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Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



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miércoles, 17 de mayo de 2017

A FLOTE



Presenciamos en torno a nosotros un inmenso naufragio de la ética política. Si Hércules, para limpiar los establos del rey Augias – que acumularon durante años los excrementos de quinientos doce toros- tuvo que desviar el curso de varios ríos, nosotros, para arrastrar la suciedad sin fondo que hoy nos rodea, tendremos que cambiar nuestros modos de país de pícaros. Porque quien roba a los ciudadanos no es un pícaro sino un delincuente, y porque esos ríos desnaturalizados por culpa de la corrupción pueden ser- están siendo ya - las instituciones de nuestra democracia.

Creo que todos nos sentimos desorientados. Más que nunca necesitamos señales para distinguir, en todo este caos, a quienes muestren algo de seriedad y tengan palabra. Qué antigua se ha quedado esta expresión, por cierto. Qué insólito es que lo que se promete se cumpla. Y sin embargo no hay lugar para bromas: si la ética no rige el uso que los políticos hagan de nuestra confianza, depositada en ellos a través de los votos, no habrá futuro. Así de claro.

Todo este panorama desolador lo es mucho más cuando se contempla desde la escuela. Si estás en la urbe, porque la suciedad y el abandono te recuerdan constantemente que había que recortar en limpieza y asfalto para llevárselo más crudo; si estás en el pueblo, porque los campos se malvendieron y tal vez lo que divisas ahora desde el patio del cole es el inmenso fantasma de un aeropuerto.

Si te apartas de la ventana de clase y miras hacia adentro, notas la ausencia del profesor enfermo cuya baja no se ha cubierto; ves la puerta cerrada del aula de compensatoria; los carteles bilingües de lo que fue en tiempos el aula de enlace. Por supuesto, los alumnos a quienes estaban destinados esos apoyos, siguen ahí, más perdidos. Los políticos robaban, claro, por eso no hubo dinero para ampliar la red de banda ancha, para pagar el verano de los profesores interinos, para otorgar licencias por estudios, para extender las pizarras digitales, para renovar el mobiliario escolar…

Robaban como fieras, compulsivamente, mientras nosotros dábamos clase de ética y ciudadanía. Pero seguíamos allí, impertérritos, explicando a los alumnos qué son el honor y la justicia, porque la escuela es el lugar natural para aprender lo relacional y social, y por tanto la ética ciudadana y democrática. Los chicos entendían los conceptos y hasta se aventuraban a ponerlos en práctica, el truco era no buscar ningún modelo de conducta que pudiera salir en el telediario.

La corrupción duele más desde la escuela porque ella es el santuario de la ética. Y duele en los claustros, tan castigados por los recortes, porque los guardianes del santuario somos, qué cosas, los humildes profesores y maestros.

La dignidad de la docencia estriba sobre todo en su condición de profesión esencialmente ética. Hay facetas vitales en las que podemos dedicarnos a acompañar el verbo ser con sustantivos. En ellas, todo brota desde ese fundamento: soy madre, soy joven… Sin embargo, en el ámbito profesional es frecuente conjugar el verbo ser con adjetivos: soy puntual, soy competente… Pues bien, la docencia es sustantiva. Se es maestro. Ineludiblemente. Dentro y fuera del aula.
Siempre me ha gustado observar las particularidades de nuestra ética profesional. Por ejemplo, tengo la certeza de que un profesor que esté esperando a que el semáforo se ponga en verde y vea a un niño en la acera de enfrente esperando también, no cruzará la calzada en rojo aunque no vengan coches. ¿Es irrelevante? No; es la asunción completa de un requisito profesional y personal: la ejemplaridad.  

Mientras dura su camino común, cada profesor es un referente ético para cada alumno; por su parte todos los alumnos son apelaciones a la excelencia moral para el maestro. La tarea docente transmite el mundo para que pueda ser mejorado por la generación siguiente, que a su vez habrá de transmitirlo. Y ese avance, durante el cual las generaciones se suman, es profundamente, dignamente humano. Quienes desempeñan la docencia deben conocer y aceptar su dimensión ética, una de las más exigentes de todas, en una profesión que, paradójicamente, carece de código deontológico.


Cuando todo naufraga, la escuela como paradigma de la personificación sigue a flote, por eso clamamos por la presencia política y social de la ética. O nos robarán el futuro.

Artículo escrito para el periódico Escuela.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Un grupo cualquiera de Whatsapp...





