BIENVENIDOS

Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



lunes, 14 de septiembre de 2020

MORIA

 

                                         Foto: La Vanguardia


Entre el aluvión de noticias sobre rifirrafes de la política y problemas de la educación y la sanidad, como un titular más en un océano de información, nos hemos enterado del incendio y la destrucción del campamento de refugiados de Moria. Trece mil personas desesperadas, entre ellas miles de huérfanos abandonados y expuestos al infierno en plena infancia, se hacinan en un solar de la isla de Lesbos.

La bella Lesbos. Un lugar paradisíaco, rebosante de historia y cultura de la antigua Grecia, donde brotó la semilla de la realidad cultural, de la civilización avanzada que hoy conocemos como Europa; donde de la unión entre la ética griega y la religión cristiana surgieron las ideas de democracia y de derechos humanos. El lugar natal de Safo, del pirata Barbarroja- que de todo hay en Europa, claro- y del poeta Anacreonte, que hace dos mil quinientos años escribió:

Héroes, dejad de enardecer mi mente 
porque mi lira solo amores canta.

¿Por qué están allí, en Moria, esas personas que nada poseían y lo han perdido todo? ¿De dónde han salido? Se lanzaron al mar huyendo del hambre, de la miseria, de la guerra, de la muerte que les rodeaba en sus países de origen. ¿Por qué escaparon con tanta desesperación? Seguramente porque perdieron la esperanza de que su tierra natal deje de ser el campo de pruebas de las industrias de armas, de la corrupción de los gobiernos, del desinterés del capital por la igualdad y la prosperidad de la gente. ¿Alguno de nosotros, en estos seis meses de pandemia, lo hubiera dejado todo y se habría tirado de cabeza al mar? Habría que estar muy desesperado, ¿eh? Pues la guerra de Siria dura ya nueve años.

¿Y qué hacemos ahora que están aquí? ¿Qué hacemos nosotros, los europeos que también conocimos hace ochenta años el miedo, el hambre y la muerte ciega pero se nos han olvidado, inmersos como estamos cada vez más en atender los deseos del minuto presente. Quizá lo más sencillo sea escuchar al propio Anacreonte:

Mientras llega el momento 
de acudir a las danzas infernales, 
quiero vivir ajeno de cuidados.

Queremos vivir ajenos de cuidados sobre la realidad de Moria porque nacimos aquí o aquí vivimos; porque nos pica la mascarilla anti Covid en la cara y nos parece un castigo tener que llevarla puesta tantas horas. Pero nuestros hijos podrían haber amanecido hoy, huérfanos, en Moria.

Los campamentos de refugiados son la prueba del pecado original de la humanidad, que nos ha marcado a todos con una incapacidad congénita: la de terminar con tanta hambre y tanta guerra.

 

martes, 8 de septiembre de 2020

Una pequeña noticia y dos reflexiones

 La pequeña noticia.

Queridos amigos, la novela La Ventana que vuestro aliento me ayudó a terminar ha comenzado ya su proceso de edición, bastante cambiada con respecto a lo que publiqué en este blog. Gracias de nuevo por vuestro apoyo. Os avisaré cuando esté lista.

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Suspenso en septiembre

Al Ministerio y a las Consejerías se les quedó la asignatura pendiente para septiembre y en septiembre han suspendido. Con un cero redondo y sin contemplaciones.

Si la vuelta al cole no ha sido un desastre se debe a vuestro trabajo, como siempre compensador de la falta de planificación y de recursos. Se dijo que las decisiones debían tomarse cerca del momento de iniciar el curso para ajustarse al estado de la pandemia pero desde junio se sabía- lo sabían los docentes y las familias- que para disminuir la ratio harían falta más profesores. Y sus contratos hubieran debido estar listos a uno de septiembre. 

Todos sabíamos que habría que hacer compatible la presencia con la enseñanza digital y se hubiera debido invertir en medios, crear plataformas seguras, establecer formación sobre los recursos digitales y comprar material para los alumnos con menos recursos. Aún sabemos que será imprescindible adaptar los temarios, que este curso no habrá lugar para experimentos de evaluación ni pruebas PISA ¿Y todo esto hubiera debido realizarse en agosto? No, no, en julio que es cuando tocaba.

