BIENVENIDOS

Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



Mostrando entradas con la etiqueta ética. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ética. Mostrar todas las entradas

domingo, 4 de octubre de 2020

El modo de empleo de la vida



Este curso he comenzado a colaborar con la Universidad de Padres, la plataforma on line de formación para familias y educadores creada hace más de una década por José Antonio Marina. Este es el primer artículo que he escrito para la plataforma. Incluyo un enlace a la web de la UP para quien desee más información.

Universidad de padres


EL MODO DE EMPLEO DE LA VIDA

Si pudiésemos volver a ese momento mágico en que vimos la carita de nuestra hija o nuestro hijo por primera vez, seguramente recordaríamos cuál fue el deseo que pedimos. Ninguno de nosotros le deseó en ese instante un Óscar de Hollywood o una final de Wimbledon, ¿verdad? Todos deseamos que fuese, sencillamente, feliz. Pero ya sabíamos entonces que ser felices no iba a significar: “Nunca te pondrás malito, nunca te traicionará un amigo, encontrarás a tu gran amor muy pronto y te acompañará siempre…” Lo que queríamos decir con la palabra feliz era: que conozca un buen modo de empleo de la vida, que sea capaz de acompañar y ser acompañado, que se pueda levantar después de un tropezón, que se sienta seguro de sí mismo. En resumen, queríamos decir: “que pueda guiarse en la vida por buenos valores”.

Sin embargo, es difícil explicar exactamente qué entendemos por valores. En términos económicos, lo más valioso es lo más caro. Pero esto no es suficiente. ¿Cuánto pagaríamos por una familia unida o por un amigo leal? Es evidente que los asuntos propiamente humanos se desarrollan en otro terreno. Y también está claro que los valores existen. Son cualidades reales de las actitudes del ser humano. A veces nos puede parecer que esas cualidades son relativas pero nos equivocamos, lo que son es relacionales, es decir, nosotros las captamos- las valoramos- o no. Son como las cualidades de un gran vino, que permanecen ocultas mientras no lo pruebe quien las sabe apreciar, pero si yo lo desprecio y elijo otra cosa no por ello pierde ese gran vino sus cualidades.

Los valores que la familia transmite son, inevitablemente, los que conforman su propio modo de empleo de la vida. Los hijos ponen a prueba nuestra propia educación pero también nuestra capacidad de reflexión y nuestra madurez, porque mientras ellos crecen también crecemos nosotros. Entonces, ¿qué valores podríamos considerar necesarios para educar bien? ¿Qué valores podrían servirnos hoy a todos? En este mundo tecnologizado y cambiante, para mí serían:

1-El proyecto personal, la apuesta por la propia vida, que exige compromiso y esfuerzo. Como decía Aristóteles: La felicidad es una actividad. Las claves del proyecto personal están en la disciplina, que significa ser capaz de terminar algo que se ha empezado, y la fuerza de voluntad, el músculo necesario para afrontar los retos y las crisis. ¿Cómo se educa en este valor? Poniendo cada día frente a nuestros hijos algunos pequeños retos personales, escalones adecuados a su estatura, cuyo premio sea la satisfacción de haberlos subido. Por cierto, ¿sabéis por qué son tan adictivos los videojuegos? Pues es muy fácil, porque tienen reglas y retos. Ambas cosas son necesarias para nuestros hijos y a veces no se las facilitamos.

2-La comunicación cara a cara, que enseña a respetar al otro y a argumentar. Es cada vez más difícil, hay que luchar por ella en casa.

3-La participación. Porque el mundo no es exactamente como se ve desde nuestra ventana. El ejemplo de unos padres que se implican en su comunidad, el trabajo en grupo, ser responsable de pequeñas tareas y la solidaridad ayudan a educar en este valor. La generosidad, que ensancha la vida, y el esfuerzo por la paz serán claves también.

4-Frente al consumo desenfrenado, la austeridad. Ser austero en este tiempo es una elección porque estamos rodeados de estímulos que deciden por nosotros. La vida diaria de cada familia puede educar en este valor, indudablemente con el ejemplo. Lo curioso de todo esto es que los niños entienden la austeridad perfectamente y somos nosotros, los adultos, quienes estamos atrapados por el consumo.

5-La responsabilidad. Ser responsable quiere decir escuchar los retos y las exigencias de la vida y responder a ellas. Pero sólo puede responder de sí mismo quien se gobierna.