-Por fin voy a estar en primero de Primaria. Me encanta ese curso. ¡Es el de enseñar a leer! Siempre me ha parecido que hay pocos honores semejantes en la vida de una persona. No creo que haya ninguna otra profesión en la que se signifique tanto para tantas personas a la vez y durante un periodo de tiempo tan prolongado. Esto de la docencia es una maravilla.

-Yo no tengo ni idea de a dónde voy. No han salido aún las vacantes pero me temo lo peor. Tiene guasa que con una nota cercana al 9 en las oposiciones, me toque de nuevo la lista de interinos. Es que no han salido apenas plazas y llevamos así no sé cuántos años. Desde el aula sabemos bien cuánta falta hace aumentar el número de profesores.

-No puede ser. ¡Si eres la mejor maestra del mundo! ¡Si nos has dado lecciones a todos!

-Pues ya ves, compañero. Atraer a los mejores profesionales a la docencia, lo llaman. Y luego te examinan con un sistema que debió de inventar Napoleón.

-Oye, que los de primero son veinticinco y seis vienen sin escolarizar. ¡Madre mía! Los de Infantil suben en plan nubosidad variable: algunos leyendo, otros aún dando sus primeros pasos… Seis sin escolarización previa me parecen demasiados. No tenemos profesores de apoyo. Lo suyo sería desdoblar pero…

-Eh, compañeros, no admito quejas. A sexto acaban de llegar dos niños que no hablan castellano y a los que la comisión de escolarización ha enviado aquí en vez de a un aula de enlace. Y la prueba CDI está asomando ya los bigotes.

-Pero tú tienes profesor de compensatoria en el centro, ¿no?

-Relativamente. Se van a casar dos compañeras con dos semanas de diferencia. Dos permisos justos, pero como la administración, aunque autorice estas ausencias, no manda sustitutos, el profe de compensatoria tendrá que estar un mes como tutor de esas dos clases. Cuando queramos atender a estos chicos estaremos preparando la función de Navidad.

-Ya veo que cunde el desánimo.

-¿Desánimo? ¡No! Estamos poniendo en marcha el aprendizaje por proyectos. Nos matamos a reuniones de coordinación pero estamos entusiasmados. Nos han contagiado las de Infantil y vamos a ponernos las pilas en todo el colegio.

-Nosotros estamos aplicando ya el aprendizaje cooperativo. Es un cambio de mentalidad, nos empuja a hacer cosas que nunca habíamos hecho pero como la tarima ya murió hay que convertirse en profesionales de los nuevos tiempos.

-Nosotros también innovamos. Y acogemos, compartimos, reímos, sufrimos. Este año el objetivo es incorporar más y mejor a las familias. Y lo vamos a conseguir.

-Oíd, Primaria, desde el Instituto os apoyamos. A ver si va a parecer que aquí no hay dificultades.

-La nueva Ley, ¿verdad?

-Sí, un caos organizativo y un curso cuyos días lectivos comienzan sin que haya habido tiempo material ni de elaborar los horarios. Mucha incertidumbre y pocas expectativas de que todo este esfuerzo de adaptación vaya a tener continuidad.

-¿Y los nuevos libros? ¿Los habéis visto? El salto entre los cursos LOE y los LOMCE es casi insalvable. ¿Qué vamos a hacer?

-Seguir a los chicos que nos han tocado en suerte, como siempre. Dar el callo nosotros y sacar de ellos todas sus posibilidades.

-Entonces, ¿tampoco hay desánimo en la ESO?

-Lo que hay es indignación, pero desánimo no. Aquí se trabaja con la esperanza.

-Yo mantengo la esperanza de que podamos seguir jubilándonos a los sesenta. Me encuentro cascadillo.

-Estás hecho un chaval, pero la renovación es necesaria siempre. Y en este gremio, más.

-¿Qué queréis que os diga? ¿Qué me hace ilusión que devuelvan la extra aquella del año catapún? Cuando cierro la puerta del aula no hay recortes. Ahora, en cuanto paro un momento veo hasta qué punto se ha castigado y se sigue castigando a la escuela pública. Ya sabéis dónde trabajo yo. Nos sentimos asfixiados, mi centro se va a terminar convirtiendo en una especie de “reserva” entre privilegiados.

-Falta consenso, la educación está dividida por la intervención política.  Hace falta un pacto sobre los requisitos mínimos para la mejora de la educación y un compromiso de mantener la estabilidad. Así encontraría de nuevo la escuela pública su papel de referencia.

