmen Guaita. Qué difícil es tener una voz que soporte las variaciones de tema y qué reconocible es la suya. Y qué facilidad para atraparnos, para que lo que sucede a los personajes lo hagamos nuestro y nos incumba." (Alberto Gómez, novelista y editor)

"Escribe una mujer y por primera vez reconocemos en una novela la fragilidad de los personajes masculinos, de nosotros los hombres." (Manuel Francisco Reina, poeta y novelista)

"Es una novela y una ópera." (Alejandra Vallejo Nájera, psicóloga)

"Hay momentos de escritura de verdadera altura, es emocionante y profunda, hay una pasión inmensa y un respeto por el mundo del arte, por la entrega hacia lo creativo. Personajes dolientes y trágicos que luchan por ser mejores y que van hacia su final como héroes." (Carmelo Gómez, actor)

"Criptana me ha sanado al meterse dentro de mí." (Susana Martínez, estilista)

"Carmen está llamada a codearse con los mejores escritores de este país." (Jaime Quevedo Soubriet, editor)

Y sobre todo el texto maravilloso se cierne la pregunta: ¿Qué es el olvido? (Mari Ángeles Fernández, periodista.)

Esta novela habla del perdón, de la vuelta a la consciencia, de la realidad más oscura a la luz. Me gusta mucho cómo describe Carmen lugares, ambientes, rostros y almas. Y cómo crea personajes y los relaciona con personajes reales. Me he sorprendido buscando en Internet algún nombre. (Álvaro Santos, periodista y editor. )

La ha escrito así porque la autora quiere que el mundo sea mejor. (Juan Antonio Corbalán, médico y deportista)

.....

No sé si será para tanto; sé, con toda humildad, que es lo mejor que he escrito. Agradezco mucho a todos esta lectura generosa de Todo se olvida.
Y os espero para conocerla el miércoles 25 de septiembre.




martes, 27 de agosto de 2019

El último principio




Una bella canción popular rusa dice: “Me resulta difícil hablar, pero también no hablar, de lo que llevo en el corazón.” Un sentimiento parecido me embarga ante este principio del curso escolar que será el último de mi vida profesional puesto que, si todo va bien, me jubilaré en el próximo mes de febrero.

Me resulta difícil hablar de la jubilación porque debo comenzar el curso con las pilas puestas. Quiero decir que debo programar, preparar, aprender, innovar, conocer a los alumnos, sintonizar con ellos, inundarme de esperanza para acompañarlos como si fuésemos a estar siempre juntos. En pocas palabras, eso mismo que están haciendo ahora todos los profesores y maestros.

Y me resulta difícil no hablar de la jubilación porque debo realizar un balance de la vida: cuarenta años en la enseñanza, una profesión que es una forma de ser.

  • Ser comunicativo y estar comunicado, porque en el perfil del docente está siempre la palabra, el diálogo entre seres humanos. Maestros y alumnos nos comunicamos cara a cara, afirmándonos en el lugar que ocupamos sin dejar de afirmar al otro. Durante cada curso escolar, conectamos profundamente nuestras vidas en un espacio donde todos aprendemos y crecemos como personas.
  • Ser eminentemente ético, porque en el diálogo educativo el maestro comparte con el alumno sus conocimientos – claro está- pero también sus convicciones y expectativas, sus valores, por eso el diálogo se desenvuelve en la más compleja riqueza de lo humano, y es tan difícil de explicar que, como diría Lope de Vega, solamente quien lo probó lo sabe.
  • Ser digno, por la condición de profesional esencial. Se es maestro, se es profesora. Ineludiblemente. Mientras dura su camino común, cada profesor es un referente ético para cada alumno; por su parte todos los alumnos son apelaciones a la excelencia moral para el maestro. La tarea docente transmite el mundo para que pueda ser mejorado por la generación siguiente, que a su vez habrá de transmitirlo. Y ese avance, durante el cual las generaciones se suman, es profundamente, dignamente humano.
  • Ser trascendente, transformador, emocionalmente arraigado en la realidad, máster en el manejo del carácter propio y del paso del tiempo, consciente de la autoridad que conlleva la responsabilidad inmensa que asumimos.
  • Ser vocacional, una persona interesada por las personas que sabe apreciar la belleza de quien se está abriendo al mundo.Sentir un profundo respeto por uno mismo. Educar es comprender y hacerse comprender, respetar y hacerse respetar.
  • Haber aprendido a conocerse y a conocer a los demás para trabajar en equipo y sentirse miembro de una comunidad educativa. Aprender a decir sí y no, y a dar crédito a lo frágil para reconocer en cada alumno sus potencialidades. Aprender a no llevarse los problemas de casa al aula, a liberarse de la dictadura de lo ya hecho miles de veces y a plantearse cómo hacerlo siempre todo por primera vez.



