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Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



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domingo, 4 de octubre de 2020

El modo de empleo de la vida



Este curso he comenzado a colaborar con la Universidad de Padres, la plataforma on line de formación para familias y educadores creada hace más de una década por José Antonio Marina. Este es el primer artículo que he escrito para la plataforma. Incluyo un enlace a la web de la UP para quien desee más información.

Universidad de padres


EL MODO DE EMPLEO DE LA VIDA

Si pudiésemos volver a ese momento mágico en que vimos la carita de nuestra hija o nuestro hijo por primera vez, seguramente recordaríamos cuál fue el deseo que pedimos. Ninguno de nosotros le deseó en ese instante un Óscar de Hollywood o una final de Wimbledon, ¿verdad? Todos deseamos que fuese, sencillamente, feliz. Pero ya sabíamos entonces que ser felices no iba a significar: “Nunca te pondrás malito, nunca te traicionará un amigo, encontrarás a tu gran amor muy pronto y te acompañará siempre…” Lo que queríamos decir con la palabra feliz era: que conozca un buen modo de empleo de la vida, que sea capaz de acompañar y ser acompañado, que se pueda levantar después de un tropezón, que se sienta seguro de sí mismo. En resumen, queríamos decir: “que pueda guiarse en la vida por buenos valores”.

Sin embargo, es difícil explicar exactamente qué entendemos por valores. En términos económicos, lo más valioso es lo más caro. Pero esto no es suficiente. ¿Cuánto pagaríamos por una familia unida o por un amigo leal? Es evidente que los asuntos propiamente humanos se desarrollan en otro terreno. Y también está claro que los valores existen. Son cualidades reales de las actitudes del ser humano. A veces nos puede parecer que esas cualidades son relativas pero nos equivocamos, lo que son es relacionales, es decir, nosotros las captamos- las valoramos- o no. Son como las cualidades de un gran vino, que permanecen ocultas mientras no lo pruebe quien las sabe apreciar, pero si yo lo desprecio y elijo otra cosa no por ello pierde ese gran vino sus cualidades.

Los valores que la familia transmite son, inevitablemente, los que conforman su propio modo de empleo de la vida. Los hijos ponen a prueba nuestra propia educación pero también nuestra capacidad de reflexión y nuestra madurez, porque mientras ellos crecen también crecemos nosotros. Entonces, ¿qué valores podríamos considerar necesarios para educar bien? ¿Qué valores podrían servirnos hoy a todos? En este mundo tecnologizado y cambiante, para mí serían:

1-El proyecto personal, la apuesta por la propia vida, que exige compromiso y esfuerzo. Como decía Aristóteles: La felicidad es una actividad. Las claves del proyecto personal están en la disciplina, que significa ser capaz de terminar algo que se ha empezado, y la fuerza de voluntad, el músculo necesario para afrontar los retos y las crisis. ¿Cómo se educa en este valor? Poniendo cada día frente a nuestros hijos algunos pequeños retos personales, escalones adecuados a su estatura, cuyo premio sea la satisfacción de haberlos subido. Por cierto, ¿sabéis por qué son tan adictivos los videojuegos? Pues es muy fácil, porque tienen reglas y retos. Ambas cosas son necesarias para nuestros hijos y a veces no se las facilitamos.

2-La comunicación cara a cara, que enseña a respetar al otro y a argumentar. Es cada vez más difícil, hay que luchar por ella en casa.

3-La participación. Porque el mundo no es exactamente como se ve desde nuestra ventana. El ejemplo de unos padres que se implican en su comunidad, el trabajo en grupo, ser responsable de pequeñas tareas y la solidaridad ayudan a educar en este valor. La generosidad, que ensancha la vida, y el esfuerzo por la paz serán claves también.

4-Frente al consumo desenfrenado, la austeridad. Ser austero en este tiempo es una elección porque estamos rodeados de estímulos que deciden por nosotros. La vida diaria de cada familia puede educar en este valor, indudablemente con el ejemplo. Lo curioso de todo esto es que los niños entienden la austeridad perfectamente y somos nosotros, los adultos, quienes estamos atrapados por el consumo.

5-La responsabilidad. Ser responsable quiere decir escuchar los retos y las exigencias de la vida y responder a ellas. Pero sólo puede responder de sí mismo quien se gobierna.