-Pero mientras llega o no ese pacto, nuestro desafío, como cada septiembre, es ético e inapelable. El centro debe ser la unidad educativa por excelencia; nosotros como claustro, un referente personal y profesional; el equipo directivo, un catalizador de ideas. La respuesta está en todos nosotros.

-Y la daremos alta y clara, como siempre. ¿Quién lo duda?

-Suelto el móvil ya, que va a sonar el timbre de entrada. Allí veo a mis alumnos y alumnas de primero. Yo soy su maestra. Mantener a cada uno de estos niños concretos en el corazón del proceso educativo es mi gran reto de este curso y de siempre.

-Pues muy feliz curso nuevo, profe.

-Feliz curso nuevo a todos.

jueves, 6 de febrero de 2014

OPOSICIONES


 
Desde que el Estado señaló la cifra del 10% como tasa de reposición de efectivos docentes, la oferta de empleo público ha bajado hasta mínimos que ya, en muchas comunidades autónomas, equivalen a la desaparición. No se convocan apenas oposiciones a los Cuerpos Docentes, es un hecho.
El mecanismo es perverso: el Gobierno, con una ligereza inusitada y una falta de visión de futuro preocupante, no permite reponer nada más que una de cada diez vacantes del profesorado producidas por las jubilaciones, los traslados o los abandonos. Este 10% de la tasa de reposición es un porcentaje tan exiguo que no puede cubrir las necesidades mínimas del sistema educativo: ajustar las plantillas, renovar los efectivos y cubrir las vacantes. La mayoría de las comunidades autónomas afirman que para eso, nada y acumulan las plazas en una hipotética “buena oferta” posterior que permanece hasta ahora en el ámbito de los deseos.
Mientras tanto, la realidad de los centros y la legislación vigente obliga a cubrir las otras nueve vacantes, por supuesto, y el sistema se satura de profesorado interino, un colectivo necesario en su medida justa pero, no lo olvidemos, vulnerable y en situación de precariedad laboral, cuya legítima aspiración es consolidar su empleo y por eso se acercó a la función pública.
Desde que no se convoca suficiente oferta de empleo público docente, en comunidades autónomas como Extremadura, por ejemplo, se ha duplicado la tasa de interinidad. En Cantabria hay centros educativos en los que cada año toda la plantilla es completamente nueva y algún profesor me ha llegado a decir: “el primer día no sabemos ni siquiera dónde se encienden las luces.” ¿Es compatible esta situación con la promulgación y desarrollo de una ley que lleva en su título las palabras “mejora de la calidad”? Cuando las palabras “calidad educativa” llenan la boca de los responsables políticos y los titulares de prensa, hay que decir alto y claro que sin una amplia oferta de empleo público docente no hay calidad educativa posible.

Ante el hecho de que no se están convocando oposiciones en muchas comunidades autónomas, conviene hacerse algunas preguntas: ¿Supone esto un ahorro para la administración en momentos de obligado control del gasto público? No. Siguiendo la Directiva 1999/70/CE relativa al Acuerdo Marco sobre trabajo de duración determinada, los funcionarios interinos tienen que percibir las mismas retribuciones (sueldo, trienios, sexenios, complementos…) que los funcionarios de carrera y las plazas de docencia directa se tienen que cubrir para atender la demanda educativa. No hay diferencias económicas entre convocar y ejecutar oferta de empleo o seguir con interinos. Lo que hay es más empleos precarios y menos derechos, sencillamente.

Otra pregunta: ¿Merece la pena convocar oposiciones cuando se pueden ofertar tan pocas plazas? Claro que sí, aunque me consta que los representantes del profesorado a veces caemos en el error de firmar la no convocatoria. En primer lugar porque las personas que accedan a la función pública, sean las que sean, lograrán consolidar su empleo en momentos tan difíciles como estos; en segundo lugar porque no es de recibo que las administraciones autonómicas, a las que le viene de perlas ahorrarse los problemas técnicos de cada convocatoria, ignoren directrices de Estado ante el silencio de un Ministerio poco capaz de liderar y coordinar el marco de su responsabilidad. Tampoco es razonable la excusa de que se desordenan las listas de interinos porque, aunque haya que comprender las distintas situaciones del colectivo, lo que se está jugando el profesorado interino es nada menos que formar parte de la función pública, una aspiración a la que tiene derecho.
Voces interesadas parecen alertar a los interinos de los riesgos de convocar pocas plazas y les animan a aplaudir la falta de convocatoria sin hacerles comprender que prolongar su situación de precariedad es algo parecido a lo que suele llamarse “pan para hoy y hambre para mañana”. El profesorado interino debe estar informado de la auténtica verdad: se está fragilizando el empleo docente a sus expensas. Los interinos nunca podrán desaparecer porque siempre serán necesarias las sustituciones, pero debe ser un colectivo cuyo número se ciña a proporciones razonables para que la mayoría de las plantillas docentes estén ocupadas por miembros de la función pública. ¿Qué proyecto educativo, qué sentimiento de pertenencia a un claustro puede desarrollar quien cada nuevo curso cambia de destino? Y por otro lado, ¿qué garantías de permanencia tienen hoy los interinos?