En febrero del año 20 diré adiós a una profesión de privilegio, productora de felicidad por sí misma. O tal vez no diré adiós, porque resulta que nunca en mi vida he trabajado como maestra; lo soy que es algo diferente.

Llegará febrero, pero a día de hoy, entre programaciones y caritas nuevas, deseo un buen curso para todos.



La canción a la que aludo se llama "Noches de Moscú" y me encanta esta interpretación en vivo del gran barítono Dimitri Horovstovsky, que ahora comparto.



domingo, 26 de mayo de 2019

Mi tercera novela: Todo se olvida





Ya está aquí mi tercera novela:


«Perdonado es como se siente por dentro quien perdona».
                                                                                                

Criptana Senzi, la Alondra, fue una gran soprano pero lleva veinte años enferma de Alzheimer y lo ha olvidado todo. El periodista Pedro Bennasar, encargado de escribir su biografía, debe recuperar el pasado de esta mujer sin recuerdos: su infancia manchega en Campo de Criptana, sus primeras actuaciones, el éxito y el dolor de una muchacha sencilla pero destinada a alcanzar la cima de la ópera en una trayectoria casi sobrehumana.

¿Por qué perdió Criptana Senzi la memoria? ¿Qué quiso olvidar? ¿Qué olvidó? Cuando Pedro descubre las cartas que Criptana envió a lo largo de su vida, comprende que deberá reconstruir también la suya propia.

He puesto el corazón en esta novela de música, dolor y esperanza, que contiene muchos personajes. Con ella completo la «trilogía sobre el perdón», de la que también forman parte las novelas Jilgueros en la cabeza y El terrario.

Ya ha recibido algunas críticas. Han dicho de ella:

Literatura de redención. 
Valentín Arteaga, poeta.

Sanadora y emocionante
Manuel Francisco Reina, poeta.

Impresionante. Te mantiene enganchado
Pastora Vega, actriz.

Un libro capaz de viajar de lo universal al interior de nuestra propia alma. 
Juan Antonio Corbalán, médico y deportista.

Personajes inolvidables en torno a una mujer que ha olvidado todo. O no. 
María Ángeles Fernández, periodista.

Enamora. Carmen Guaita ha construido un mundo. 
Enrique Montiel, poeta y novelista



MANIFIESTO DE LAS LECTORAS QUE TIENEN LA OPORTUNIDAD DE LEER





Texto dedicado a la Asociación Cultural Antares de Campo de Criptana

Como lectora que tiene esa oportunidad, seré consciente de que cualquier lectura cuyo fin sea ensanchar mi vida y hacerla más profunda necesita un poquillo de tiempo que a lo mejor no puede estar previamente determinado – una hora o media hora al día- porque mi vida es complicada y está llena de cosas que hacer. Así que estaré abierta a los pequeños ratos libres, y preferiré alimentarme con un libro que desnutrirme con las pantallas.

Como lectora de la oportunidad, consideraré a un libro como un medio de vivir otras vidas, abrirme a la riqueza de otros lugares y otros tiempos, a las aportaciones de los escritores y a la posibilidad de paladear sensaciones nuevas.

Como lectora de la oportunidad, dejaré tiempo para pensar en lo que he leído, para darme el gusto de buscar un final distinto, para leer en un grupo de amigas - o en una asociación como Antares- para conversar sobre libros, para enriquecer mi realidad. Seré consciente de que yo veo muchas más cosas de las que el autor pensó porque me veo a mí misma en cada personaje que me enamora.

Como lectora de la oportunidad, me esforzaré en aprovechar mi propio tiempo de lectura y no me escocerá el dejar un libro sin terminar si no me emociona. Aprenderé de mis errores y poco a poco iré encontrando libros a mi medida.

Como lectora de la oportunidad, no tendré miedo a los clásicos, ni a los libros gordos ni a los ensayos ni a esos libros que no ha leído nadie. Todos son herramientas para bucear profundamente en mí misma.

Como lectora de la oportunidad, me imaginaré cómo son los ojos de los protagonistas de los libros, escucharé su risa, compartiré su dolor, les tendré cariño, confiaré en ellos. Y cuando alguno me llegue profundamente al corazón, apreciaré el privilegio.