6-La autoestima razonable, que reconoce los propios límites y es capaz por ello de potenciar lo mejor y aceptar lo menos bueno, de hacer más fuertes las propias capacidades y superar el desánimo que producen los fracasos. Para ella, el deporte es el educador por antonomasia pero también importa entender el verdadero significado de la belleza y del arte.

7-El fortalecimiento de los vínculos con la familia y con el entorno. Es imprescindible recuperar las obligaciones, la ob-ligatio que establece una vinculación con los demás y que nos liga a nuestra propia realidad personal.

8-La recuperación de la interioridad que hace preguntas sobre uno mismo. No corras, ve despacio, que a donde debes ir es a ti sólo, escribía Juan Ramón Jiménez. Lectura y reflexión, pero también algún momento de silencio, de pantalla apagada, de diálogo tranquilo… Escuchar a los hijos les enseña el valor de escucharse para encontrar su propia identidad.

Dicen que Francisco de Goya quería escribir en su epitafio: Aún aprendo. Seguramente, la inagotable posibilidad de aprender es el gran privilegio de cada ser humano. Educar bien a las próximas generaciones es nuestro reto y nuestra responsabilidad. Podemos lograrlo.

 

sábado, 12 de octubre de 2019

Gestionando hijos





El próximo 16 de noviembre participaré en el evento Gestionando hijos. Este es el enlace.

Gestionando hijos

Y esta es la entrevista en la que anticipo lo que intentaré aportar.


                                
1.       Tendemos a pensar, hablar y debatir sobre la educación que damos a nuestros hijos, pero ¿nos olvidamos de todo lo que ellos pueden enseñarnos a nosotros?

Así es. Con frecuencia nos olvidamos de que nuestros hijos son personas plenas y absolutas, distintas a nosotros desde el principio de su vida. ¡Nos olvidamos incluso de cuánto nos quieren ellos a nosotros! Siempre tenemos en cuenta nuestro sacrificio, todo lo que hacemos por ellos y lo que estaríamos dispuestos a hacer, y perdemos de vista cuántas cosas nos perdonan y todo lo que hacen ellos por nosotros, como poner en nuestras manos su confianza absoluta. De una persona que mira el mundo por primera vez se puede aprender mucho. Es cuestión de escuchar sus sentimientos y reflexiones, y no simplemente “lo que les apetece” o “lo que han hecho”.

2.       Tu ponencia en nuestro próximo evento de Gestionando Hijos se titula “Lo que nuestros hijos nos enseñan”, ¿qué aprendizajes destacarías sobre lo que has aprendido desde que eres madre?

Mis hijos, con sus diferentes caracteres, me han asombrado siempre, y por supuesto ahora que son adultos directamente me guían. Responder a sus requerimientos, entenderlos, disfrutar de verlos crecer, ha sido el más feliz aprendizaje de mi vida. De mi hijo mayor he aprendido a profundizar en lo que me rodea, una conexión con la realidad- como un mindfulness- que él tiene de manera natural desde muy niño; del menor, he aprendido la resiliencia, porque él se rearma siempre con calma después de un problema, tiene una inmensa libertad interior y, en mi fuero interno, lo llamo “el maestro zen.” De ambos, he aprendido a protestar, es decir a no aceptar lo inaceptable. He aprendido también que, como todas las personas, no “se parecen” a nadie, y esa es la premisa para aceptar que tienen muchas cosas que enseñarte.

3.       Te dedicas a la docencia, por lo que tu vida está (y ha estado) rodeada de niños y niñas, ¿esto te hace ver la vida desde otra perspectiva?

Ser maestra es un privilegio absoluto, un regalo que la vida me ha hecho. Conocer a las personas en el momento en que descubren el mundo, formar parte de ese descubrimiento abriendo las ventanas del conocimiento, convertirme en parte importante de su biografía… ¡Enseñar a leer! Increíble. Un privilegio, no se me ocurre otra forma de llamarlo. Cada día, literalmente, vivo en la escuela momentos de una belleza que no se puede ni explicar.

4.      ¿Qué mensaje quieres enviar a los padres, madres y docentes a través de tu ponencia?