Hay otra pregunta más, destinada al Ministerio de Educación y a las Consejerías: ¿Por qué no se puede gestionar la educación con sentido común? Es imprescindible que la oferta de empleo público docente reponga todas las plazas vacantes después de ajustar las plantillas y sacar todas las plazas a concurso de traslados. Es necesario abrir una horquilla de máximos y mínimos para la tasa de reposición que permita a las comunidades autónomas adecuarse a sus distintas realidades. El Ministerio debe coordinar y liderar la oferta de empleo y velar porque haya oposiciones en todas las comunidades. Convertir a los docentes en un colectivo más vulnerable aún es un error que puede costar muy caro al sistema educativo.

viernes, 15 de marzo de 2013

La campaña de desprestigio






Comparto de principio a fin esta nota de prensa que ha enviado ANPE Madrid y por eso quiero compartirla con vosotros.


Prueba de conocimientos básicos en oposiciones al Cuerpo de Maestros 2011
ANPE-Madrid denuncia una campaña sistemática de desprestigio del profesorado de la enseñanza pública

ANPE-Madrid manifiesta su indignación ante la actitud de la Consejería de Educación, Juventud y Empleo, que ha dado a conocer, a través de los medios de comunicación, un _informe_ con presuntos datos sobre las oposiciones al Cuerpo de Maestros 2011, más de un año después de celebradas las oposiciones, que somete al escarnio público a los aspirantes y, de paso, a toda la profesión docente, con la sola finalidad de justificar la modificación de la regulación de las listas de interinos, consistente en excluir a los docentes interinos con experiencia y formación.

Con los nuevos criterios, las listas de interinos quedarán reducidas a la mínima expresión y serán insuficientes para cubrir las necesidades del sistema.

La pretendida contratación de los mejores profesores, que según la Consejería son exclusivamente quienes aprueban la oposición, no se corresponde con la intención de excluir de las listas de interinos a aquellos docentes de experiencia acreditada, un aspecto muy valorado en otras profesiones, y cuyo desempeño ha sido totalmente satisfactorio, pero que la Consejería considera un demérito. El actual sistema de composición de las listas de interinos es un modelo en otras comunidades autónomas, pues conjuga de forma equilibrada nota de oposición, experiencia docente y formación.

Se trata de un nuevo recorte _encubierto_ en la educación madrileña, pues los profesores con mayor antigüedad devengan derechos económicos y laborales que la Consejería de Educación, Juventud y Deporte no quiere asumir, pues la mayor parte de los profesores interinos serán nombrados discrecionalmente por la Administración educativa, sin ningún control por parte de las organizaciones sindicales y con criterios desconocidos.
La difusión del informe supone una carga de profundidad a la preparación y capacidad de los aspirantes de la docencia en la Comunidad de Madrid, y pone bajo sospecha, por extensión, a la totalidad del profesorado de la enseñanza pública.

El impacto mediático de la noticia y el efecto demoledor que ejerce sobre el prestigio de los docentes responden a una estrategia meticulosamente diseñada y secuenciada, con el fin de trasladar a la sociedad mensajes corrosivos sobre los profesionales docentes y sembrar inquietud en las familias, respecto a quiénes tienen en sus manos una tarea tan delicada como es la educación de niños y jóvenes. La finalidad última de dicha campaña parece responder a un plan para precarizar el empleo público docente, en beneficio de otros intereses.