Compartiré mis descubrimientos. Me dejaré aconsejar. Aconsejaré en lo que pueda.

Como lectora de la oportunidad, me atreveré a releer lo que leí de joven y me llegó al alma. Y así descubriré que sigo siendo yo, O que ya no soy la misma persona. Así sabré cómo ha sido mi relación con el tiempo.

Como lectora de la oportunidad, si me apetece escribir algo, no tendré miedo.

Haré un esfuerzo por tener paciencia con mis hijos. No me cansaré de que me vean leer.

Como lectora de la oportunidad, daré una buena bienvenida a los libros nuevos, con su olor crujiente; y a los de la biblioteca, que llevan en su cuerpo las cicatrices de las lágrimas y el eco de las risas de muchas otras personas.

Procuraré estar atenta al final de un libro, de manera que haya espacio para preguntarme a mí misma qué he aprendido de mí que antes no sabía.

Como lectora de la oportunidad, cuidaré la intensidad de mis buceos en el argumento de ese libro que me engancha y, si no es necesario, no compararé a mi pareja con el protagonista.

Como lectora de la oportunidad, respetaré la intimidad de quienes leen a mi lado, así también habrá para mí un poquillo de respeto y silencio.

Como lectora de la oportunidad, procuraré que los libros no me quiten demasiado el sueño, pero si tengo que pasarme la noche entera leyendo porque no lo puedo soltar, no lo soltaré y listo.

Haré un esfuerzo consciente por mi propia desaceleración. Para leer a gusto hay que respirar.

Como lectora de la oportunidad, distinguiré perfectamente, en mi biblioteca, entre los libros esenciales y los superficiales, y sabré siempre responder a la pregunta: ¿Qué cinco libros salvarías de un incendio?

Como lectora de la oportunidad, disfrutaré todo lo que pueda de reírme y de llorar delante de un libro. Y si termino por mojarlo de lágrimas, bien mojado quedará.

Como lectora de la oportunidad, disfrutaré todo lo posible de realizar una actividad llena de sentido, en sí misma productora de felicidad, tal vez como pocas.

Y de vez en cuando dedicaré un pequeño pensamiento a esos dos tercios de mujeres de la tierra que no pueden o no saben leer.

Porque necesitamos los libros.

Porque las grandes obras de la literatura son grandes regalos que los seres humanos nos hemos hecho a nosotros mismos.

Porque los grandes escritores explican nuestra vida, la orientan, la iluminan.

Porque leer nos ayuda a comprender y eso nos hace mejores personas.

Porque existe la novela que cuenta mi vida, el poema que habla de mi amor, el libro de pensamiento que aclara el mío.

Porque buscar esos libros donde está mi retrato es una aventura apasionante. Y no me la pienso perder.

Porque a lo mejor tiene razón la escritora Marguerite Yourcenar, en las Memorias de Adriano cuando dice:
No estoy seguro de que el descubrimiento del amor sea por fuerza más delicioso que el descubrimiento de la poesía.


domingo, 19 de mayo de 2019

Miguela y la inteligencia emocional



                                       Foto: El periódico de Hortaleza


“La inteligencia emocional es vivir el presente plenamente, olvidarse del pasado porque ya no está, pensar en el futuro…, si quieres programar, un poco, pero tampoco en exceso porque no sabes si va a llegar. Tiene una parte intra-relacional (conocerte a ti mismo y manejar las emociones) y otra inter-relacional (saber relacionarte con los demás). Es la inteligencia del éxito.” 

Con esta definición optimista e intensa, tal como era ella misma, definía la maestra y pedagoga Miguela del Burgo la inteligencia emocional en una entrevista realizada para el periódico local de Hortaleza, su barrio de Madrid. 

Miguela, que se acaba de marchar, fue durante veinte años la directora del colegio Pablo Picasso, un emblema de la calidad y la vanguardia de la escuela pública. Ella comprendió desde el primer momento la importancia de la motivación, la autorregulación y la autoconciencia para el rendimiento escolar. Y comenzó a formar a los profesores de su claustro y a los propios niños. Como un faro, irradió a todos los colegios públicos y concertados de Hortaleza su interés por la inteligencia emocional a la que atribuía un papel asentador de los primeros aprendizajes. Se convirtió en formadora. Ella misma, se notaba en seguida, era una experta en la gestión de sus propias emociones. Y fue efectiva donde verdaderamente debe serlo cualquier innovación: en el nivel “micro”, escuela a escuela, clase a clase. Así que hoy, para los centros escolares de enseñanza primaria de un distrito completo de Madrid, decir inteligencia emocional es decir Miguela.