Me faltan palabras para calificar la caótica espera de los docentes madrileños para realizar la prueba del Covid-19. ¿No hubiera sido más fácil fletar autobuses como los de la donación de sangre y acercarlos a los centros? ¿No hubiéramos debido comenzar esas pruebas el 28 de agosto y devolver luego, con un par de "moscosos", los dos días restados a las vacaciones?

Los alumnos ya están aquí. Los profesores haréis un esfuerzo de vocación, las familias lo harán de confianza y todo irá para adelante.  Pero si me preguntan qué nota sacan los gestores de la educación este septiembre responderé que un cero en toda regla. Redondo.


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Inteligencia artificial


Imagen propiedad de computerhoy.com


Como estamos inmersos en un grave problema sanitario y social, y como la política y sus actores no paran de soliviantarnos, solo podemos concentrarnos en el presente concreto y en los problemas que ahora mismo, ahora mismo exactamente, tenemos que abordar. Por eso nos pasan desapercibidas algunas noticias que muestran sin ambages hacia adónde va nuestro mundo y cuáles son los cambios que nos esperan en un futuro próximo. Porque la sociedad tal como la conocemos está cambiando de forma radical y vertiginosa.

Ha pasado casi desapercibida la nueva tecnología Neurolink que acaba de presentar el presidente de la empresa Tesla. Este señor, Elon Musk, es el principal impulsor de la inteligencia artificial, cuya investigación y desarrollo financia junto a otros megamillonarios que han visto en ella la forma de vida y el gran negocio del futuro cercano. 

Neurolink ofrece la posibilidad de conectar tu cerebro a un ordenador para mejorar sus funciones. Es el primer paso para la creación de lo que los escritores de anticipación llaman “alma digital”, y es que tu cerebro permanezca conectado al ordenador incluso después de tu muerte. Queda tiempo para llegar ahí pero llegaremos. Por eso me parece muy importante que la humanidad, a través de sus órganos de intervención y reflexión, como las Naciones Unidas, sea capaz de levantar un momento la vista del agónico presente y decidir cómo será la ética de la inteligencia artificial, si será “humana”, si respetará los derechos de los hombres que la han creado.

Es un reto, un desafío y una necesidad perentoria porque ya hoy, con nuestras clases digitales y nuestras videoconferencias con el médico, se atisba hacia adónde va el futuro.

miércoles, 29 de julio de 2020

Lo que el viento se llevó





Hace unas semanas la polémica por la retirada, en una cadena de televisión on line, de la película Lo que el viento se llevó, me sorprendió releyendo la novela original de Margaret Mitchell que conocí hace cuarenta años. Entonces no percibí de una manera tan clara el racismo que destila; hoy se me ha hecho insoportable. Y esta evolución, que es mía, de mi propia manera de ver el mundo, me parece importante. Seguramente no soy menos racista hoy que a los veinte años, porque siempre lo rechacé. Solamente se ha ampliado el umbral de lo que considero racista.

Sin embargo me parece un grave error que se impida a la gente joven acercarse a esta película, en nombre de una supuesta protección de su sensibilidad o en la creencia de que así evitamos que copien esas actitudes, como si educar no fuera, también, preparar a un joven para conocer los hechos del pasado y cómo han evolucionado los criterios morales sobre ellos. Sin Lo que el viento se llevó no se entiende el Black lives matter ni el porqué de esos disturbios en un país cuyas heridas aún supuran.

Quien censura un testimonio del pasado quiere hacernos creer que la humanidad ha nacido hoy. Y eso es, ni más ni menos que lo que piensa un niño pequeño: que antes de él no había nada. Si perdemos la certeza de que formamos parte de un progreso moral, de que la humanidad, desde las cavernas a hoy, ha caminado a mejor; si no se nos enseña el lugar de donde venimos, entonces perdemos el sentido de por qué estamos aquí y no nos sentimos obligados a mejorar el mundo para nuestros hijos. Quien solo vive en el presente no entiende las expresiones antes y después y sufre enormes rabietas. A quien solo le importa lo inmediato se le puede manipular. Y al final tal vez se trate de eso.

La censura sobre el arte y la historia nos quiere transformar en una sociedad infantil. Es un arma peligrosa y nos la están imponiendo con naturalidad. Hay que decir bien claro que Lo que el viento se llevó es una película racista, porque lo es y mucho. Pero lo intolerable, lo que bajo ningún concepto se puede permitir es el racismo de hoy. Porque lo que hacemos mal hoy es lo vergonzoso. 

