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Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



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martes, 26 de junio de 2018

"FLIPPED OPOSICIONES"







En estos días se celebran las oposiciones de Secundaria en la mayoría de las comunidades autónomas. Se ha anunciado a bombo y platillo el alarde de plazas ofertadas, que si bien es fotogénico como número global, no es para tanto cuando se desciende a los pormenores de las distintas especialidades, sobre todo en la Formación Profesional. Hay ramas de FP de las que no se ha convocado oferta en una década y se descuelgan ahora con 6 plazas para la Comunidad de Madrid.

Los opositores que concurren a la OEP de Secundaria y FP son titulados superiores que cuentan, en muchos casos, con una clara vocación docente; pero también se presentan personas con saber teórico o técnico que no poseen, sin embargo, habilidades pedagógicas y ven esta selección como una oportunidad laboral.

Para que la oferta de empleo público sea una verdadera selección de profesionales con actitud y aptitud para la enseñanza, deberíamos plantearlas de manera inversa, al modo de las novedosas “flipped classrooms”. Deberíamos invertir el orden de las pruebas, poner en primer lugar la presentación práctica de la programación y el desarrollo de una clase y luego, a quienes hubieran pasado con nota esa demostración de su capacidad de comunicación, de organización, de empatía y de saber estar, les cuestionaríamos la profundidad del conocimiento teórico. Serían las mismas pruebas, sí, pero en orden inverso, de tal manera que la aptitud pedagógica fuese la criba real, la eliminatoria.

No me parece tan descabellado. ¿Alguien se atreve a pensarlo?

domingo, 20 de septiembre de 2015

Un grupo cualquiera de Whatsapp...





-Por fin voy a estar en primero de Primaria. Me encanta ese curso. ¡Es el de enseñar a leer! Siempre me ha parecido que hay pocos honores semejantes en la vida de una persona. No creo que haya ninguna otra profesión en la que se signifique tanto para tantas personas a la vez y durante un periodo de tiempo tan prolongado. Esto de la docencia es una maravilla.

-Yo no tengo ni idea de a dónde voy. No han salido aún las vacantes pero me temo lo peor. Tiene guasa que con una nota cercana al 9 en las oposiciones, me toque de nuevo la lista de interinos. Es que no han salido apenas plazas y llevamos así no sé cuántos años. Desde el aula sabemos bien cuánta falta hace aumentar el número de profesores.

-No puede ser. ¡Si eres la mejor maestra del mundo! ¡Si nos has dado lecciones a todos!

-Pues ya ves, compañero. Atraer a los mejores profesionales a la docencia, lo llaman. Y luego te examinan con un sistema que debió de inventar Napoleón.

-Oye, que los de primero son veinticinco y seis vienen sin escolarizar. ¡Madre mía! Los de Infantil suben en plan nubosidad variable: algunos leyendo, otros aún dando sus primeros pasos… Seis sin escolarización previa me parecen demasiados. No tenemos profesores de apoyo. Lo suyo sería desdoblar pero…

-Eh, compañeros, no admito quejas. A sexto acaban de llegar dos niños que no hablan castellano y a los que la comisión de escolarización ha enviado aquí en vez de a un aula de enlace. Y la prueba CDI está asomando ya los bigotes.

-Pero tú tienes profesor de compensatoria en el centro, ¿no?

-Relativamente. Se van a casar dos compañeras con dos semanas de diferencia. Dos permisos justos, pero como la administración, aunque autorice estas ausencias, no manda sustitutos, el profe de compensatoria tendrá que estar un mes como tutor de esas dos clases. Cuando queramos atender a estos chicos estaremos preparando la función de Navidad.

-Ya veo que cunde el desánimo.

-¿Desánimo? ¡No! Estamos poniendo en marcha el aprendizaje por proyectos. Nos matamos a reuniones de coordinación pero estamos entusiasmados. Nos han contagiado las de Infantil y vamos a ponernos las pilas en todo el colegio.

-Nosotros estamos aplicando ya el aprendizaje cooperativo. Es un cambio de mentalidad, nos empuja a hacer cosas que nunca habíamos hecho pero como la tarima ya murió hay que convertirse en profesionales de los nuevos tiempos.

