BIENVENIDOS

Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



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viernes, 20 de noviembre de 2020

En la misma piedra

 


Reconozco que he vivido todo el trámite de redacción y aprobación de la LOMLOE con tristeza y decepción. Esta nueva ley educativa vuelve a llevar el nombre del político de turno, la carga ideológica de turno y el microchip de autodestrucción, porque la cambiarán en cuanto gobierne un partido de otro signo. La ley Celaá es la cara, o la cruz, de la ley Wert y esto quiere decir que volvemos a tropezar en la misma piedra.

Puedo resumir mi decepción en diez razones:

1. Desde el primer momento se renunció a construir la ley a partir de la negociación y el acuerdo con la comunidad educativa. Una vez más, todo ha estado cocinado en los despachos, todo ha formado parte de planes exclusivamente políticos. Y aunque quienes la han redactado saben más de educación que el extraño conjunto de perfiles académicos de la ley Wert, no se ha escuchado al profesorado. Ni siquiera se ha escuchado a la historia. Y de esta última afirmación surge mi decepción número 2.


2. La ley Celaá se gestó antes de un cambio radical de la realidad educativa al cual ha permanecido de espaldas durante su tramitación. La escuela ha modificado su faz para siempre, a causa de una transformación de la metodología y la dinámica cotidiana que no ha surgido de forma natural sino como respuesta inmediata a una gigantesca crisis. Hubiera sido más lógico detener la maquinaria legislativa y reflexionar sobre este cambio para adecuarse a él. No lo han hecho y eso lastra completamente la nueva ley e incluso la despoja del adjetivo “nueva.” La LOMLOE nace anticuada. Aquí y allá se pellizca la actualidad con algunas disposiciones sobre las “emergencias” y se hace una llamada a “promover el desarrollo de la competencia digital,” frase que aparece en todas las leyes- con la misma redacción- desde hace veinte años. Tiene razón José Antonio Marina: están en la Luna. Hasta los altos despachos no llega noticia de necesidades tan imperiosas como bajar las ratios definitivamente, crear plataformas digitales seguras y no comerciales para el contenido curricular, duplicar las plantillas o acelerar la formación del profesorado en las nuevas herramientas digitales. Tampoco atender los nuevos requerimientos emocionales del alumnado.


3. La LOMLOE no es una reforma. Corrige a la LOMCE lo que esta corrigió a la LOE. Mantiene la estructura tradicional del sistema educativo, no tiene valor para hacer obligatoria la educación infantil de 3 a 5 años ni para convertir el bachillerato en una etapa de tres cursos que prepare para la universidad y no solo para la PAU, una prueba, por cierto, anacrónica. Vuelven los ciclos a Primaria (no se habían ido porque nadie hizo caso), desaparecen los itinerarios en la ESO con su disparate de las titulaciones de primera y segunda; y a cambio regresa la diversificación. Es otra mano de pintura.


4. Aunque el Ministerio las publicita, la LOMLOE no contiene medidas concretas de apoyo a la enseñanza pública. ¿Cómo se va a favorecer a los centros que escolarizan alumnos con muchas dificultades si no se aumentan los recursos y las plantillas? Tampoco se atreve a apostar por los CEIPSOs, es decir a unir la primaria y la secundaria en los centros públicos, que es la verdadera causa por la cual muchas familias eligen la enseñanza concertada. Pinchar a la concertada con el tema de la libertad de elección y la demanda social no beneficia por arte de magia a la pública. La realidad siempre fue más compleja que el maniqueísmo. La enseñanza pública debe estar presente en esa libertad de elección y poner en juego su calidad. Siempre pensé que situarla como la competidora débil era una profecía autocumplida.


5. La LOMLOE mantiene, como es habitual, un catálogo de proyectos sin que suba ni una décima el porcentaje de PIB destinado a la educación. Porque, como todos los legisladores educativos saben, la calidad nunca, nunca, nunca es cuestión de dinero. Tal vez hubieran podido utilizar esa premisa como base de un pacto. “Prohibido hablar de financiación en una ley educativa”, podría ser la segunda premisa. Fuera del articulado hay un compromiso verbal de aumentar el porcentaje del PIB hasta el 5% en 2025. Un plazo muy largo para una ley sin consenso, en el umbral de una profunda crisis económica.


6. Sí, desaparecen los centros específicos de educación especial. Es un hecho: “En diez años los centros dispondrán de los recursos necesarios para atender a todos los alumnos con discapacidad”. Precisamente porque he sido PT y he trabajado toda mi vida por la integración, me pongo en el lugar de las familias y me sumo a sus protestas. Los centros de educación especial de hoy realizan con su alumnado una labor insustituible.


7. Actúa de forma injusta con la asignatura de Religión. No tiene valor para suprimirla, así que le hace bullying al despojarla de todo peso académico y al negarle una materia complementaria. Siempre he creído que la asignatura Valores debe ser para todos, como recoge esta ley, pero mientras exista la Religión como asignatura, quienes la imparten son profesores y quienes la reciben son alumnos. Merecen respeto.


8. Después de mil frases armoniosas sobre justicia, equidad, igualdad y una serie de valores que, en efecto, son imprescindibles en democracia, incumple el acuerdo al que se llegó en 2018 sobre la vuelta de la asignatura de Ética en Secundaria, impartida por filósofos. Wert fue quien la quitó, así que estará satisfecho.


9. Una vez más pospone al profesorado. En la disposición adicional séptima existe el compromiso de elaborar una normativa que regule la formación inicial y permanente, el acceso a la profesión y el desarrollo de la carrera docente. Es exactamente lo mismo que decía la LOMCE: hoy no, mañana.