6-La autoestima razonable, que reconoce los propios límites y es capaz por ello de potenciar lo mejor y aceptar lo menos bueno, de hacer más fuertes las propias capacidades y superar el desánimo que producen los fracasos. Para ella, el deporte es el educador por antonomasia pero también importa entender el verdadero significado de la belleza y del arte.

7-El fortalecimiento de los vínculos con la familia y con el entorno. Es imprescindible recuperar las obligaciones, la ob-ligatio que establece una vinculación con los demás y que nos liga a nuestra propia realidad personal.

8-La recuperación de la interioridad que hace preguntas sobre uno mismo. No corras, ve despacio, que a donde debes ir es a ti sólo, escribía Juan Ramón Jiménez. Lectura y reflexión, pero también algún momento de silencio, de pantalla apagada, de diálogo tranquilo… Escuchar a los hijos les enseña el valor de escucharse para encontrar su propia identidad.

Dicen que Francisco de Goya quería escribir en su epitafio: Aún aprendo. Seguramente, la inagotable posibilidad de aprender es el gran privilegio de cada ser humano. Educar bien a las próximas generaciones es nuestro reto y nuestra responsabilidad. Podemos lograrlo.

 

miércoles, 29 de julio de 2020

Lo que el viento se llevó





Hace unas semanas la polémica por la retirada, en una cadena de televisión on line, de la película Lo que el viento se llevó, me sorprendió releyendo la novela original de Margaret Mitchell que conocí hace cuarenta años. Entonces no percibí de una manera tan clara el racismo que destila; hoy se me ha hecho insoportable. Y esta evolución, que es mía, de mi propia manera de ver el mundo, me parece importante. Seguramente no soy menos racista hoy que a los veinte años, porque siempre lo rechacé. Solamente se ha ampliado el umbral de lo que considero racista.

Sin embargo me parece un grave error que se impida a la gente joven acercarse a esta película, en nombre de una supuesta protección de su sensibilidad o en la creencia de que así evitamos que copien esas actitudes, como si educar no fuera, también, preparar a un joven para conocer los hechos del pasado y cómo han evolucionado los criterios morales sobre ellos. Sin Lo que el viento se llevó no se entiende el Black lives matter ni el porqué de esos disturbios en un país cuyas heridas aún supuran.

Quien censura un testimonio del pasado quiere hacernos creer que la humanidad ha nacido hoy. Y eso es, ni más ni menos que lo que piensa un niño pequeño: que antes de él no había nada. Si perdemos la certeza de que formamos parte de un progreso moral, de que la humanidad, desde las cavernas a hoy, ha caminado a mejor; si no se nos enseña el lugar de donde venimos, entonces perdemos el sentido de por qué estamos aquí y no nos sentimos obligados a mejorar el mundo para nuestros hijos. Quien solo vive en el presente no entiende las expresiones antes y después y sufre enormes rabietas. A quien solo le importa lo inmediato se le puede manipular. Y al final tal vez se trate de eso.

La censura sobre el arte y la historia nos quiere transformar en una sociedad infantil. Es un arma peligrosa y nos la están imponiendo con naturalidad. Hay que decir bien claro que Lo que el viento se llevó es una película racista, porque lo es y mucho. Pero lo intolerable, lo que bajo ningún concepto se puede permitir es el racismo de hoy. Porque lo que hacemos mal hoy es lo vergonzoso. 

Ah, por cierto, resulta que nuestros jóvenes, con su ocio y sus fiestas, son ahora "irresponsables" e "insolidarios". Pero en mayo les dijimos que volviesen cuanto antes a las discotecas y no abrimos los institutos. Ahora quienes deben establecer cómo comenzará el próximo curso- "presidentes" y "consejeros" se llaman pomposamente- no tienen ni ideas, ni ganas ni dinero para aumentar el número de profesores. En esta pandemia, la educación es, tristemente, lo que el viento se llevó.


miércoles, 3 de junio de 2020

¿Puede ser humanizadora la escuela de las máquinas?




El pasado noviembre tuve el honor de participar en el Congreso de Escuelas Católicas con una ponencia compartida con el extraordinario pensador Pedro Huerta, superior de los Trinitarios. Pintábamos un futuro en el que resultaría difícil distinguir entre información y conocimiento, entre absolutos y relativos, entre procesos y resultados- porque las máquinas muestran resultados y su proceso es invisible, pero la enseñanza es puro proceso-. No podíamos prever que ese futuro llegaría a nuestras vidas bruscamente, a las pocas semanas.