Precisamente, que tener hijos es un privilegio. Me preocupa que empecemos a verlo como un problema, una limitación o un cansancio. Los años más felices de la vida son cansados, sí. Y no viajas tanto, ni vas tanto al cine, es verdad. ¡Pero tienes el mayor espectáculo del mundo en tu propia casa! Hay allí una niña o un niño que sienten por ti un amor incondicional, que esperan tu amor y necesitan tu capacidad de educarle bien. La belleza no es estática, se mueve, corre y grita. La belleza es la infancia.

5.       ¿Estamos cerrados los adultos a seguir aprendiendo y disfrutando como niños?

Me parece que aprender y disfrutar no es patrimonio de los niños. Nosotros podemos aprender y disfrutar como padres, como adultos. Lo que nuestros hijos necesitan es, precisamente, que seamos adultos. Abiertos, curiosos, alegres, risueños, con sentido común, con sentido del humor, con paciencia y con ganas de estar con ellos, pero adultos. Los padres infantilizados son algo artificial y extraño porque no son niños ya, les falta autenticidad.


6.       Hablamos mucho sobre la importancia de la conciliación porque los padres necesitan tener tiempo para la familia, pero muchas veces se nos olvida la importancia de que los niños pasen tiempo con sus padres. De esta manera, tenemos niños sobresaturados de extraescolares para paliar el tiempo en el que los padres trabajan. ¿Crees que si la sociedad pusiera más el foco en los niños, temas como la conciliación laboral estarían más superados?

La falta de conciliación me preocupa muchísimo porque veo sus efectos en la vida de muchos niños. Y también veo los efectos del agotamiento de los padres, de su necesidad de tiempo libre también. Es un problema social gravísimo que, sin que nos demos cuenta, está transformando el panorama demográfico y social.
Y la niñera electrónica, esa Mary Poppins con forma de tablet o teléfono, directamente me parece un experimento cuyas consecuencias veremos, en unos años, con auténtico dolor. Espero no ser catastrofista, es que la ausencia de los padres en la vida de sus hijos, incluso cuando están todos juntos, me preocupa de verdad.

martes, 8 de mayo de 2018

PRELUDIO PARA UN PACTO





Acabo de enviar este artículo para un número de Cuadernos de Pedagogía dedicado al Pacto por la Educación que, lógicamente, no he leído aún. Me interesa mucho conocer la opinión de quienes participarán en él, y sus propuestas para conseguir ese pacto soñado. Mi artículo, sin embargo, quiere esbozar un preludio.

En sus primeras notas van a resonar los límites de la educación escolar.

El presidente del Grupo Banco Mundial, Jim Yong Kim, en el Informe sobre el desarrollo mundial 2018, afirma: La educación fomenta el empleo, incrementa los ingresos, mejora la salud y reduce la pobreza. A nivel social, estimula la innovación, fortalece las instituciones y promueve la cohesión social. Pero estos beneficios dependen del aprendizaje, y la escola­rización sin aprendizaje es una oportunidad desaprovechada. Más aún, es una gran injusticia: los niños con los que la sociedad está más en deuda son aquellos que más necesitan de una buena educación para prosperar en la vida”.

En muchas escuelas se escolarizan y aprenden alumnos que pertenecen a este último grupo. Sobre sus profesores, en solitario, hace recaer el Banco Mundial una atribución inmensa: su futuro empleo, sus ingresos, su salud, su fuga del umbral de la pobreza, su rol en la sociedad… Antes de anonadarnos por completo, podemos recordar a León Tolstói en un párrafo de ese monumento humano que es Ana Karenina: “La mejora de las condiciones sociales es previa a la mejora que proporciona la educación.”  Y comprendemos que es Tolstói quien acierta.