10. Cuando no se abordan los recursos, desdobles, especialistas y apoyos que puede necesitar un alumno para superar todas las materias, la solución más sencilla es echarlo para adelante, que salga pronto del sistema: que apruebe los cursos con suspensos y que titule en bachillerato con materias pendientes. Es un mensaje desmoralizador que tendrá efectos colaterales en los alumnos sin dificultades pero sin ganas. Increíble.


Y ya fuera del decálogo, el español debe ser la lengua vehicular en el Estado. Todos lo sabemos. La causa de esta enmienda de última hora es evidente: se hipoteca nuestra cohesión para conseguir objetivos políticos inmediatos.

Escribo todo esto con dolor, no con sarcasmo ni con ganas de mantener la ley anterior, que era una catástrofe.  Me duele porque es una gran oportunidad perdida. De nuevo tropezamos en la misma piedra, de nuevo la escuela hará lo que pueda con lo que le manden, de nuevo inauguramos una ley educativa entre rifirrafes, marcada desde la cuna, ajena a lo que está pasando en las clases. Cuánto lo siento. Qué decepción.

domingo, 4 de junio de 2017

Todos los alumnos tienen un sueño







“El alumnado es el centro y la razón de ser de la educación. El aprendizaje en la escuela debe ir dirigido a formar personas autónomas, críticas, con pensamiento propio. Todos los alumnos y alumnas tienen un sueño, todas las personas jóvenes tienen talento. Nuestras personas y sus talentos son lo más valioso que tenemos como país.
Por ello, todos y cada uno de los alumnos y alumnas serán objeto de una atención, en la búsqueda de desarrollo del talento, que convierta la educación en el principal instrumento de movilidad social, ayude a superar barreras económicas y sociales y genere aspiraciones y ambiciones realizables para todos. “

Así, a lo Martin Luther King, arranca el preámbulo de la ley de educación vigente en estos momentos en España.

Es verdad: todos los alumnos sueñan con el futuro. Yo misma trabajo muy cerca de los sueños de los niños esos que viven “por debajo del umbral de la pobreza”, según los denominan las estadísticas. Y realmente hay que verlos para creer cuántas necesidades fundamentales no hay por debajo de ese umbral.
Los centros que escolarizan a ese alumnado son muy distintos de aquellos que tienen garantizado el nivel medio exigible a los niños occidentales. Sin embargo, la administración los considera y los trata como si fueran centros educativos exactamente iguales.
No es así. Y si los centros son distintos, el papel de la administración con respecto a ellos debería ser distinto también.

Allí afuera, en los centros educativos “del umbral” sería importante:

1.     Garantizar la estabilidad de las plantillas. El cambio constante de profesores dificulta las acciones conjuntas y obliga a los alumnos a una constante readaptación.

2.      Garantizar la presencia, dotada con generosidad, de los profesionales de la atención a la diversidad: orientadores, profesores de compensatoria, organizaciones de asistencia, que realizan una labor imprescindible.

3.    Garantizar la cobertura inmediata de las bajas por enfermedad del profesorado. En un centro con alumnado conflictivo, la ausencia de un profesor se convierte en un problema muy grave.

4.     Garantizar la presencia del profesor de Religión desde el día 1 de septiembre, para poder realizar los horarios del profesorado con normalidad y evitar la sensación de provisionalidad que supone conocer el horario la víspera del comienzo de las clases, lo cual impide realizar con antelación las programaciones diarias de aula. Es inconcebible que por ahorrar una semana en el sueldo de un trabajador se someta a los centros educativos a esta presión.

5.   Realizar acciones que puedan aumentar la autoestima del centro y mejorar la opinión que se tiene del mismo por parte del entorno. Por ejemplo, visibilizar que el centro forma maestros en prácticas es cuestión de un simple diploma o una placa, y sin embargo cuánta satisfacción producen estos pequeños detalles cuando se sabe uno el único referente educativo para muchos niños y niñas.

6. Adecuar la formación del profesorado a necesidades muy específicas del centro, sin constreñirla en ámbitos generales, TICs, etc. En los centros de estas características, la formación del profesorado debe partir de las necesidades del centro y resolver problemas o carencias del mismo.

7.  Compensar las dificultades de un centro de estas características asegurando su permanencia institucional. Servimos para mucho, resolvemos mucho, integramos mucho, hacemos mucho bien a la sociedad, como para estar contando si pasamos o no del número establecido de matrículas.

8. Modificar en forma y fondo las pruebas de evaluación externa. A día de hoy, son una comparación pura entre entornos socioculturales muy distintos, sin consecuencias para la mejora de los puntos débiles detectados en los centros. Por tanto no constituyen una verdadera evaluación. Solo sirven para elaborar una lista de resultados descontextualizada que lesiona la autoestima de los alumnos. También la nuestra, como profesores que lo damos todo en un entorno de máxima dificultad. El hecho de que, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid un centro con un 40% de alumnado de compensatoria y un bilingüe de una zona de alto nivel realicemos la misma prueba externa de inglés no sirve como evaluación. El resultado de quién sabe más se conoce de antemano. Si los resultados sirven solo para demostrar la obviedad de que en los bilingües de zonas favorecidas se aprende mucho inglés, el método empleado es profundamente, y tal vez hasta inconstitucionalmente, injusto.


Hay que mirar con atención los centros educativos de especial dificultad porque todos los alumnos tienen un sueño. Precisamente por eso.

jueves, 7 de enero de 2016

ESCUELA ADENTRO


 
 
Comienza un trimestre que, por capricho del calendario, será muy corto. Los alumnos llegan de nuevo, como las olas tras las olas, para renovar el milagro que cada jornada amanece escondido, escuela adentro.

Los profesores nos saludamos con alegría. El síndrome postvacacional no es –salvo en ciertos casos- demasiado dramático en la docencia: “¿Has pasado buenas fiestas? ¿Cómo ha ido todo?” Nos ponemos al día someramente, antes del timbre o a la hora del recreo, y vamos hablando de esto y lo otro: de todo menos de política. En parte, para mantener una neutral concordia entre nosotros; en parte para devolver a la clase dirigente su silencio sobre los temas educativos y la indiferencia – cuando no el desprecio y la ignorancia- que ciernen sobre nosotros.