Estos meses han puesto a prueba la capacidad humanizadora de la escuela y creo sinceramente que, durante la primera ola, los docentes habéis superado este difícil examen. Sobre todo porque las familias han visto por primera vez, y en la mayoría de los casos, qué compleja, qué importante para sus hijos es vuestra tarea. 

La docencia es una profesión esencial porque es, y seguirá siendo siempre, humanizadora. Sin embargo, el gran reto ante lo digital es, precisamente, comprender y defender esa esencialidad en lugar de dejarnos llevar por la agonía del temario y por la dificultad de la técnica que todavía no controlamos. Se equivocan quienes piensan que volveremos, sin más, a la clase magistral; esta forma de enseñar es la más fácil de sustituir por las máquinas.

Así que, ante este nuevo paradigma debemos actualizar- en el sentido filosófico de hacer presente, hacer actual- la función esencial: humanizadora.


COMUNICATIVA

En el perfil del docente estará siempre el diálogo entre seres humanos. Sin embargo, y lo habéis comprobado durante estos meses, el cara a cara es imposible cuando solo se ve la cara; es decir, cuando una pantalla y un lapso limitadísimo de tiempo nos impiden abarcar al alumno en su totalidad, lo que yo llamo verlo de espaldas, distinguir entre la actitud abierta y la huidiza, en resumen, verlo vivir. 
En estas semanas os han preocupado las ojeras de unos, la dolorosa desaparición de otros. La actualización de la comunicación se establecerá a partir de la certeza de que, más que nunca, seréis tutores de todos. Habrá una interacción más frecuente y menos rígida con la familia; tendremos que poner en palabras nuestra propia vida ante ellos, porque hay una diferencia muy grande entre decir ante el Google Meets “hola, ¿cómo estáis? y decir “chicos, ya salió mi padre del hospital.” Y ahora las confidencias, la mirada en primer plano habrá que provocarla. Será una comunicación más horizontal que nunca, porque todos somos conscientes de nuestra extrema fragilidad. Será una comunicación en la que deberemos escuchar más su visión de la realidad, y responder a sus dudas más que obcecarnos con el temario. Repito: habrá que escucharlos más. Solo así podremos defender nuestra comunicación humanizadora frente a las alternativas que nos ofrecen las máquinas.

ÉTICA

La docencia es una profesión eminentemente ética, y esa es una certeza que debe transformarse en un profundo compromiso vital. Por eso vuestra presencia está relacionada siempre con la ejemplaridad. Hoy se traduce en el cumplimiento de las normas, en la moral alta frente al miedo, en la actitud solidaria y consciente. Sois un referente ético. Debéis mostrarles también, y más que nunca, que ética significa actitud ante la vida, y que les apela a ellos mismos, a su proyecto y a su futuro. En el día a día de la clase, la ética docente significará estar abierto a todo, no regatear ningún esfuerzo. Y esto se refiere también a vuestra relación con los compañeros, con el claustro en su totalidad porque existe el serio peligro de convertiros en células aisladas ante vuestras pantallas.

DIGNA

Si lo virtual tiene y contiene, la docencia es. Hay una determinada manera de vivir la realidad del mundo: con los ojos abiertos a las próximas olas, que son la recesión económica y el cambio climático. Humaniza quien sabe distinguir lo esencial de lo accesorio. Habrá que asumir ese reto y habrá que contarlo.  


SIGNIFICATIVA

Estoy segura de que todos vuestros alumnos han valorado de otra forma la escuela durante este tiempo; han sentido hambre de ella. Seguro que todos han pensado formas de regresar con seguridad para la salud, ojalá los equipos directivos se atrevieran a preguntarles. Es importante que sientan su colegio como el espacio humano donde se desenvuelve buena parte de su vida.
Significativo quiere decir que - en los tiempos de Sócrates y en los de Google- cualquier cosa que hagan los profesores deja una huella indeleble en la biografía de otro ser humano.
Una de las tareas más complejas y emocionantes a partir de ahora será profundizar en el arraigo emocional de cada alumno con su centro. Más que nunca el tiempo de escuela será una oportunidad.