Hace ya unas cuantas décadas, la escuela aceptó todas las responsabilidades que no se supieron adjudicar, desde poner en práctica los fundamentos de la democracia hasta cuidar la salud bucodental. También guardó silencio ante el tópico de la educación escolar como panacea universal de los desajustes personales y disrupciones sociales. Por supuesto los profesores siempre supimos que no podríamos cumplir con tan altas expectativas pero, aquejados de pérdida de identidad, dimos la razón a quienes ponían todo sobre nuestros hombros, a sabiendas de que íbamos a defraudarlos. De ahí que hoy la mayor fuente de desmotivación para los docentes sea el desequilibrio entre sus esfuerzos- dispersos en la amplitud de objetivos-  y los logros del alumno. Hemos levantado un universo sobre una premisa falsa pero ha llegado el momento de decir la verdad: la educación escolar no es omnipotente. Hay una función para ella, otra para la familia, otra para la política educativa y muchas para la sociedad (medios de comunicación, modelos de comportamiento, gestores de los horarios laborales, cuidado de los colectivos en riesgo, facilidad de acceso a la cultura y el arte, inversión en mejoras sociales…)

Así que la primera parte del preludio para un pacto concluye con este ruego: antes de establecer medidas concretas de mejora de la educación, por favor definamos con seriedad qué es una escuela, qué son los profesores, cuál es su función y qué esperamos realmente de ellos.

En la segunda parte del preludio, debemos hablar de las familias, tantas veces desorientadas y agotadas. Nadie pondrá en duda que la implicación de los padres en la educación de sus hijos necesita tiempo. Educar es convivir. Por tanto, debemos establecer un diseño más racional de los horarios laborales. El éxito del sistema educativo precisa del apoyo de la familia, de su participación en la escuela, de su disponibilidad de tiempo para atender los requerimientos de los profesores y de los propios hijos. El verdadero reto de la conciliación familiar y laboral es que permita a los padres ejercer con verdadero protagonismo su derecho y su deber de educar, y que permita a la escuela cumplir con su papel específico y propio: el lugar del conocimiento y el aprendizaje.  Así pues, el preludio de un pacto tendría que conseguir la racionalización de los horarios. Todas las medidas destinadas a lograr este objetivo contribuirán, sin duda alguna, a mejorar la educación.

El tercer momento introducirá un nuevo tema: la política educativa. En nuestro país, su mayor lastre es el cortoplacismo. Cada norma, cada ley se circunscribe al periodo de gobierno del partido de turno. La prioridad parece ser la aplicación de la ideología entendida como una marca de clan, a la que se opone el clan de enfrente cuando le llega su oportunidad. De ahí el desprecio a los dictámenes de los órganos consultivos y de representación. Por ejemplo en el proceso de elaboración de la LOMCE – que es el gran paradigma de los errores políticos en educación-  el Consejo de Estado, el Consejo Escolar y organizaciones del profesorado aportaron propuestas valiosas que contaban con amplio consenso. Fueron ignoradas y, sin embargo, habrían mejorado el articulado de la ley y aumentado su apoyo social.

Creer que las ideologías deben dictar las decisiones en educación es un residuo del siglo XX. En un país democrático occidental, pleno de tecnología e inserto en un mundo globalizado, la expresión política se basa fundamentalmente en el respeto al Derecho y en los avances en el concepto de ciudadanía. En este sentido, y salvo matices culturales, los españoles no se distinguen de los finlandeses. Aquí como allí, la gente necesita manejarse en la vida, situarse ante el mundo con suficientes conocimientos, respetar los derechos de todos, cumplir con los deberes, conseguir un trabajo digno y ser consciente del tesoro que es la democracia. Así que antes de sentarse a hablar de educación, los políticos deberán asegurar a los ciudadanos su voluntad de intervenir en la mejora del futuro y no solo en el mantenimiento del statu quo inmediato.

Por supuesto, y como coda, no habrá pacto de educación sin el desarrollo previo de políticas de igualdad, de protección social, de empleo digno. Sin una llamada de atención a los medios de masas. Sin una puesta en valor de la cultura, que facilite el acceso de todos. Sin que en los grandes titulares veamos por fin a personas que puedan servirnos a todos de modelo ético.

La mejora de las condiciones sociales es previa a la mejora que proporciona la educación.”  Sí, Tolstói acierta.

jueves, 24 de marzo de 2016

A VUELTAS CON LOS DEBERES


 

 

Expertos como somos en no hacer caso a la altura de las olas sino a su espuma, cuando hubiera debido brotar un debate serio sobre las propuestas políticas en educación, surge de nuevo la polémica sobre los deberes escolares. En el tema de los deberes de los políticos no entraré, claro. Este blog va de otra cosa.

Voy a aportar mi opinión en simples párrafos.