Hace ya años se empezó a clamar por la necesidad de un pacto en educación.  Posiblemente, la idea surgió a partir de la certeza de que o había acuerdos, o cada cuatrienio estrenaríamos una ley educativa nueva, cada vez más restrictiva- por ajustada al criterio de un solo partido- que la anterior. En este tiempo ni los sindicatos, ni los sabios, ni la prensa, ni los profes hemos logrado que se establezca algún acuerdo. Incluso ahora que los políticos se ven obligados a dialogar para constituir Gobierno, cunde el desánimo ante la certeza de que la educación no está entre sus prioridades. Desde el comienzo de este siglo, solo en la vocación de los docentes y en su empeño por mantener la moral alta ha sido la escuela constante. En todo lo demás, hemos vivido cien vidas distintas. Como nadie en Europa y como nunca en la breve trayectoria de nuestra enseñanza reglada.

En las cuatro últimas legislaturas, la política de educación ha sido errática: leyes elaboradas contra reloj y derogadas en el primer acto de otro gobierno; la muerte prematura de una propuesta de pacto que hubiera podido rearmar a la comunidad educativa cuando ya golpeaba la crisis; ajustes del presupuesto indiscriminados, especialmente duros con lo más valioso, como si en vez de recortar, amputaran; una LOMCE fabricada por algún experto en otra cosa; el enfrentamiento intencionado entre redes educativas para que cada iniciativa a favor de la escuela concertada, que goza ya de muchos privilegios, implique perjuicio para la pública… En resumen, más de quince años de incapacidad en la gestión; intereses ocultos y discordia. Los políticos siguen atrapados por la agonía de un presente que deben aprovechar al máximo; tal vez por eso no saben hacer planes de futuro y les resulta tan difícil mantener la honestidad.

A día de hoy, la única salida a la situación que algunos denominan banalmente “el problema educativo” está en la escuela misma. Los docentes ya se están dando cuenta, de ahí las iniciativas que comienzan a despertar. A favor de ellas, yo lanzaría un único ruego a los políticos que toman su lugar en el nuevo escenario. Es un ruego concreto, nada complejo de efectuar: por favor, mientras ustedes abordan los grandes temas y deciden lo que van a hacer, suspendan la burocracia que asfixia las escuelas. Repito: cancelen el papeleo, por favor. Eso de momento. Luego ya vamos hablando.

Es que empieza a causarnos desesperación lo de escribir pormenorizadamente folios y folios que nadie va a leer. Los profesores tenemos muchísimo trabajo y queremos realizarlo con autonomía y libertad, en el marco de nuestros centros. La burocracia es un esfuerzo inútil, y esta certeza se edifica sobre una reflexión profesional. Porque, en el paisaje modesto de las aulas, bajo la pizarra digital o la pizarra verde, todos sabemos que las leyes, con su cohorte de papeleos,  constituyen buena parte del “problema educativo”. Y que la matriz real de la educación se encuentra en la actitud de los alumnos, la capacidad, iniciativa y formación de los docentes, la unión del claustro y la colaboración de las familias.

Escuela adentro, enero trae consigo a pesar de todo una inagotable fuente de esperanza: la gente joven que empieza a pensar y sentir - como nosotros a su edad- que todo es posible. Son los alumnos quienes poseen la fuerza para encarar el futuro. Somos los profesores quienes nos rearmamos cada mañana para enseñar lo mejor que sabemos y trabajamos en la construcción de un gran legado. Y es la comunidad educativa plena quien mantiene el ánimo alto con el roce de la juventud y es capaz de llevar a un centro en volandas durante cada curso.

Así que, a riesgo de resultar tan machacona como una maestra, repito: señores políticos, sus dictámenes y leyes son solo una parte pequeña de la vida de los centros. En lo que queda de este curso, el que viene y siempre, dejen hablar libremente a las aulas. Y si dentro de unos meses han sido capaces de establecer los primeros pasos para un acuerdo en educación alejado de lo inmediatamente político y cercano a las necesidades de las aulas, tal vez incluso puedan dejar, ustedes también, un legado reconocible.

viernes, 23 de octubre de 2015

El debate debe volver a la educación


 
 
Cuenta Stefan Zweig que los compañeros de Vasco Núñez de Balboa, cuando llegaron por primera vez al océano Pacífico, bebieron de sus aguas para probar si tenían sabor salado. He utilizado esta imagen en otras ocasiones pero la empleo de nuevo porque el panorama ante el que se encuentra la educación no puede pintarse con una metáfora más acertada. Y porque me emociona pensar en aquellos hombres en busca de las referencias de un nuevo mundo justo cuando mis nuevos alumnos acaban de entrar en clase.

Para definir la complejidad de la educación en España, basta decir que una ley estatal en desarrollo no se aplica en todos los territorios. La LOMCE no está bien hecha: no ha establecido un consenso sobre la mejora del sistema educativo, ni ha satisfecho las demandas ni ha abordado las soluciones a los problemas. El curso ha comenzado con una sociedad dividida por la intervención política, con problemas para la movilidad del alumnado, con los centros desbordados ante la complejidad de las nuevas demandas y escépticos sobre su continuidad, y las familias sujetas a los vaivenes editoriales. La intervención curativa es urgente pero, de momento, vamos a comenzar un nuevo e interminable periodo electoral. Una vez más nos ahogarán las palabras; una vez más puede pasar de largo la hora de actuar.