VOCACIONAL

Hay que sentirse llamado a esta tarea, hay que entenderla como una ofrenda de lo mejor, para que brote lo mejor en otros. Demostrareis vuestra vocación docente en el esfuerzo por personalizar a cada uno, conocerlo bien- esto hay que subrayarlo porque se vuelve más difícil- y amarlo.
Demostrareis vuestra vocación docente en la apertura a lo nuevo, en la búsqueda de lo que tienen de bueno y de malo los métodos y formas que os esperan, en la capacidad de conservar la comunicación humanizadora. Porque la vocación docente se define en cada uno de vosotros con la manera de ser, de trabajar y de tratar a los demás.

CAPAZ

Tendréis que renovar vuestro compromiso a diario, conoceros y potenciar vuestros puntos fuertes. Y compartirlos con vuestros compañeros de claustro. Habrá que dar más crédito que nunca a lo frágil para reconocer en cada alumno sus potencialidades. Habrá que aprender de nuevo a explicar y a escuchar, a mirar y a ser mirado. Y aprender a cuestionarse todo. Este tsunami de innovación debe estar bien contrastado, bien comprendido en su papel de herramienta dominada por lo humano.


¿Cuál será el rol de los alumnos en esta nueva realidad?

Ellos deben hacer un esfuerzo también por la humanización. Nuestra tarea será potenciar sus mejores rasgos, olvidando o minimizando la vieja clasificación “bueno o malo para una tarea académica.”

¿Cómo podemos mantener la certeza de ser profesores, cuando se pierde lo presencial?

Lo virtual nos ha permitido conservar el avance de lo académico; el regreso a las aulas debe incidir en la acción tutorial.

sábado, 22 de septiembre de 2018

Modelos







Os propongo un juego: vamos a imaginar que no existe el deporte de competición. Para los efectos prácticos, podemos permitir el fútbol. Solo vamos a imaginarnos que nunca hemos conocido a Rafa Nadal, a Mireia Belmonte, a Carolina Marín, a Enhamed, el nadador paralímpico… ¿Los habéis borrado de la memoria? Perfecto. En la segunda parte del juego, os propongo buscar diez modelos de conducta positivos para nuestros hijos y alumnos. La condición es que sean muy famosos y mediáticos, personas moralmente ejemplares que todo el mundo conozca. Sin Rafa y Carolina es más difícil, ¿verdad? Bueno, rebajemos las condiciones: que no sean diez sino cinco, o dos.

En el marasmo de la política, de los tiras y aflojas, de los retos y los desplantes, de las conductas que coquetean con lo inmoral, nos convendría buscar un pequeño remanso para escoger los modelos que presentamos a la gente joven porque ellos nos están mirando.

En la educación de un niño inciden tres influencias fundamentales: la primera, por supuesto, es la familia, que pone los cimientos de la ética individual; la segunda, la escuela, donde se inicia la convivencia social; pero la tercera es la sociedad misma, con los modelos que propone sobre lo que es admirable, lo que tiene éxito, lo que conviene emular. Y esta dimensión educadora incide directamente en la formación moral de los niños y niñas, es decir en el mañana.

El juego termina con siete palabras sencillas: si no hay ética, no hay futuro.


miércoles, 17 de mayo de 2017

A FLOTE



Presenciamos en torno a nosotros un inmenso naufragio de la ética política. Si Hércules, para limpiar los establos del rey Augias – que acumularon durante años los excrementos de quinientos doce toros- tuvo que desviar el curso de varios ríos, nosotros, para arrastrar la suciedad sin fondo que hoy nos rodea, tendremos que cambiar nuestros modos de país de pícaros. Porque quien roba a los ciudadanos no es un pícaro sino un delincuente, y porque esos ríos desnaturalizados por culpa de la corrupción pueden ser- están siendo ya - las instituciones de nuestra democracia.

Creo que todos nos sentimos desorientados. Más que nunca necesitamos señales para distinguir, en todo este caos, a quienes muestren algo de seriedad y tengan palabra. Qué antigua se ha quedado esta expresión, por cierto. Qué insólito es que lo que se promete se cumpla. Y sin embargo no hay lugar para bromas: si la ética no rige el uso que los políticos hagan de nuestra confianza, depositada en ellos a través de los votos, no habrá futuro. Así de claro.

Todo este panorama desolador lo es mucho más cuando se contempla desde la escuela. Si estás en la urbe, porque la suciedad y el abandono te recuerdan constantemente que había que recortar en limpieza y asfalto para llevárselo más crudo; si estás en el pueblo, porque los campos se malvendieron y tal vez lo que divisas ahora desde el patio del cole es el inmenso fantasma de un aeropuerto.