El primero va destinado a los profesores. Es importante que tengamos claro lo que no son los deberes.  No son una prolongación de la hora de clase. Son refuerzos para el aprendizaje de nuestros alumnos y, sobre todo, una oportunidad de trabajar de manera autónoma. Por tanto deben ser asumibles, estar muy personalizados, tener sentido y contar con nuestro sentido común también. Ahora bien, que la polémica no nos desarme. Estamos en momentos de innovación, se habla ahora incluso de “flipped classroom”, una metodología que implica mucho trabajo autónomo por parte de los alumnos. Si los deberes nos parecen oportunos, si están hechos a medida, si forman parte de nuestro Plan de Centro, ¿por qué no los vamos a poner? Ahora bien, debemos estar siempre abiertos al diálogo con los padres.

El segundo párrafo va para las familias. Los deberes son, sobre todo, un aprendizaje del trabajo autónomo y la autodisciplina. Nos gustará que nuestros hijos cuenten con estas dos herramientas durante la adolescencia y en los estudios superiores. Los ayudaremos si los animamos a establecer un tiempo máximo para los deberes, siempre a la misma hora, en el mismo sitio, siempre con el móvil apagado. Ahora bien, no es saludable protestar como adultos sobre la cantidad o calidad de sus tareas. Y me parece importante reflexionar sobre si los niños las afrontan agotados ya de tareas extraescolares,  a veces obsesivas y destinadas únicamente a suplir nuestra ausencia. Por supuesto, si los deberes de clase sobrepasan a nuestros hijos, debemos acudir al centro educativo para notificarlo, pero en casa se debe respetar todo lo posible la decisión del profesor. Estamos preparándolos para la vida, en la que habrá mucho trabajo y esfuerzo.

El tercer párrafo se destina a la polémica en sí misma. No se debe generalizar en educación, y menos cuando se mira desde fuera. En mi colegio, por ejemplo, la mayoría de los niños acude al apoyo escolar que brindan los programas educativos y las ONG. Tanto las familias como los propios alumnos solicitan los deberes. Para ellos son momentos de serenidad y aprendizaje. Es posible que desde la óptica de una familia con wifi en casa, vacaciones en Oxford y clases particulares de chino mandarín esto sea difícil de entender, pero es la realidad educativa también.

Nos estamos jugando en esta hora muchas cosas serias.  La escuela pone en marcha una ley de educación de mucho calado por la ampliación desproporcionada del contenido de los temarios y se encuentra, una vez más, sola y sin apoyos. Por favor, que el debate sobre educación haga caer sus reproches sobre los responsables políticos y administrativos; que les exija cuentas sobre su incapacidad para establecer pactos. Ya está bien de titulares que desacrediten a los docentes.
@Carmenguaita1

martes, 1 de septiembre de 2015

RETOS





Septiembre trae consigo un aluvión de retos. Si la educación fuera una diana dibujada con círculos concéntricos, podríamos contemplarlos de una manera gráfica. En el borde exterior encontraríamos la política educativa. Para definir la complejidad de la educación en España, basta decir que una ley estatal en desarrollo no se aplica en todos los territorios. La LOMCE no está bien hecha: no ha establecido un consenso sobre la mejora del sistema educativo, ni ha satisfecho las demandas ni ha abordado las soluciones a los problemas. El curso comienza con una sociedad dividida por la intervención política, con problemas para la movilidad del alumnado, con los centros desbordados ante la complejidad de las nuevas demandas y escépticos sobre su continuidad, y las familias sujetas a los vaivenes editoriales. Los retos de la política educativa son el pacto sobre los requisitos mínimos para la mejora de la educación y el compromiso de mantener la estabilidad. Así, al menos, la generación que este curso inaugura su vida escolar podría decir que ha conocido una sola ley educativa: la buena.

En el siguiente círculo se desarrolla el reto de la familia. Se trata de la implicación en la educación de los hijos, con la escala de valores bien establecida y la constancia necesaria para no tirar la toalla. Por supuesto, la familia no puede cumplir este reto sola. Necesita el apoyo de una distribución más racional de los horarios laborales y de unos medios de comunicación y unos mensajes que colaboren en positivo con ella. Necesita modelos éticos, tiempo y espacio, así que su reto no es únicamente personal sino social también.