Volverá a los titulares, seguramente, el debate sobre un pacto por la educación. Sin duda, los mayores retos en política educativa son el acuerdo general básico sobre los requisitos para la mejora de la educación y mantener la estabilidad cuando dicho acuerdo se alcance. Al menos, la generación que este curso inaugura su vida escolar podría decir que ha conocido una sola ley educativa: la buena. Los gestores deben convencerse de que no saldremos de la crisis sin incidir en la formación de la gente joven, y solamente puede tener éxito con acuerdos entre todos.

Por otro lado, nunca fue más cierto que ahora el aforismo de que educa la tribu entera. Tenemos que convencernos de que la educación implica a todos - familias, escuela, intelectuales, medios de comunicación - porque esta recesión no es lineal, sino que tiene forma de matrioskas. ¿Recuerdan a esas muñecas rusas? Nosotros nos parecemos hoy a ellas.  Escondemos dentro de la crisis económica, la crisis política; dentro de esta, la social y, en el núcleo, una grave crisis moral.  Para remontar, estamos efectuando un viaje difícil, de sacrificio y esfuerzo, del que no saldremos exactamente iguales que entramos y que debemos llevar a cabo de dentro a afuera. No podremos atravesar el desierto para llegar de nuevo al aparente oasis del que partimos, con todos sus espejismos. Nuestro destino deberá ser una sociedad más madura y más justa. Donde fuimos atolondrados, nos tocará ser reflexivos; donde fuimos manirrotos, austeros; donde pasivos, participativos; donde individualistas, solidarios. Hace más de un lustro despertamos del sueño de que vivíamos en el mejor de los mundos posibles, y la madrugada es dura pero puede ser liberadora. Para conseguirlo, debemos convertirnos en una sociedad educativa.

Entre los muchos espejismos del pasado se encuentra una actitud que ya es intolerable: la que ha confundido la política con la politización y, entre otros desmanes, ha contaminado a la educación con eslóganes de campaña y la ha arrojado al ring de la confrontación partidista. Es verdad que la educación tiene un componente político muy importante porque configura a la sociedad, pero la nuestra ya está configurada en sus líneas maestras: la Declaración de los Derechos Humanos,  la Constitución...  Vivimos en una democracia y la tarea es mejorarla. Lo que tenemos que decidir es si vamos o no a formar a la gente joven en las competencias que necesitan para ser ciudadanos de pleno derecho. Y después, establecer lo que tiene que hacer cada estamento para conseguirlo, en el ámbito del conocimiento, de la cultura, de la sociabilidad y de los valores. Por eso hacen falta acuerdos.

Y es que las cosas han cambiado tanto que ya no se trata de decidir si la escuela va a resignarse ante la oscuridad del futuro o va a preparar a los alumnos para el futuro “tal como debería ser”, según la cosmovisión particular de cada opción política. A los autores de este tremendo presente, ¿quién nos autoriza a diseñar el futuro? La tarea de la educación de hoy es armar a la gente joven con sentido crítico, valores empoderantes, conocimientos profundos sobre el presente y el pasado, y apertura mental para que ellos mismos, en medio de cambios vertiginosos, puedan diseñar el futuro que quieran. Para que entren sin miedo pero con referencias en el océano y así se atrevan a probarlo, a descubrirlo, a darle nombre.

Por eso, a partir de ahora, los debates sobre educación deberán abordar estrictamente la educación. Y tener en cuenta al profesorado.

Es curioso que, en cualquier estudio, el trabajo de campo cobre un protagonismo fundamental, y que a partir de las experiencias obtenidas con él se alcancen conclusiones y se establezcan propuestas. Pues bien, los docentes son quienes realizan el trabajo de campo en educación, quienes saben si funcionan o no las disposiciones teóricas y las normativas.  Si yo afirmo ahora que no hay mayor experto en educación que un docente experto en su aula, ¿se tambalearía alguna institución? Pues bien, lo afirmo. Los profesores saben de educación, es su vocación, su responsabilidad y su trabajo. A ella le dedican la vida entera, no solamente la cantidad establecida de horas laborables. En las reformas que se realicen a partir de ahora habrá que escucharles en primer lugar.

A ver si así somos capaces de devolver al primer plano de la actualidad los asuntos verdaderamente importantes: el abandono escolar, la autoridad y la convivencia, el desfase entre el esfuerzo del profesor y los resultados del alumno – que me parece el primer factor de desmotivación de ambos-, la sociedad de la comunicación y sus retos, para qué necesita la escuela medios y dinero, cómo debe configurarse la autonomía de un centro, qué enseñamos, cómo y por qué, la implicación de las familias, la formación de los futuros profesores... Abandonemos la discusión sobre el número de horas que se pueden impartir y establezcamos las que se deben, con la calidad de la atención a los alumnos como indicador.

Nos toca ser intolerantes a partir de ahora con la politización. Se acabaron las peleas inducidas entre pública y privada, obligatoria y superior, universitaria y profesional, padres y profesores. Ha llegado la hora de la colaboración. Los docentes no quieren ver a la educación convertida en pelota de ese partido de ping-pong autista que ha sido la política hasta hoy. No quieren que se la use como acaparadora de titulares en la campaña electoral para luego ignorarla a la hora de gobernar. No quieren ser trending topics ni vídeos de You Tube sino latidos del corazón de la sociedad a la que sirven.  Y me parece que la propia sociedad comparte estos deseos.

Estamos a punto de ver por primera vez un océano desconocido e inmenso y lo que nos jugamos aparece ya en los titulares del telediario. Es hora de que los debates sobre educación vuelvan a la educación.

 

miércoles, 7 de octubre de 2015

Natu y Soci



 
Curso tercero de primaria en un colegio como cualquier otro. La quinta sesión lectiva está destinada a las Ciencias Naturales, según el horario del curso; la sexta, a las Ciencias Sociales. Son Natu y Soci, la división establecida en la LOMCE para el clásico de primaria que antes se denominaba Conocimiento del Medio.