La consejera parece olvidar que la Comunidad de Madrid ocupa un lugar de relevancia en los últimos informes educativos internacionales, cuyos resultados sitúan a nuestros escolares por encima de la media de la OCDE, y que, cuando esta información ha salido a la luz, también ha olvidado reconocer públicamente el esforzado, continuo y callado trabajo de los docentes. Algún conocimiento y competencia profesional tendrán los profesores madrileños, cuando los alumnos alcanzan tales resultados.
Olvida asimismo que, para la sociedad, el profesorado, un colectivo que cuenta con un alto porcentaje de docentes interinos, está a la cabeza entre las profesiones más valoradas, según el último avance de resultados del barómetro del CIS correspondiente a febrero, en contraposición a quienes en el mismo barómetro quedan retratados como el tercer problema para los ciudadanos.
La aparición de este informe en los medios de comunicación, con efectos sensacionalistas, es una cortina de humo para distraer a la opinión pública de los verdaderos problemas de este país, muchísimo más graves que la supuesta falta de cualificación de los docentes, asuntos sobre los que no vemos el mismo empeño en la búsqueda de soluciones por parte de quienes nos gobiernan.

En Madrid, llueve sobre mojado. Después de habernos llamado _vagos_ y _privilegiados_ el curso pasado, ahora nos tildan de ignorantes.
No rehuimos el debate sobre la mejora de la formación inicial del profesorado _que además consideramos imprescindible_  y su acceso a la docencia, un asunto que debe ser uniforme en todo el Estado y resuelto en el marco del diálogo y de la negociación y que, una vez establecido, debe ser objeto de adaptación en las comunidades autónomas. Pero la Comunidad de Madrid ha desoído las peticiones de las organizaciones sindicales de esperar a tener un marco regulador estatal.

ANPE-Madrid rechaza la campaña sistemática de desprestigio del profesorado emprendida por la Consejería de Educación, Juventud y Empleo, y exige un desagravio a la profesión docente en su totalidad, ya que esta forma de proceder no solo siembra desconfianza en la sociedad, sino que además retrata a quien la practica, y el profesorado madrileño merece unas autoridades educativas que estén a su altura.
ANPE-Madrid, 13 de marzo de 2013

jueves, 26 de enero de 2012

Oposiciones


El resultado de la Conferencia Sectorial de Educación muestra por segundo año consecutivo y a pesar del vuelco político, un espectro dividido de comunidades autónomas que van a convocar oferta de empleo de manera irregular, sin aunar criterios y creando serios agravios comparativos entre los aspirantes.

Sin embargo, es imprescindible que en educación consigamos
- Aumentar la dotación de recursos humanos como factor esencial de calidad para lograr la mejora del rendimiento escolar.
- Transformar el empleo precario en empleo fijo para asegurar la estabilidad de las plantillas.
- Ajustar las plantillas a las necesidades de especialización de los Cuerpos docentes.

Las limitaciones que establece la Ley de Presupuestos del Estado referidas a la tasa de reposición de efectivos no tienen en cuenta que la educación es un servicio esencial, y que las jubilaciones ordinarias y las anticipadas que han finalizado este año requieren cubrir un mayor número de plazas que en los años precedentes.
 Los propios políticos reconocen que no se trata de ahorrar porque los sueldos se pagan a interinos y funcionarios. Entonces, ¿cuál puede ser el motivo para mantener la precariedad?

Es sencillo. Si no se convocan plazas de empleo público docente puede desaparecer el empleo de un gran número de profesores interinos con los ajustes presupuestarios que se están llevando a cabo en la mayoría de las comunidades autónomas. Este efecto hemos podido presenciarlo ya de manera dramática durante el último curso. El profesorado interino está en grave riesgo de perder el puesto de trabajo si se siguen produciendo recortes en Educación. El único motivo para mantener la precariedad es, seguramente, facilitar el despido.

 Además, la falta de oposiciones garantiza la desmotivación del colectivo - ni siquiera entrarán nuevos profesores interinos - la continuidad de la precariedad laboral y la falta de futuro para miles de titulados universitarios. Además, dificultará avances en la calidad del sistema educativo, entre otros los anunciados por el Gobierno en relación a la regulación de un nuevo sistema de acceso a la función docente.

Las administraciones educativas deben ofertar el mayor número de plazas posible e informar de sus previsiones cuanto antes, ya que es inconcebible que los futuros opositores, en fase activa y decisiva de preparación, no conozcan aún la oferta de empleo público de su comunidad autónoma. Además, la oferta debe publicarse en todas las comunidades para garantizar la igualdad de oportunidades y evitar los desequilibrios que surgirán si unos territorios convocan oposiciones y otros no.

Y el Ministerio de Educación debe coordinar el proceso en todo el Estado, unificar criterios de interpretación legislativa y fomentar la oferta de empleo público entre todas las administraciones educativas. Es lo que le corresponde.