Si te apartas de la ventana de clase y miras hacia adentro, notas la ausencia del profesor enfermo cuya baja no se ha cubierto; ves la puerta cerrada del aula de compensatoria; los carteles bilingües de lo que fue en tiempos el aula de enlace. Por supuesto, los alumnos a quienes estaban destinados esos apoyos, siguen ahí, más perdidos. Los políticos robaban, claro, por eso no hubo dinero para ampliar la red de banda ancha, para pagar el verano de los profesores interinos, para otorgar licencias por estudios, para extender las pizarras digitales, para renovar el mobiliario escolar…

Robaban como fieras, compulsivamente, mientras nosotros dábamos clase de ética y ciudadanía. Pero seguíamos allí, impertérritos, explicando a los alumnos qué son el honor y la justicia, porque la escuela es el lugar natural para aprender lo relacional y social, y por tanto la ética ciudadana y democrática. Los chicos entendían los conceptos y hasta se aventuraban a ponerlos en práctica, el truco era no buscar ningún modelo de conducta que pudiera salir en el telediario.

La corrupción duele más desde la escuela porque ella es el santuario de la ética. Y duele en los claustros, tan castigados por los recortes, porque los guardianes del santuario somos, qué cosas, los humildes profesores y maestros.

La dignidad de la docencia estriba sobre todo en su condición de profesión esencialmente ética. Hay facetas vitales en las que podemos dedicarnos a acompañar el verbo ser con sustantivos. En ellas, todo brota desde ese fundamento: soy madre, soy joven… Sin embargo, en el ámbito profesional es frecuente conjugar el verbo ser con adjetivos: soy puntual, soy competente… Pues bien, la docencia es sustantiva. Se es maestro. Ineludiblemente. Dentro y fuera del aula.
Siempre me ha gustado observar las particularidades de nuestra ética profesional. Por ejemplo, tengo la certeza de que un profesor que esté esperando a que el semáforo se ponga en verde y vea a un niño en la acera de enfrente esperando también, no cruzará la calzada en rojo aunque no vengan coches. ¿Es irrelevante? No; es la asunción completa de un requisito profesional y personal: la ejemplaridad.  

Mientras dura su camino común, cada profesor es un referente ético para cada alumno; por su parte todos los alumnos son apelaciones a la excelencia moral para el maestro. La tarea docente transmite el mundo para que pueda ser mejorado por la generación siguiente, que a su vez habrá de transmitirlo. Y ese avance, durante el cual las generaciones se suman, es profundamente, dignamente humano. Quienes desempeñan la docencia deben conocer y aceptar su dimensión ética, una de las más exigentes de todas, en una profesión que, paradójicamente, carece de código deontológico.


Cuando todo naufraga, la escuela como paradigma de la personificación sigue a flote, por eso clamamos por la presencia política y social de la ética. O nos robarán el futuro.

Artículo escrito para el periódico Escuela.

jueves, 23 de mayo de 2013

ÉTICA







La revista 21 RS contiene en su número del mes de mayo una estupenda entrevista con el periodista Iñaki Gabilondo, en la cual este afirma: “En defensa propia, la gente va a necesitar señales que le permitan distinguir entre todo el barullo aquello que pueda tener un poco de solvencia. Y entonces la ética –que ha sido la cosita que decíamos para acabar las conversaciones, para hacer bonito, como Arguiñano echa un poco de perejil– ahora se va a descubrir que es la madre de todas nuestras posibilidades de futuro. De manera que el último refugio es la ética. O eso o se acabó”.

Comparto de principio a fin las palabras de este veterano creador de opinión y espero que tengan eco. 

Si hay alguna certeza en esta crisis es que está causada en primer lugar por la quiebra de la ética, entendida como compromiso de cada individuo con el buen cuidado de sí mismo y de los demás. Esta quiebra es una herida grave y curarla requiere la implicación de todos. Lo curioso es que a veces, cuando tratamos sobre valores, nos dejamos llevar por una especie de “nostalgia paralizante”producida por lo que Jorge Manrique expresó mejor que nadie: “A nuestro parescer, cualquiera tiempo pasado fue mejor”. Este espejismo conlleva inactividad y resignación, dos grandes enemigos de la ética. La crisis moral de nuestro tiempo no deviene de habernos separado de un edén sino de haber olvidado la alerta cotidiana de lo ético, que es como un músculo y necesita entrenamiento.