Esa jornada, la programación de Naturales incluye el tema “Los seres vivos”; la de Sociales, el tema “La Tierra, sus componentes.” Así, en la quinta sesión, los alumnos de ocho años comienzan a clasificar a los seres vivos. Hoy tocan animales: mamíferos, peces, aves, insectos… Con sus características de especie y las de sus distintos ecosistemas. Son aprendizajes interesantes y significativos para los niños pero incluyen una buena cantidad de vocabulario, así que los profesores debemos ir despacio, afianzando bien los nuevos conceptos. Antes de que nos demos cuenta, en mitad de una clasificación, comienza la sexta hora y, con ella, la asignatura de Sociales. Y sin solución de continuidad, nos vemos elaborando un esquema sobre la estructura de nuestro planeta: manto, núcleo, anfibios… ¿O era hidrosfera?

Hace ya muchos años, cuando yo era una maestra joven, desembalé ilusionada las cajas rojas de la Logse. En cuanto la pusimos en práctica, a los quince días más o menos de comenzar a trabajar con ella, los profesores detectamos ya sus desajustes. El “café para todos” no funcionaba bien, desanimaba a los alumnos y retrasaba los avances. Nadie escuchó la voz de las aulas y el modelo Logse siguió vivo muchos años. Aún lo está en esta nueva ley elaborada como modificación puntual de la anterior.

Pues bien: no llevamos aún un mes implantando la LOMCE en los cursos pares de primaria y ya hemos detectado que el sistema “metodología de bachillerato para todos” es un desajuste considerable.  En los primeros cursos resulta prácticamente imposible aumentar al doble conceptos de ciencias naturales y sociales sin relación entre sí; es más, intentarlo es absurdo. Cualquier profesor sabe hacia dónde va hoy la vanguardia educativa: hacia lo global, holístico, significativo para el alumno, que toma los conocimientos previos como punto de partida. Mamíferos y magma en la misma jornada crean en los niños pequeños desánimo y confusión. Y en los profesores, un estrés parecidísimo al de hace treinta y cinco años. ¿Para cuándo lo de escuchar la voz de las aulas?

domingo, 20 de septiembre de 2015

Un grupo cualquiera de Whatsapp...





-Por fin voy a estar en primero de Primaria. Me encanta ese curso. ¡Es el de enseñar a leer! Siempre me ha parecido que hay pocos honores semejantes en la vida de una persona. No creo que haya ninguna otra profesión en la que se signifique tanto para tantas personas a la vez y durante un periodo de tiempo tan prolongado. Esto de la docencia es una maravilla.

-Yo no tengo ni idea de a dónde voy. No han salido aún las vacantes pero me temo lo peor. Tiene guasa que con una nota cercana al 9 en las oposiciones, me toque de nuevo la lista de interinos. Es que no han salido apenas plazas y llevamos así no sé cuántos años. Desde el aula sabemos bien cuánta falta hace aumentar el número de profesores.

-No puede ser. ¡Si eres la mejor maestra del mundo! ¡Si nos has dado lecciones a todos!

-Pues ya ves, compañero. Atraer a los mejores profesionales a la docencia, lo llaman. Y luego te examinan con un sistema que debió de inventar Napoleón.

-Oye, que los de primero son veinticinco y seis vienen sin escolarizar. ¡Madre mía! Los de Infantil suben en plan nubosidad variable: algunos leyendo, otros aún dando sus primeros pasos… Seis sin escolarización previa me parecen demasiados. No tenemos profesores de apoyo. Lo suyo sería desdoblar pero…

-Eh, compañeros, no admito quejas. A sexto acaban de llegar dos niños que no hablan castellano y a los que la comisión de escolarización ha enviado aquí en vez de a un aula de enlace. Y la prueba CDI está asomando ya los bigotes.

-Pero tú tienes profesor de compensatoria en el centro, ¿no?

-Relativamente. Se van a casar dos compañeras con dos semanas de diferencia. Dos permisos justos, pero como la administración, aunque autorice estas ausencias, no manda sustitutos, el profe de compensatoria tendrá que estar un mes como tutor de esas dos clases. Cuando queramos atender a estos chicos estaremos preparando la función de Navidad.

-Ya veo que cunde el desánimo.

-¿Desánimo? ¡No! Estamos poniendo en marcha el aprendizaje por proyectos. Nos matamos a reuniones de coordinación pero estamos entusiasmados. Nos han contagiado las de Infantil y vamos a ponernos las pilas en todo el colegio.

-Nosotros estamos aplicando ya el aprendizaje cooperativo. Es un cambio de mentalidad, nos empuja a hacer cosas que nunca habíamos hecho pero como la tarima ya murió hay que convertirse en profesionales de los nuevos tiempos.

-Nosotros también innovamos. Y acogemos, compartimos, reímos, sufrimos. Este año el objetivo es incorporar más y mejor a las familias. Y lo vamos a conseguir.

-Oíd, Primaria, desde el Instituto os apoyamos. A ver si va a parecer que aquí no hay dificultades.

-La nueva Ley, ¿verdad?

-Sí, un caos organizativo y un curso cuyos días lectivos comienzan sin que haya habido tiempo material ni de elaborar los horarios. Mucha incertidumbre y pocas expectativas de que todo este esfuerzo de adaptación vaya a tener continuidad.

-¿Y los nuevos libros? ¿Los habéis visto? El salto entre los cursos LOE y los LOMCE es casi insalvable. ¿Qué vamos a hacer?

-Seguir a los chicos que nos han tocado en suerte, como siempre. Dar el callo nosotros y sacar de ellos todas sus posibilidades.

-Entonces, ¿tampoco hay desánimo en la ESO?

-Lo que hay es indignación, pero desánimo no. Aquí se trabaja con la esperanza.