-Nosotros también innovamos. Y acogemos, compartimos, reímos, sufrimos. Este año el objetivo es incorporar más y mejor a las familias. Y lo vamos a conseguir.

-Oíd, Primaria, desde el Instituto os apoyamos. A ver si va a parecer que aquí no hay dificultades.

-La nueva Ley, ¿verdad?

-Sí, un caos organizativo y un curso cuyos días lectivos comienzan sin que haya habido tiempo material ni de elaborar los horarios. Mucha incertidumbre y pocas expectativas de que todo este esfuerzo de adaptación vaya a tener continuidad.

-¿Y los nuevos libros? ¿Los habéis visto? El salto entre los cursos LOE y los LOMCE es casi insalvable. ¿Qué vamos a hacer?

-Seguir a los chicos que nos han tocado en suerte, como siempre. Dar el callo nosotros y sacar de ellos todas sus posibilidades.

-Entonces, ¿tampoco hay desánimo en la ESO?

-Lo que hay es indignación, pero desánimo no. Aquí se trabaja con la esperanza.

-Yo mantengo la esperanza de que podamos seguir jubilándonos a los sesenta. Me encuentro cascadillo.

-Estás hecho un chaval, pero la renovación es necesaria siempre. Y en este gremio, más.

-¿Qué queréis que os diga? ¿Qué me hace ilusión que devuelvan la extra aquella del año catapún? Cuando cierro la puerta del aula no hay recortes. Ahora, en cuanto paro un momento veo hasta qué punto se ha castigado y se sigue castigando a la escuela pública. Ya sabéis dónde trabajo yo. Nos sentimos asfixiados, mi centro se va a terminar convirtiendo en una especie de “reserva” entre privilegiados.

-Falta consenso, la educación está dividida por la intervención política.  Hace falta un pacto sobre los requisitos mínimos para la mejora de la educación y un compromiso de mantener la estabilidad. Así encontraría de nuevo la escuela pública su papel de referencia.

-Pero mientras llega o no ese pacto, nuestro desafío, como cada septiembre, es ético e inapelable. El centro debe ser la unidad educativa por excelencia; nosotros como claustro, un referente personal y profesional; el equipo directivo, un catalizador de ideas. La respuesta está en todos nosotros.

-Y la daremos alta y clara, como siempre. ¿Quién lo duda?

-Suelto el móvil ya, que va a sonar el timbre de entrada. Allí veo a mis alumnos y alumnas de primero. Yo soy su maestra. Mantener a cada uno de estos niños concretos en el corazón del proceso educativo es mi gran reto de este curso y de siempre.

-Pues muy feliz curso nuevo, profe.

-Feliz curso nuevo a todos.

jueves, 6 de febrero de 2014

OPOSICIONES


 
Desde que el Estado señaló la cifra del 10% como tasa de reposición de efectivos docentes, la oferta de empleo público ha bajado hasta mínimos que ya, en muchas comunidades autónomas, equivalen a la desaparición. No se convocan apenas oposiciones a los Cuerpos Docentes, es un hecho.
El mecanismo es perverso: el Gobierno, con una ligereza inusitada y una falta de visión de futuro preocupante, no permite reponer nada más que una de cada diez vacantes del profesorado producidas por las jubilaciones, los traslados o los abandonos. Este 10% de la tasa de reposición es un porcentaje tan exiguo que no puede cubrir las necesidades mínimas del sistema educativo: ajustar las plantillas, renovar los efectivos y cubrir las vacantes. La mayoría de las comunidades autónomas afirman que para eso, nada y acumulan las plazas en una hipotética “buena oferta” posterior que permanece hasta ahora en el ámbito de los deseos.
Mientras tanto, la realidad de los centros y la legislación vigente obliga a cubrir las otras nueve vacantes, por supuesto, y el sistema se satura de profesorado interino, un colectivo necesario en su medida justa pero, no lo olvidemos, vulnerable y en situación de precariedad laboral, cuya legítima aspiración es consolidar su empleo y por eso se acercó a la función pública.
Desde que no se convoca suficiente oferta de empleo público docente, en comunidades autónomas como Extremadura, por ejemplo, se ha duplicado la tasa de interinidad. En Cantabria hay centros educativos en los que cada año toda la plantilla es completamente nueva y algún profesor me ha llegado a decir: “el primer día no sabemos ni siquiera dónde se encienden las luces.” ¿Es compatible esta situación con la promulgación y desarrollo de una ley que lleva en su título las palabras “mejora de la calidad”? Cuando las palabras “calidad educativa” llenan la boca de los responsables políticos y los titulares de prensa, hay que decir alto y claro que sin una amplia oferta de empleo público docente no hay calidad educativa posible.