Ah, por cierto, resulta que nuestros jóvenes, con su ocio y sus fiestas, son ahora "irresponsables" e "insolidarios". Pero en mayo les dijimos que volviesen cuanto antes a las discotecas y no abrimos los institutos. Ahora quienes deben establecer cómo comenzará el próximo curso- "presidentes" y "consejeros" se llaman pomposamente- no tienen ni ideas, ni ganas ni dinero para aumentar el número de profesores. En esta pandemia, la educación es, tristemente, lo que el viento se llevó.


miércoles, 3 de junio de 2020

¿Puede ser humanizadora la escuela de las máquinas?




El pasado noviembre tuve el honor de participar en el Congreso de Escuelas Católicas con una ponencia compartida con el extraordinario pensador Pedro Huerta, superior de los Trinitarios. Pintábamos un futuro en el que resultaría difícil distinguir entre información y conocimiento, entre absolutos y relativos, entre procesos y resultados- porque las máquinas muestran resultados y su proceso es invisible, pero la enseñanza es puro proceso-. No podíamos prever que ese futuro llegaría a nuestras vidas bruscamente, a las pocas semanas.

Estos meses han puesto a prueba la capacidad humanizadora de la escuela y creo sinceramente que, durante la primera ola, los docentes habéis superado este difícil examen. Sobre todo porque las familias han visto por primera vez, y en la mayoría de los casos, qué compleja, qué importante para sus hijos es vuestra tarea. 

La docencia es una profesión esencial porque es, y seguirá siendo siempre, humanizadora. Sin embargo, el gran reto ante lo digital es, precisamente, comprender y defender esa esencialidad en lugar de dejarnos llevar por la agonía del temario y por la dificultad de la técnica que todavía no controlamos. Se equivocan quienes piensan que volveremos, sin más, a la clase magistral; esta forma de enseñar es la más fácil de sustituir por las máquinas.

Así que, ante este nuevo paradigma debemos actualizar- en el sentido filosófico de hacer presente, hacer actual- la función esencial: humanizadora.


COMUNICATIVA

En el perfil del docente estará siempre el diálogo entre seres humanos. Sin embargo, y lo habéis comprobado durante estos meses, el cara a cara es imposible cuando solo se ve la cara; es decir, cuando una pantalla y un lapso limitadísimo de tiempo nos impiden abarcar al alumno en su totalidad, lo que yo llamo verlo de espaldas, distinguir entre la actitud abierta y la huidiza, en resumen, verlo vivir. 
En estas semanas os han preocupado las ojeras de unos, la dolorosa desaparición de otros. La actualización de la comunicación se establecerá a partir de la certeza de que, más que nunca, seréis tutores de todos. Habrá una interacción más frecuente y menos rígida con la familia; tendremos que poner en palabras nuestra propia vida ante ellos, porque hay una diferencia muy grande entre decir ante el Google Meets “hola, ¿cómo estáis? y decir “chicos, ya salió mi padre del hospital.” Y ahora las confidencias, la mirada en primer plano habrá que provocarla. Será una comunicación más horizontal que nunca, porque todos somos conscientes de nuestra extrema fragilidad. Será una comunicación en la que deberemos escuchar más su visión de la realidad, y responder a sus dudas más que obcecarnos con el temario. Repito: habrá que escucharlos más. Solo así podremos defender nuestra comunicación humanizadora frente a las alternativas que nos ofrecen las máquinas.

ÉTICA

La docencia es una profesión eminentemente ética, y esa es una certeza que debe transformarse en un profundo compromiso vital. Por eso vuestra presencia está relacionada siempre con la ejemplaridad. Hoy se traduce en el cumplimiento de las normas, en la moral alta frente al miedo, en la actitud solidaria y consciente. Sois un referente ético. Debéis mostrarles también, y más que nunca, que ética significa actitud ante la vida, y que les apela a ellos mismos, a su proyecto y a su futuro. En el día a día de la clase, la ética docente significará estar abierto a todo, no regatear ningún esfuerzo. Y esto se refiere también a vuestra relación con los compañeros, con el claustro en su totalidad porque existe el serio peligro de convertiros en células aisladas ante vuestras pantallas.