-Yo mantengo la esperanza de que podamos seguir jubilándonos a los sesenta. Me encuentro cascadillo.

-Estás hecho un chaval, pero la renovación es necesaria siempre. Y en este gremio, más.

-¿Qué queréis que os diga? ¿Qué me hace ilusión que devuelvan la extra aquella del año catapún? Cuando cierro la puerta del aula no hay recortes. Ahora, en cuanto paro un momento veo hasta qué punto se ha castigado y se sigue castigando a la escuela pública. Ya sabéis dónde trabajo yo. Nos sentimos asfixiados, mi centro se va a terminar convirtiendo en una especie de “reserva” entre privilegiados.

-Falta consenso, la educación está dividida por la intervención política.  Hace falta un pacto sobre los requisitos mínimos para la mejora de la educación y un compromiso de mantener la estabilidad. Así encontraría de nuevo la escuela pública su papel de referencia.

-Pero mientras llega o no ese pacto, nuestro desafío, como cada septiembre, es ético e inapelable. El centro debe ser la unidad educativa por excelencia; nosotros como claustro, un referente personal y profesional; el equipo directivo, un catalizador de ideas. La respuesta está en todos nosotros.

-Y la daremos alta y clara, como siempre. ¿Quién lo duda?

-Suelto el móvil ya, que va a sonar el timbre de entrada. Allí veo a mis alumnos y alumnas de primero. Yo soy su maestra. Mantener a cada uno de estos niños concretos en el corazón del proceso educativo es mi gran reto de este curso y de siempre.

-Pues muy feliz curso nuevo, profe.

-Feliz curso nuevo a todos.

martes, 1 de septiembre de 2015

RETOS





Septiembre trae consigo un aluvión de retos. Si la educación fuera una diana dibujada con círculos concéntricos, podríamos contemplarlos de una manera gráfica. En el borde exterior encontraríamos la política educativa. Para definir la complejidad de la educación en España, basta decir que una ley estatal en desarrollo no se aplica en todos los territorios. La LOMCE no está bien hecha: no ha establecido un consenso sobre la mejora del sistema educativo, ni ha satisfecho las demandas ni ha abordado las soluciones a los problemas. El curso comienza con una sociedad dividida por la intervención política, con problemas para la movilidad del alumnado, con los centros desbordados ante la complejidad de las nuevas demandas y escépticos sobre su continuidad, y las familias sujetas a los vaivenes editoriales. Los retos de la política educativa son el pacto sobre los requisitos mínimos para la mejora de la educación y el compromiso de mantener la estabilidad. Así, al menos, la generación que este curso inaugura su vida escolar podría decir que ha conocido una sola ley educativa: la buena.

En el siguiente círculo se desarrolla el reto de la familia. Se trata de la implicación en la educación de los hijos, con la escala de valores bien establecida y la constancia necesaria para no tirar la toalla. Por supuesto, la familia no puede cumplir este reto sola. Necesita el apoyo de una distribución más racional de los horarios laborales y de unos medios de comunicación y unos mensajes que colaboren en positivo con ella. Necesita modelos éticos, tiempo y espacio, así que su reto no es únicamente personal sino social también.

En el tercer círculo, ya cerca del interior de la diana, nos encontramos al centro educativo. El reto en este caso es ético e inapelable. Un centro debe ser la unidad educativa por excelencia; su claustro, un referente personal y profesional; su equipo directivo, un catalizador de ideas. La respuesta a este reto colectivo, por su naturaleza ética, está en todos los profesionales que lo constituyen.

En el centro de la diana habitan los pequeños que abren cada mañana la puerta de mi clase; y habito yo, que soy – el concepto lo explica todo- su maestra. Mantener a cada niño concreto en el corazón de ese camino que es el proceso educativo constituye el gran reto de este curso y de siempre.

 

 

miércoles, 29 de enero de 2014

Manifiesto por la accesibilidad de los libros de texto



El artículo 27 de la Constitución reconoce a la educación obligatoria y gratuita como un derecho fundamental y significativo para el desarrollo de la sociedad. Los libros de texto como herramienta de aprendizaje constituyen a día de hoy parte de este derecho.

Los sindicatos docentes y las asociaciones de padres y madres abajo firmantes mostramos nuestra preocupación por:  

  • Las difíciles condiciones económicas de nuestro país, que están afectando gravemente a muchas familias obligadas a realizar un gasto considerable en los materiales escolares solicitados a los alumnos.
  • El inminente desarrollo de una nueva ley de educación que modifica los currículos escolares y por tanto provocará un cambio en el contenido de los libros de texto.
  • La desaparición progresiva de las becas y ayudas a las familias. 
Ante esta realidad, manifestamos la necesidad de que el Ministerio de Educación y las Consejerías de Educación de las comunidades autónomas desarrollen reglamentariamente y con urgencia la Disposición adicional V de la LOMCE referente a sistemas de préstamo gratuito de libros de texto ajustándose, como mínimo, a lo aprobado por las Cortes en la Proposición no de Ley de 24 de septiembre de 2013, y teniendo en cuenta que la implantación de la LOMCE en cursos impares a partir del próximo, hace especialmente necesario y urgente planificar y potenciar la dotación de medios a los centros. 

Esta PNL se refiere al préstamo gratuito de libros de texto y es el origen de la inclusión en el articulado de la LOMCE de esta referencia. Por tanto, este desarrollo reglamentario debe cumplir cuanto antes los siguientes puntos:

1. La creación y mantenimiento de un sistema de préstamo gratuito de libros de texto y otros materiales curriculares para educación básica en los centros sostenidos con fondos públicos, administrado por los propios centros escolares en la etapa de educación obligatoria.

2. La progresiva implantación de sistemas de préstamo de libros de texto de naturaleza análoga en la educación secundaria posobligatoria.