Ante el hecho de que no se están convocando oposiciones en muchas comunidades autónomas, conviene hacerse algunas preguntas: ¿Supone esto un ahorro para la administración en momentos de obligado control del gasto público? No. Siguiendo la Directiva 1999/70/CE relativa al Acuerdo Marco sobre trabajo de duración determinada, los funcionarios interinos tienen que percibir las mismas retribuciones (sueldo, trienios, sexenios, complementos…) que los funcionarios de carrera y las plazas de docencia directa se tienen que cubrir para atender la demanda educativa. No hay diferencias económicas entre convocar y ejecutar oferta de empleo o seguir con interinos. Lo que hay es más empleos precarios y menos derechos, sencillamente.

Otra pregunta: ¿Merece la pena convocar oposiciones cuando se pueden ofertar tan pocas plazas? Claro que sí, aunque me consta que los representantes del profesorado a veces caemos en el error de firmar la no convocatoria. En primer lugar porque las personas que accedan a la función pública, sean las que sean, lograrán consolidar su empleo en momentos tan difíciles como estos; en segundo lugar porque no es de recibo que las administraciones autonómicas, a las que le viene de perlas ahorrarse los problemas técnicos de cada convocatoria, ignoren directrices de Estado ante el silencio de un Ministerio poco capaz de liderar y coordinar el marco de su responsabilidad. Tampoco es razonable la excusa de que se desordenan las listas de interinos porque, aunque haya que comprender las distintas situaciones del colectivo, lo que se está jugando el profesorado interino es nada menos que formar parte de la función pública, una aspiración a la que tiene derecho.
Voces interesadas parecen alertar a los interinos de los riesgos de convocar pocas plazas y les animan a aplaudir la falta de convocatoria sin hacerles comprender que prolongar su situación de precariedad es algo parecido a lo que suele llamarse “pan para hoy y hambre para mañana”. El profesorado interino debe estar informado de la auténtica verdad: se está fragilizando el empleo docente a sus expensas. Los interinos nunca podrán desaparecer porque siempre serán necesarias las sustituciones, pero debe ser un colectivo cuyo número se ciña a proporciones razonables para que la mayoría de las plantillas docentes estén ocupadas por miembros de la función pública. ¿Qué proyecto educativo, qué sentimiento de pertenencia a un claustro puede desarrollar quien cada nuevo curso cambia de destino? Y por otro lado, ¿qué garantías de permanencia tienen hoy los interinos?

Hay otra pregunta más, destinada al Ministerio de Educación y a las Consejerías: ¿Por qué no se puede gestionar la educación con sentido común? Es imprescindible que la oferta de empleo público docente reponga todas las plazas vacantes después de ajustar las plantillas y sacar todas las plazas a concurso de traslados. Es necesario abrir una horquilla de máximos y mínimos para la tasa de reposición que permita a las comunidades autónomas adecuarse a sus distintas realidades. El Ministerio debe coordinar y liderar la oferta de empleo y velar porque haya oposiciones en todas las comunidades. Convertir a los docentes en un colectivo más vulnerable aún es un error que puede costar muy caro al sistema educativo.

miércoles, 15 de febrero de 2012

"Y todo el esfuerzo que me pides, ¿para qué?"



La Defensora del Pueblo, María Luisa Cava de Llano, ha solicitado la inclusión del despilfarro de los bienes públicos como delito en el Código Penal, y lo ha argumentado en que los derroches de ayer están asfixiando hoy a los servicios esenciales: la Educación y la Sanidad.

He agradecido mucho a la señora Cava de Llano su firmeza frente a la pereza y la banalidad con que la mayoría de los españoles presenciamos ese guiñol carpetovetónico titulado: “Pero, ¿en qué se nos fue el dinero?”. Y es que nos estamos acostumbrando a ver la cabecera de los informativos como si fuera una de aquellas viejas películas de timadores de Tony Leblanc y Mariano Ozores, pero esta vez con el dinero de nuestros impuestos, de nuestros sueldos, de las prestaciones por desempleo y de las conquistas sociales.