Al igual que cada persona debe construir un buen carácter propio –a partir de su temperamento y por tanto imperfecto, pero apuntado siempre hacia el futuro– la suma de nuestras decisiones éticas va construyendo la sociedad. Por eso la ética no es un lugar al que regresar. ¿Qué añoramos cuando hablamos de “aquellos valores”? ¿La sociedad feudal? ¿La victoriana? ¿El atroz siglo XX de dictaduras, guerras y posguerras? Podemos echar un vistazo al pasado fácilmente porque lo tenemos frente a nosotros, en el hoy de muchos pueblos de la tierra: profundas desigualdades, injusticias, discriminaciones brutales, vidas humanas que no valen nada y páramos para la educación. No, la ética no es un pasado que recordar sino un camino lento, titubeante pero constante, de progreso humano. Cuando Emmanuel Kant escribió “actúa de tal manera que puedas querer que tu comportamiento se torne ley universal; trata a ti mismo y a cada persona como un fin y nunca como un medio”, no estaba describiendo el mundo en que vivía sino lanzando un reto hacia las generaciones siguientes. Y nosotros, sus bisnietos, podemos entender el significado de esas normas éticas mucho mejor que sus contemporáneos porque a pesar de todo no hemos dejado de progresar.

De hecho, comprendemos el concepto “ley universal” y por eso hemos sido capaces de escribir una Declaración de Derechos Humanos. Si nos fijamos en las diferencias sociales entre la Europa del XVIII y nuestra democracia –frágil pero viva– comprenderemos perfectamente que el progreso ético del ser humano es cierto y real, por eso no puede interrumpirse. Aunque no sea fácil verlo desde dentro, ahora estamos de limpieza. Nos horroriza tanta suciedad pero ya la vemos, ya hablamos de ella, ya nos duele y por tanto estamos mejor que cuando mirábamos para otro lado. Nos lo asegura, por ejemplo, la cantidad de viejos hábitos de la política o del consumo que empezamos a no tolerar. Y esto no es optimismo categórico sino constatación de que queda muchísimo por hacer pero es posible hacerlo. Me atrevo a afirmar con Gabilondo que la ética es inexorable o se acabó.

La clave del progreso ético de la sociedad occidental estriba en el mayor peso de la educación. No puede ser de otra manera porque la escuela es el lugar natural para aprender la ética de lo relacional y social y, por tanto, la ética ciudadana y democrática. Por eso, una vez consolidado el avance de la educación obligatoria, y ante el reto de mejorar la calidad, nuestro país no puede permitirse el lujo de tratar a la ética como un adorno de perejil e ignorarla. A pesar de ello, en el proyecto de la Lomce, la Historia de la Filosofía queda como optativa y no se contempla como obligatoria ni siquiera para los alumnos de Humanidades y Ciencias Sociales. La Ética deja de ser asignatura obligatoria y se convierte en alternativa a la Religión.

El dictamen del Consejo de Estado ha hablado sobre esta tremenda equivocación en un informe riguroso que debe ser tenido en cuenta sin pensar en partidismos y sin aferrarse a los errores. Los valores éticos constituyen un modo de empleo de la vida e incluyen una manera de relacionarnos con nosotros mismos, con las personas que nos rodean y con la sociedad a la que pertenecemos. Los valores que personifican al hombre son bien conocidos y son universales. Haberlos desarrollado constituye uno de los mayores logros del ser humano, un patrimonio histórico de cuyo conocimiento no puede privarse a ningún alumno. Por tanto, la Ética es una materia nuclear.

Entre todas las intervenciones que un gobierno puede hacer, la educativa es la más trascendente, en el sentido literal de incardinarse en el futuro. Una reforma educativa constituye una gran responsabilidad y es fundamental que su elaboración esté impregnada de ética política. Ahora están en las aulas los legisladores del mañana y es imprescindible que la Ética ocupe un lugar destacado en su formación. Porque, efectivamente, ella es la madre de todas nuestras posibilidades de futuro.

miércoles, 16 de enero de 2013

DIBUJOS DE PENSAMIENTO





Vemos cómo se gobierna con la razón estratégica, cuya virtud es la astucia; no con la razón moral, cuya virtud es la justicia.


Mientras se decide o no el rescate económico la verdadera prioridad es el rescate ético. Aquí no se aguanta más el hedor.