4. Promover las iniciativas para que los libros de texto y materiales curriculares didácticos no puedan ser sustituidos por otros durante un período mínimo de tiempo que comprenda cinco cursos. Además, los libros deberán ser materialmente reutilizables en los niveles correspondientes a la enseñanza obligatoria.

5. Promover el desarrollo de materiales didácticos digitales de apoyo gratuitos, homologados por las administraciones educativas, a disposición de escolares y docentes.

Asimismo, animamos a los centros escolares a vigilar que no queden sin utilidad los bancos de libros ya creados con enorme esfuerzo del profesorado y las comunidades educativas, así como a tener en cuenta las diferentes alternativas a los libros de texto tradicionales.
Como representantes de la comunidad educativa, pedimos también:

·         A las administraciones públicas, que mantengan las becas y ayudas a las familias.

·    A las administraciones educativas tanto del Estado como de las comunidades autónomas, que se impliquen en la consecución de la igualdad de oportunidades de todas las familias independientemente del territorio en que vivan.

·         A los agentes sociales y empresariales que, en el marco de su responsabilidad social corporativa, formen parte activa del proceso educativo.

En unos momentos difíciles para muchas familias es imprescindible la colaboración de todos para garantizar a nuestros niños y jóvenes el derecho constitucional a la educación.

Firman este manifiesto (por orden alfabético):
Elena Alfaro, promotora de la PNL ante el Congreso de los Diputados.

Asociaciones de padres: COFAPA, CONCAPA.
Sindicatos docentes de la enseñanza pública: ANPE, CSIF.
Sindicato docente de la enseñanza concertada: FSIE.
                                                                                                    
Madrid, 29 de enero de 2014

martes, 15 de octubre de 2013

Panorama (atónito) de la educación 2013



La Real Academia define panorama como “paisaje muy dilatado que se contempla desde un punto de observación.” En la certeza de que describo un terreno enorme y voy a generalizar, esto es lo que veo desde mi observatorio.


El conflicto en las Islas Baleares ha retratado como una pintura expresionista la situación de la política educativa en España. Allí han entrado en liza, por una parte, un gobierno que mantiene vigente un decreto de enorme complejidad práctica contra la mayoría de las opiniones, incluida la del poder judicial. Por la otra, una comunidad educativa tan enfadada como para situarse al borde de atentar contra el derecho a la educación. Es un asunto muy serio y tan grave que no admite lecturas simplistas.

Uno de los grandes lastres de nuestro país es el cortoplacismo de la política educativa. Cada norma, cada ley de educación se circunscribe al periodo de gobierno del partido de turno. La prioridad parece ser la aplicación de la ideología entendida como una marca de clan, a la que se opone por sistema el clan de enfrente para imponer la suya cuando le toque. La justificación suele ser porque lo digo yo. De ahí el desprecio a los dictámenes de los órganos consultivos y de representación. Por ejemplo en el proceso de elaboración de la LOMCE – que es el paradigma de los errores políticos en educación- el Consejo de Estado, el Consejo Escolar y organizaciones del profesorado aportaron propuestas valiosas que contaban con amplio consenso. Se han ignorado aunque habrían mejorado el articulado de la ley y aumentado su apoyo social. Ahora la reforma ha nacido herida de muerte pero eso no importa.

Creer que las ideologías deben dictar las decisiones en educación es un residuo del convulso siglo XX. En un país democrático occidental, tecnologizado e inserto en la globalización, el núcleo de las ideologías políticas está en el respeto a los derechos y el cumplimiento de los deberes de ciudadanía. En este sentido, y salvo matices culturales, España no se distingue de Finlandia sean cuales sean las siglas que gobiernen. Aquí como allí, la gente necesita educación para manejarse en el complejo mundo actual, conocer la naturaleza y la cultura, respetar los derechos de todos, cumplir con las obligaciones, conseguir un trabajo digno y valorar el tesoro que es la democracia. Y si esto es así, ¿a qué viene entonces tanto peso ideológico en nuestras leyes? ¿Cómo es posible que los políticos españoles no sean capaces de pactar un mínimo de medidas para combatir el fracaso escolar y garantizar la igualdad de oportunidades? Nuestra política necesita metas a largo plazo, planes que pasarse de unos gobiernos a otros. Nos falta la visión de un futuro mejor para todos y nos sobra el interés por mantener el statu quo presente.

Por otra parte, los legisladores parecen no entender la complejidad de la educación. Educar es hacer avanzar una ciencia, desarrollar un arte. Es un asunto tan imbricado en los proyectos personales, con una relevancia tan extraordinaria para la sociedad que no se puede administrar sin tener en cuenta a sus agentes. La calidad de la educación es, ante todo, la elección ética de un docente y de un claustro. Y luego – bastante más tarde- puede ser también un texto publicado en el BOE. Por eso el legislador no debe creerse omnipotente y con frecuencia lo mejor que puede hacer es desregular, apoyar las iniciativas de los docentes e incentivar sus esfuerzos. Exactamente lo contrario a las posiciones inflexibles, la desconfianza y la deslealtad institucional con que a veces se trata al profesorado.

La docencia es hoy una profesión indignada por la gestión de la política educativa. Si en el aula cada profesor trabaja como siempre, afrontando retos enormes, los claustros están en muchos casos crispados por las dificultades, los recortes y la falta de reconocimiento. Hay un profundo malestar por la politización que ya contamina las reuniones docentes. Como colectivo en general, el profesorado está al borde de la desmotivación, maltratado por la pérdida de derechos laborales, y humillado por la desconfianza en su profesionalidad. Por tanto es altamente inflamable y puede mostrarse vulnerable ante la demagogia.