DIGNA

Si lo virtual tiene y contiene, la docencia es. Hay una determinada manera de vivir la realidad del mundo: con los ojos abiertos a las próximas olas, que son la recesión económica y el cambio climático. Humaniza quien sabe distinguir lo esencial de lo accesorio. Habrá que asumir ese reto y habrá que contarlo.  


SIGNIFICATIVA

Estoy segura de que todos vuestros alumnos han valorado de otra forma la escuela durante este tiempo; han sentido hambre de ella. Seguro que todos han pensado formas de regresar con seguridad para la salud, ojalá los equipos directivos se atrevieran a preguntarles. Es importante que sientan su colegio como el espacio humano donde se desenvuelve buena parte de su vida.
Significativo quiere decir que - en los tiempos de Sócrates y en los de Google- cualquier cosa que hagan los profesores deja una huella indeleble en la biografía de otro ser humano.
Una de las tareas más complejas y emocionantes a partir de ahora será profundizar en el arraigo emocional de cada alumno con su centro. Más que nunca el tiempo de escuela será una oportunidad.

VOCACIONAL

Hay que sentirse llamado a esta tarea, hay que entenderla como una ofrenda de lo mejor, para que brote lo mejor en otros. Demostrareis vuestra vocación docente en el esfuerzo por personalizar a cada uno, conocerlo bien- esto hay que subrayarlo porque se vuelve más difícil- y amarlo.
Demostrareis vuestra vocación docente en la apertura a lo nuevo, en la búsqueda de lo que tienen de bueno y de malo los métodos y formas que os esperan, en la capacidad de conservar la comunicación humanizadora. Porque la vocación docente se define en cada uno de vosotros con la manera de ser, de trabajar y de tratar a los demás.

CAPAZ

Tendréis que renovar vuestro compromiso a diario, conoceros y potenciar vuestros puntos fuertes. Y compartirlos con vuestros compañeros de claustro. Habrá que dar más crédito que nunca a lo frágil para reconocer en cada alumno sus potencialidades. Habrá que aprender de nuevo a explicar y a escuchar, a mirar y a ser mirado. Y aprender a cuestionarse todo. Este tsunami de innovación debe estar bien contrastado, bien comprendido en su papel de herramienta dominada por lo humano.


¿Cuál será el rol de los alumnos en esta nueva realidad?

Ellos deben hacer un esfuerzo también por la humanización. Nuestra tarea será potenciar sus mejores rasgos, olvidando o minimizando la vieja clasificación “bueno o malo para una tarea académica.”

¿Cómo podemos mantener la certeza de ser profesores, cuando se pierde lo presencial?

Lo virtual nos ha permitido conservar el avance de lo académico; el regreso a las aulas debe incidir en la acción tutorial.

jueves, 21 de mayo de 2020

La ventana. Hora de corregir y enriquecer.

Estimados amigos, llega el momento de corregir la novela La Ventana y enriquecerla. Debo profundizar en situaciones y personajes, por eso la retiro del blog.
Gracias a todos por haberme acompañado en este primer tramo del complejo camino de la escritura. Mantener la disciplina de colgar los capítulos para vosotros me ha ayudado mucho durante estos días difíciles. Por ese estímulo que me habéis proporcionado, muchas gracias también.
Un abrazo con mis mejores deseos para todos.
Carmen

lunes, 2 de marzo de 2020

Las chicas invisibles





En la mitología griega, Procusto era un posadero del Ática que acomodaba a sus huéspedes en un lecho en el cual tenían que caber exactamente. Si algún viajero era más alto, y le sobresalían la cabeza o los pies, Procusto se los aserraba sin compasión. El mito es conocido y todos lo hemos empleado como metáfora alguna vez. Nadie nos dijo, sin embargo, que el mayor número de personas achicadas por Procusto eran mujeres.

Yo conocí a la primera mujer universitaria de mi ciudad natal. Vamos a llamarla Mina. En los años cuarenta y cincuenta del siglo XX fue compañera de colegio y amiga de mi madre. Contra viento y marea, contra la opinión de quienes la señalaban por la calle, Mina quería ser médico e ingresó en la Facultad de Medicina. Recuerdo haber visto su fotografía en la orla de su promoción. Entre aquella colección de caras en blanco y negro y con bigote, llamaba la atención encontrar allí a una muchacha guapa y sonriente, con uno de esos peinados esponjosos de Doris Day en sus películas de los 50. 