En el tercer círculo, ya cerca del interior de la diana, nos encontramos al centro educativo. El reto en este caso es ético e inapelable. Un centro debe ser la unidad educativa por excelencia; su claustro, un referente personal y profesional; su equipo directivo, un catalizador de ideas. La respuesta a este reto colectivo, por su naturaleza ética, está en todos los profesionales que lo constituyen.

En el centro de la diana habitan los pequeños que abren cada mañana la puerta de mi clase; y habito yo, que soy – el concepto lo explica todo- su maestra. Mantener a cada niño concreto en el corazón de ese camino que es el proceso educativo constituye el gran reto de este curso y de siempre.

 

 

miércoles, 18 de febrero de 2015

Familia o escuela




En 1940 los padres de Lola decidieron educarla en casa. La niña, que recibía clases de piano y cultura general, descubrió pronto que era fácil escaparse porque las sesiones comenzaban cuando ella estuviese dispuesta. Luego quiso iniciar el bachillerato pero el instituto fue un contraste tan brusco que desembocó en fracaso.

Lola es mi madre. Sé que guarda resentimiento por las puertas que sus padres le cerraron, por los aprendizajes sociales que hubiera necesitado, y por la burbuja irreal que le deparó después tantos encontronazos con la vida.

 Hoy retorna esta manera de educar, envuelta en papel de regalo y denominada homeschooling para darle mayor brillo. En la mayor  parte de los casos, constituye un retroceso profundo. La enseñanza en casa solo es accesible para rentas y niveles culturales altos – o para tendencias ideológicas extremas- y separa a los niños de las experiencias de socialización, investigación, autoconocimiento y ética que proporciona la convivencia escolar. Quienes toman esta decisión niegan que la educación sea algo más complejo, más social, que el aprendizaje. Y luego, claro, tienen que acudir a “lugares de socialización para niños que aprenden en casa”, una paradoja que cuesta comprender.
 
Yo soy maestra, amo todo lo que la escuela puede hacer y necesito a la familia. Esa persona que entra en clase cada mañana nos necesita a ambos- familia y escuela- en perfecto equilibrio y respeto.

Artículo escrito para el periódico El Mundo
 

jueves, 21 de junio de 2012

Paladear es tomar poco a poco el gusto de algo.




Paladear es tomar poco a poco el gusto de algo.

Podría definirse de otra manera: mantener un segundo más de lo preciso la atención sobre algo concreto, para descubrir todos sus matices. Vivir despacio un momento cualquiera para transformarlo en una experiencia. Incorporar una vivencia al bagaje personal y a la memoria para poder hacerla presente cuando sea necesaria.

¿Cómo hemos podido olvidar que se aprende mejor cuando se paladea?

La escuela ha perdido en España esta capacidad de paladear las enseñanzas.

Los profesores están inmersos en la hilera del curso, la tiranía de la programación escolar, el marco del horario lectivo, el temario que se debe terminar, el timbre que avisa del cambio de clase, la entrada del siguiente profesor que deja con la palabra en la boca, la pila de documentos para cumplimentar de manera prioritaria, antes que atender a los alumnos.
Esta forma del tiempo es una carrera que ya de antemano tenemos perdida y eso causa la inquietud y el nerviosismo de los alumnos actuales, que padecen de desconcentración.

Pero existe también otra forma de comprender el tiempo. Existe una manera consciente de desarrollar la enseñanza y el aprendizaje. Es, al modo de los maestros antiguos, de los que podemos recuperar muchas enseñanzas,  terminar bien las tareas y preparar las siguientes con calma. Combatir el trasiego.
¿Se puede trabajar con calma en nuestros días? ¿Se puede controlar la tiranía de la programación y del horario? A lo mejor un maestro solo no puede, pero una escuela entera, que tenga el propósito firme de que sus alumnos paladeen las enseñanzas, puede abrir la puerta de esa jaula que se denomina “el horario”.

Y esta debería convertirse en una reflexión de todo el sistema educativo. Apasionados por lo burocrático, a veces hemos llamado “planificación” a la distribución artificial del tiempo dentro de cajitas. Hay muchas cosas que mejorar en la enseñanza y la mayoría están relacionadas, precisamente, con el tiempo que se dedica a las cosas y el orden de prioridades en que se han situado.