Y frente a nosotros están los alumnos y sus familias, a la expectativa y en un momento clave. La educación vuelve a ser un factor de movilidad social. Se ha convertido en la gran alternativa al desempleo, hay un interés insólito por lo educativo, se matriculan más alumnos que nunca en la enseñanza pública y esta se encuentra con la ocasión de mostrar su calidad. En este marco es la propia sociedad quien está diciendo claramente: “La educación importa. Tratarla con irresponsabilidad es un grave error.”
Según el ejemplo balear también nos están diciendo que si se les obliga a elegir, van a ponerse del lado de los maestros.
Conviene tomar nota.

 

jueves, 23 de mayo de 2013

ÉTICA







La revista 21 RS contiene en su número del mes de mayo una estupenda entrevista con el periodista Iñaki Gabilondo, en la cual este afirma: “En defensa propia, la gente va a necesitar señales que le permitan distinguir entre todo el barullo aquello que pueda tener un poco de solvencia. Y entonces la ética –que ha sido la cosita que decíamos para acabar las conversaciones, para hacer bonito, como Arguiñano echa un poco de perejil– ahora se va a descubrir que es la madre de todas nuestras posibilidades de futuro. De manera que el último refugio es la ética. O eso o se acabó”.

Comparto de principio a fin las palabras de este veterano creador de opinión y espero que tengan eco. 

Si hay alguna certeza en esta crisis es que está causada en primer lugar por la quiebra de la ética, entendida como compromiso de cada individuo con el buen cuidado de sí mismo y de los demás. Esta quiebra es una herida grave y curarla requiere la implicación de todos. Lo curioso es que a veces, cuando tratamos sobre valores, nos dejamos llevar por una especie de “nostalgia paralizante”producida por lo que Jorge Manrique expresó mejor que nadie: “A nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Este espejismo conlleva inactividad y resignación, dos grandes enemigos de la ética. La crisis moral de nuestro tiempo no deviene de habernos separado de un edén sino de haber olvidado la alerta cotidiana de lo ético, que es como un músculo y necesita entrenamiento.

Al igual que cada persona debe construir un buen carácter propio –a partir de su temperamento y por tanto imperfecto, pero apuntado siempre hacia el futuro– la suma de nuestras decisiones éticas va construyendo la sociedad. Por eso la ética no es un lugar al que regresar. ¿Qué añoramos cuando hablamos de “aquellos valores”? ¿La sociedad feudal? ¿La victoriana? ¿El atroz siglo XX de dictaduras, guerras y posguerras? Podemos echar un vistazo al pasado fácilmente porque lo tenemos frente a nosotros, en el hoy de muchos pueblos de la tierra: profundas desigualdades, injusticias, discriminaciones brutales, vidas humanas que no valen nada y páramos para la educación. No, la ética no es un pasado que recordar sino un camino lento, titubeante pero constante, de progreso humano. Cuando Emmanuel Kant escribió “actúa de tal manera que puedas querer que tu comportamiento se torne ley universal; trata a ti mismo y a cada persona como un fin y nunca como un medio”, no estaba describiendo el mundo en que vivía sino lanzando un reto hacia las generaciones siguientes. Y nosotros, sus bisnietos, podemos entender el significado de esas normas éticas mucho mejor que sus contemporáneos porque a pesar de todo no hemos dejado de progresar.

De hecho, comprendemos el concepto “ley universal” y por eso hemos sido capaces de escribir una Declaración de Derechos Humanos. Si nos fijamos en las diferencias sociales entre la Europa del XVIII y nuestra democracia –frágil pero viva– comprenderemos perfectamente que el progreso ético del ser humano es cierto y real, por eso no puede interrumpirse. Aunque no sea fácil verlo desde dentro, ahora estamos de limpieza. Nos horroriza tanta suciedad pero ya la vemos, ya hablamos de ella, ya nos duele y por tanto estamos mejor que cuando mirábamos para otro lado. Nos lo asegura, por ejemplo, la cantidad de viejos hábitos de la política o del consumo que empezamos a no tolerar. Y esto no es optimismo categórico sino constatación de que queda muchísimo por hacer pero es posible hacerlo. Me atrevo a afirmar con Gabilondo que la ética es inexorable o se acabó.

La clave del progreso ético de la sociedad occidental estriba en el mayor peso de la educación. No puede ser de otra manera porque la escuela es el lugar natural para aprender la ética de lo relacional y social y, por tanto, la ética ciudadana y democrática. Por eso, una vez consolidado el avance de la educación obligatoria, y ante el reto de mejorar la calidad, nuestro país no puede permitirse el lujo de tratar a la ética como un adorno de perejil e ignorarla. A pesar de ello, en el proyecto de la Lomce, la Historia de la Filosofía queda como optativa y no se contempla como obligatoria ni siquiera para los alumnos de Humanidades y Ciencias Sociales. La Ética deja de ser asignatura obligatoria y se convierte en alternativa a la Religión.

El dictamen del Consejo de Estado ha hablado sobre esta tremenda equivocación en un informe riguroso que debe ser tenido en cuenta sin pensar en partidismos y sin aferrarse a los errores. Los valores éticos constituyen un modo de empleo de la vida e incluyen una manera de relacionarnos con nosotros mismos, con las personas que nos rodean y con la sociedad a la que pertenecemos. Los valores que personifican al hombre son bien conocidos y son universales. Haberlos desarrollado constituye uno de los mayores logros del ser humano, un patrimonio histórico de cuyo conocimiento no puede privarse a ningún alumno. Por tanto, la Ética es una materia nuclear.

Entre todas las intervenciones que un gobierno puede hacer, la educativa es la más trascendente, en el sentido literal de incardinarse en el futuro. Una reforma educativa constituye una gran responsabilidad y es fundamental que su elaboración esté impregnada de ética política. Ahora están en las aulas los legisladores del mañana y es imprescindible que la Ética ocupe un lugar destacado en su formación. Porque, efectivamente, ella es la madre de todas nuestras posibilidades de futuro.