Mina era superdotada, es decir un doble o triple bicho raro en aquel momento. Terminó la carrera con notazas, se casó con un compañero de facultad, tuvo hijos, no ejerció la medicina. Se unió al ejército en la sombra de las mujeres superdotadas que han permanecido escondidas. Porque por cada Hipatia, cada María Curie o cada Hedy Lamarr, ha habido a lo largo de la historia millones de abuelas brillantes, cocineras increíbles, almas de la familia, estupendas escritoras de cartas, pintoras de desván, científicas en sueños. Anónimas y olvidadas. La historia de Mina sucedió hace poco tiempo y nos hace comprender hasta qué punto acarreamos las mujeres un retraso en la incorporación a la historia. Hasta que punto el lecho de Procusto ha trabajado especialmente bien para nosotras.

Hoy tengo presente a una maravillosa alumna, a quien vamos a llamar Nina. Cuando la conocí, chiquita, en cuarto de primaria, me di cuenta enseguida de que era una superdotada de libro: mentalmente muy rápida - hasta el punto de resultarle incómoda a los demás- ignorada por sus compañeras en los recreos y las excursiones, independiente, introvertida, muy participativa en clase, con múltiples intereses, despistada, extremadamente sensible e insegura, con buenas notas, que pasaba el recreo leyendo, quería ser escritora y,  aún así, se le iba el santo al cielo y ponía faltas de ortografía en palabras que conocía bien. La niña rara.

Hablé con la familia de Nina en cuanto pude. Solicitamos de la orientadora escolar una prueba de superdotación. Las de la Comunidad de Madrid son del modelo que yo llamo Leonardo da Vinci, es decir, obligan a la alumna a demostrar que es a la vez científica y artista. Nina tenía creatividad para las soluciones verbales a los problemas, no para las gráficas. Como dibujaba fatal, se quedó a las puertas del diagnóstico, algo que no le hubiera ocurrido, por ejemplo, en Murcia, donde aplican otro modelo. Tuve que explicar a sus padres que era superdotada aunque “no lo fuera”. Sin embargo, la posibilidad de que sus desajustes provinieran de su capacidad intelectual, algo que a ella no se le había ocurrido, la rearmó. Nina se comprendió a sí misma. Ahora le va bien en el instituto. Yo creo que será escritora tal como siempre deseó.

Es importante desvelar a una mujer que su retrato extraño puede corresponder a una persona con un nivel superior de inteligencia. Porque todavía hoy esto no es lo primero que se nos ocurre. Es importante que los profesores desarrollen una alerta especial para las niñas superdotadas. Porque las tenemos ahí, poniendo morritos en Tik Tok para que nadie les note la rareza.

Si en una sociedad como la actual la inflexibilidad del sistema se muestra incapaz de responder las demandas del alumnado, las carencias son aún más notorias frente a las alumnas superdotadas. Nadie puede dudar de que – con sus currículos inamovibles, con su obsesión por las notas numéricas, con su intervención exagerada en todos los pormenores del aula y su burocratización- el sistema educativo está diseñado para uniformizar. De ahí su desconexión con una escuela necesariamente viva, humana y, por tanto, heterogénea. De ahí también que quienes escapan de esa uniformidad, porque necesitan más cantidad y calidad en los aprendizajes, no encuentren respuesta. 

Se suceden las leyes y seguimos sin actuar sobre la piedra angular de cualquier innovación metodológica destinada a los alumnos con altas capacidades: su detección. La escuela no los conoce, no los identifica ni comprende sus características. Pero la escuela eres tú. Mientras las leyes aterrizan en la realidad social, los profesores, ¿por qué no las detectamos? Este es el examen de conciencia que debemos realizar.

Por inercia. Existe una predisposición a continuar trabajando tal como se ha hecho siempre. Una de las rutinas profesionales más arraigadas estriba en la creencia de que los alumnos con altas capacidades no necesitan atención específica porque aprenden solos. La atención personalizada a estos alumnos implica un movimiento en la estabilidad, la comodidad y la previsibilidad- solo aparente, en cualquier caso- del trabajo docente.