Quien se pregunta ¿para qué la enseñanza y la sanidad públicas? ha olvidado lo que significa ciudadanía.

martes, 12 de junio de 2012

AMPLIACIÓN O PROGRESO


En una entrevista reciente, preguntaron a Antonio López si el Arte había progresado. Él contestó:

-          El Arte no ha progresado porque el hombre tampoco ha progresado. El hombre del siglo XXI en esencia no es mejor al de la Grecia de Sócrates o al de los egipcios. Lo que ha hecho el hombre es ampliarse.

El gran maestro hace una profunda apelación a la construcción ética del ser humano, que parece estancada a lo largo de la historia aunque se amplíen los horizontes del conocimiento, pero también hace un retrato de nuestra situación actual.  Y es que los españoles vivimos en un país ampliado, tal vez hasta el extremo grotesco de los espejos de feria, en el que hemos confundido con progreso lo que no era más que una sobredimensión de medidas.

La muestra más clara es el último informe de UNICEF,  Estado de la infancia en España 2012, del que ya se hizo eco Escuela. Es tan impactante que no puede pasar como uno más entre tantos. Es necesario que hablemos de él y que sus datos se consideren una vergüenza pública.

UNICEF nos dice que el 26% de los niños españoles –  ¡la cuarta parte!- son pobres. Los responsables del informe nos recuerdan qué significa ser un niño pobre: comer poco y mal, estar expuesto a enfermedades y falta de higiene, pasar frío, sufrir el deterioro de la convivencia familiar, dormir hacinado, aprender en la calle. Pobreza significa que no hay para gastar en libros, ni en ocio ni en cultura. Que el niño puede ser desalojado de su vivienda, cambiar de ciudad y de país, estar abocado a la desestructuración familiar, a la degradación de su entorno.

Y esto le sucede a 26 de cada cien niños en España. Para corroborar la teoría de la ampliación frente al verdadero progreso, UNICEF nos dice que 17 de cada cien viven en la pobreza crónica, ante nuestra indiferencia, en un país que asiste muy ufano a las reuniones del G-20.

Pero aún hay más. Si cada españolito que venía al mundo hace unos decenios traía la marca indeleble del pecado original, ahora trae una deuda de 15.570 euros, contraída a base de que entre todos paguemos embajadas autonómicas, aeropuertos de pega y retiros millonarios. Además, la inequidad, medida según el número de veces que los ingresos medios del 20% de la población más rica supera a los del 20% de la población más pobre, ha aumentado en España al 6,9. Tal vez este aumento de la desigualdad social sea el dato más preocupante, porque sobre él inciden directamente los recortes en educación.

La propia UE dice que "los recortes en los presupuestos de educación amenazan con socavar el potencial de crecimiento de la economía y la competitividad". Cuanta menos educación, más pobreza, en suma. Sin embargo, este ha sido el curso de los recortes hasta niveles inimaginables. Ha sido también el curso en que la desmoralización ha sobrevolado las aulas aunque los profesores no hayan olvidado que la esencia de su trabajo permanece viva en la relación con sus alumnos. Por eso precisamente, estos han progresado.

Nuestro país no necesita más ampliación sino un verdadero progreso que afecte, como dice Antonio López, a la esencia, a la construcción ética personal y social. Y en este progreso, la enseñanza pública cobra su pleno sentido porque garantiza la igualdad de oportunidades, cumple el derecho constitucional a la educación y mantiene viva la esperanza de la equidad. La apuesta por ella es la única posibilidad de verdadero progreso.

Los niños pobres. Son solamente tres palabras, pero al pronunciarlas parece que viajamos al tiempo de Galdós y acompañamos a Fortunata a hacer caridad por las corralas, ¿verdad? Duele reconocer que no hayamos progresado apenas nada desde entonces.

Es posible que cuando acabe la crisis hayamos ampliado de nuevo nuestras dimensiones sin avanzar hacia el futuro. Nos merecemos salir de este túnel, pero no podremos hacerlo por donde entramos. Tendremos que encontrar otra salida más digna, más humana, en la que unas cifras tan sobrecogedoras como los indicadores de pobreza del informe UNICEF actúen como revulsivo para los ciudadanos, los poderes económicos y los gestores políticos.

Mientras encontramos esa salida, gracias a todos los docentes porque en este curso tan convulso han mantenido activa y en progreso la ética esencial de esta profesión digna, la más progresista de todas.