Por eso me parece oportuno pintar un retrato de la maestra que pone en juego ante los avatares del aula su propia inteligencia emocional. Por supuesto para mí, maestra también en un colegio de Hortaleza, describir la inteligencia emocional de un docente será hablar de cómo era Miguela.

Comienza la jornada y, a pesar de las dificultades, la maestra posee una inquebrantable resiliencia que le permite renovar cada mañana su compromiso con el aula. Llega contenta, sí. Saluda a los alumnos cuando entran a clase desde la puerta, es decir, se permite establecer ese primer contacto visual y sonriente desde el preciso instante en que ellos cruzan el umbral. Así, antes de comenzar las clases, los ha visto a todos, sabe quién se ha cortado el pelo, quién estrena abrigo o viene sin él en un día gélido. Confía en sí misma y en sus capacidades, permanece en estado de “alerta educativa” ante el movimiento y los mensajes que envían los alumnos. Como ella misma es curiosa, fomenta esa curiosidad entre los niños y niñas, no le importa detener un momento el avance del temario si debe intervenir ante algún conflicto, con paciencia para esperar que la solución provenga de la empatía que todos poseen y que deben encontrar en su interior para ponerla en juego. Para ello emplea prioritariamente el refuerzo positivo, capaz de hacer pasar de una motivación extrínseca a una intrínseca, desarrollando así la autoestima y el carácter.

A esa maestra emocionalmente inteligente le gusta comunicar y se esfuerza en perfeccionar esa habilidad. Está preparada para afrontar con serenidad los constantes cambios, manteniendo su identidad; para renovar su compromiso a diario, a veces en circunstancias difíciles; para aprender a conocerse y a conocer a los demás; para trabajar en equipo y sentirse miembro de una comunidad educativa; para decir sí y no, y a dar crédito a lo frágil; para reconocer en cada alumno sus potencialidades; para no llevarse los problemas de casa al aula, liberarse de la dictadura de lo ya hecho miles de veces y a plantearse cómo hacerlo siempre todo por primera vez. Sabe explicarse y escuchar, mirar y ser mirada, y ha aprendido a cuestionarse todo, sobre todo lo que ella misma hace cada día.

Por supuesto, su inteligencia emocional se asienta sobre un sólido sustrato ético. Nuestra Miguela elige cómo va a presentarse ante los alumnos y la comunidad educativa. Sabe de sobra que su presencia ante los demás no es sencillamente la manifestación externa de una disposición interior sino una elección deliberada sobre la forma en que quiere que los demás me perciban, y esto es fruto del pensamiento ético: sé como deseas parecer, decía Sócrates. Ella ha optado por una manera determinada de ser docente y ahora su compromiso es hacerla efectiva. Por eso no tiene miedo a ejercer su autoridad, por eso comprende que se deriva de la inmensa responsabilidad que ha contraído ante las familias y la sociedad, por eso se la gana a diario con decisiones justas, con una tendencia constante hacia lo que debe ser.

Nunca se le olvida percibir las emociones y sentimientos de sus alumnos, y les ayuda a ponerlos en palabras. Su objetivo es una cohesión de grupo que haga brillar el respeto y la cordialidad y aleje el fantasma del acoso. No es tarea fácil sino permanente y sujeta a vaivenes. Nuestra Miguela, como todas, trabaja en un aula de verdad no ante probetas de laboratorio en condiciones ideales para la proliferación de los cultivos.

Por supuesto, domina el arte del enfado, habilidad básica de la docencia que sin embargo nadie nos enseña. Por eso, ante las regañinas y castigos se mantiene siempre muy consciente, auto controlada, no pierde nunca la alerta de que es justo y educativo. Su lenguaje corporal y dialéctivo siempre es asertivo. Enfatiza  la creación de debates y de un ambiente en el aula democrático y respetuoso y en el que cada uno pueda tener su lugar y capacidad para expresarse e interactuar. Su inteligencia emocional impregna, a lo largo de su jornada laboral, todo lo que piensa, dice, calla y hace.

¿Conocemos los docentes la importancia de cuidar y potenciar nuestra propia inteligencia emocional? ¿Hablamos de ella? Miguela del Burgo lo hacía constantemente. Al fin y al cabo, ella sabía que las cualidades de la persona emocionalmente inteligente se llaman - se llamaron siempre- valores.

Sucede una cosa muy curiosa contigo, Miguela: no te has ido. Eso debe de ser lo que llaman "dejar un legado."

Te sigo queriendo y admirado mucho. Gracias.