Por individualismo. Ha terminado ya el tiempo del apego del profesorado al aula como territorio o finca particular, en el que nadie ni nada se inmiscuye. Y cada docente y cada escuela deben comprenderlo. Hoy todos somos ya tutores de todos, maestros y discípulos de todos. Los alumnos con altas capacidades nos apelan aunque estén en la clase de al lado.

Por nuestra propia formación. La formación inicial y permanente sigue sin contemplar la presencia en las aulas de alumnos superdotados. 

Por el control burocrático que despoja a los docentes de control sobre su propio trabajo y les hace ser vistos- e incluso sentirse- como meros ejecutores de las leyes y normativas. Vivimos bajo la tiranía de los currículos y las pruebas externas. A estas alturas de curso, el lamento más generalizado es "no termino la programación". 

Por la falta de referentes y modelos sociales de mujeres inteligentísimas. En líneas generales, buscamos al nuevo Einstein, al nuevo Hawking… A la nueva, ¿quién? ¿Cuáles son los modelos? Hipatia y Marie Curie ya van quedando lejos. Madonna es casi con toda seguridad una superdotada, pero no un referente, ¿verdad? Para ilustrar este post he buceado en la búsqueda avanzada de imágenes de Google -entre las que se pueden compartir libremente- y para el concepto "niña superdotada" solo hay ocho fotos. Todas son de Marilyn Monroe. Por favor, comprobadlo. Hay que verlo para creerlo.

Por falta de apoyos de la administración educativa. La escasa sensibilidad de los poderes públicos hace que los presupuestos de educación sean bajos, los recursos técnicos y humanos escasos y los apoyos a la labor docente insuficientes. 

Para encender la luz sobre nuestras las niñas superdotadas tenemos que desaprender.

Desaprender es darse cuenta de que, entre las chicas que te miran desde sus pupitres, hay una o más que cuentan con altas capacidades intelectuales, y que necesitan que sepas cómo atenderlas. Es dar más importancia al proceso, al paso de estas alumnas por el aula, que al resultado; no enseñarles aquello que pueden aprender por sí solas; asumir que ellas también pueden enseñarnos algo; comprender que lo que se aprende en la clase debe tener sentido fuera de la clase; potenciar la reflexión y el espíritu crítico; ayudarlas a hacer alguna “locura”, por ejemplo compartir sus intereses ante la clase.  

Hay que atreverse a romper el corsé de la rutina y verlas tal como ellas son en realidad. Porque las niñas superdotadas están ahí delante. Nos esperan. Nos miran.


miércoles, 19 de febrero de 2020

Una epidemia de soledad






Nunca hemos estado tan conectados entre nosotros. Y, sin embargo, el sentimiento de soledad no deja de crecer entre la población española, sobre todo en los jóvenes, que han crecido con las innovaciones digitales. Según un estudio de DYM Research, el 80% de los jóvenes entre 18 y 25 años declara sentirse solo. La percepción de la soledad crece entre quienes han cursado estudios universitarios (67,1%), un dato que puede estar relacionado con la búsqueda de empleo fuera de su entorno de origen. De hecho la estadística sube hasta el 91% en aquellos que viven en pisos compartidos. Una de las conclusiones que extrae el informe es que aquellos que más soledad experimentan son también quienes más uso hacen de las redes sociales a diario. Las pantallas son el primer refugio; la conexión real con otras personas no constituye una alternativa.
Estos datos escalofriantes nos permitirían hablar de una epidemia de soledad.

Otro estudio, ¿Estamos hiperconectados?, de la multinacional Ikea, cifra en un 57% el porcentaje de personas que sufre aislamiento en su propia casa sin estar solo, es decir, vive junto a su familia pero no se comunica con ella a causa de que cada uno dialoga con su pantalla. Aquí ya no interviene la lógica. Para mí esta "soledad en familia" constituiría el nivel de máxima alerta.

Estas personas que sufren la soledad son muy jóvenes: la promesa del futuro. Nuestros alumnos, nuestros sobrinos, nuestros nietos, nuestros hijos nos gritan, en silencio, que cada vez están más conectados y cada vez se sienten más solos. Todo nos lo jugamos hoy mismo, en cada momento presente. ¿Dónde estamos quienes les queremos? ¿En Instagram también? Volvamos a humanizarnos los que no somos tan jóvenes: vamos a mirarlos a los ojos.