Pero la racionalización del tiempo no es simplemente actuar de puertas adentro de la escuela. 

Para recuperar un poco de cordura –  y entre otras cosas, para reconocer que el padre es el padre, el hijo es el hijo, el profesor es el profesor y el alumno es el alumno-  nos hace falta racionalizar el tiempo. Y es que el divorcio entre familia y escuela es un signo de los tiempos, pero es también un problema concreto de tiempo de convivencia familiar.Ahora que toda la sociedad se pregunta a diario qué vamos a hacer con la economía, tenemos que preguntarnos también qué vamos a hacer con la infancia.


A lo mejor en esto nos ayudan la crisis y el cambio de ciclo. En estos momentos de incertidumbre, la frase el tiempo es oro no habla literalmente del dinero que podemos ganar sino de los tesoros de la vida que nos podemos perder.


El tiempo soy yo, es mi vida. Cada mañana deberíamos empezar la jornada con esa certeza.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

ANTE EL OCÉANO


Cuenta Stefan Zweig que los compañeros de Vasco Núñez de Balboa, cuando llegaron por primera vez al océano Pacífico, bebieron de sus aguas para probar si tenían sabor salado.  Nosotros estamos ante un panorama tan nuevo como aquellos descubridores y también tenemos que encontrar las referencias.
Nunca fue más cierto que ahora el aforismo de que educa la tribu entera. Tenemos que convencernos de que la educación implica a todos - familias, escuela, intelectuales, medios de comunicación - porque esta no es una recesión lineal, sino que tiene forma de matrioskas. ¿Recuerdan a esas muñecas rusas? Nosotros nos parecemos hoy a ellas.  Escondemos dentro de la crisis económica, la crisis política; dentro de esta, la social y, en el núcleo, una grave crisis moral.  Para remontar, nos espera un viaje difícil, de sacrificio y esfuerzo, del que no saldremos exactamente iguales que entramos y que debemos llevar a cabo de dentro a afuera.

No podremos atravesar el desierto para llegar de nuevo al aparente oasis del que partimos, con todos sus espejismos. Nuestro destino deberá ser una sociedad más madura y más justa. Donde fuimos atolondrados, nos tocará ser reflexivos; donde fuimos manirrotos, austeros; donde pasivos, participativos; donde individualistas, solidarios. Hemos despertado del sueño de que vivíamos en el mejor de los mundos posibles, y la madrugada será dura pero puede ser liberadora. Para conseguirlo, debemos convertirnos en una sociedad educativa.

Entre los muchos espejismos del pasado se encuentra una actitud que ya es intolerable: la que ha confundido la política con la politización y, entre otros desmanes, ha contaminado a la educación con eslóganes de campaña y la ha arrojado al ring de la confrontación partidista. Es verdad que la educación tiene un componente político muy importante porque configura a la sociedad, pero la nuestra ya está configurada en sus líneas maestras: la Declaración de los Derechos Humanos,  la Constitución...  Vivimos en una democracia y la tarea es mejorarla. Lo que tenemos que decidir es si vamos o no a formar a la gente joven en las competencias que necesitan para ser ciudadanos de pleno derecho. Y después, establecer lo que tiene que hacer cada estamento para conseguirlo, en el ámbito del conocimiento, de la cultura, de la sociabilidad y de los valores. Por eso hacen falta acuerdos.

Y es que las cosas han cambiado tanto que ya no se trata de decidir si la escuela va a resignarse ante la oscuridad del futuro o va a preparar a los alumnos para el futuro “tal como debería ser”, según la cosmovisión particular de cada opción política. A los autores de este tremendo presente, ¿quién nos autoriza a diseñar el futuro? La tarea de la educación de hoy es armar a la gente joven con sentido crítico, valores empoderantes, conocimientos profundos sobre el presente y el pasado, y apertura mental para que ellos mismos, en medio de cambios vertiginosos, puedan diseñar el futuro que quieran. Para que entren sin miedo pero con referencias en el océano y así se atrevan a probarlo, a descubrirlo, a darle nombre.

Estamos a punto de ver por primera vez un océano desconocido e inmenso y lo que nos jugamos aparece ya en los titulares del telediario. Es hora de que nos importe a todos la educación.