La crisis está siendo amarga para la Educación. La enseñanza pública sufre brutales recortes en el número de profesores y en las retribuciones. Por segundo año consecutivo se congelan las oposiciones y surgen los temibles efectos colaterales de esta decisión: el aumento del desempleo por un lado y la vulnerabilidad del colectivo de interinos por otro.

Está por ver cómo sufrirán las retribuciones de los funcionarios durante ese “General Invierno” que se presagia para los próximos presupuestos generales del Estado.  Vamos a volver a la casilla de salida en las condiciones laborales que la negociación sindical mejoró en los últimos años: permisos, sustituciones, licencias, complementos retributivos…  Y a las familias se les venderán hasta la saciedad los beneficios de la enseñanza privada, con escasos resultados seguramente porque la crisis está afectando mucho a los bolsillos. Tanto que ya no hay espacio para la discusión entre las dos redes con la que nos gustaba perder el tiempo tontamente, en lugar de aunar esfuerzos.

De hecho, el propio Gobierno comprenderá enseguida que la dureza de los ajustes presupuestarios no es compatible con las modificaciones de calado en el sistema educativo. El Ministro tendrá que escoger entre recortes o reformas.

Entre todos tenemos que marcar un orden de prioridades sensato. No pueden tratarse de igual manera los recursos materiales y los recursos humanos, y si bien hay gastos que pueden suprimirse, los profesores y los programas educativos no.

En mi opinión no podemos consentir recortes en educación antes que en las partidas suntuarias porque “la gente” es nuestro recurso natural, y la educación, nuestra herramienta básica.

Tenemos que establecer un criterio de plantillas óptimas para los centros, de manera individualizada, porque no se puede mejorar el sistema educativo con más alumnos y menos profesores.

Deben convocarse oposiciones para cubrir las vacantes, estabilizar las plantillas, dar salida a los titulados universitarios y reducir el porcentaje de profesorado interino. De hecho, aumentando la precariedad será difícil plantear un nuevo sistema de acceso.

Deben mantenerse los programas educativos que garantizan la igualdad de oportunidades, piedra angular de nuestra estructura social. Es una locura que, por ejemplo, una comunidad como Baleares, cabeza de ranking en fracaso escolar, suprima los programas PROA.

Estas prioridades han de establecerse cuanto antes porque la enseñanza pública sigue cumpliendo la función social que está en su propia esencia y no puede perder. Los docentes tenemos que seguir trabajando con ganas por ella y por el futuro del alumnado y mirar a esta crisis como una oportunidad. Me preocupa mucho la desmotivación que empieza a cundir en los centros, como reflejo de la social. Es un peligro muy grave porque el pesimismo podría derrotarnos como un virus, desde dentro.

Habrá futuro y allí estaremos los profesores de la enseñanza pública. Con el cinturón apretado, como siempre; luchando, como siempre; convencidos y llenos de vocación, como siempre.

Pero no soy ilusa. A día de hoy, me preocupa qué puede responder un profesor al alumno que le pregunta: “Y todo el esfuerzo que me pides, ¿para qué?”

Por supuesto, hay una respuesta personal, ética. Y, aunque no sea fácil en una situación como esta, la apuesta por la formación siempre es acertada y facilita las oportunidades.

Pero en realidad esta pregunta nos la estamos haciendo todos y va dirigida a la gestión política. Quienes deben contestar están ya elegidos. La respuesta debe ser efectiva socialmente y moralmente ejemplar. Solamente así comprenderemos por qué nuestra aportación a la salida de la crisis, como ciudadanos, tiene que consistir en un sacrificio del bienestar conseguido hasta ahora.



jueves, 26 de enero de 2012

Oposiciones


El resultado de la Conferencia Sectorial de Educación muestra por segundo año consecutivo y a pesar del vuelco político, un espectro dividido de comunidades autónomas que van a convocar oferta de empleo de manera irregular, sin aunar criterios y creando serios agravios comparativos entre los aspirantes.

Sin embargo, es imprescindible que en educación consigamos
- Aumentar la dotación de recursos humanos como factor esencial de calidad para lograr la mejora del rendimiento escolar.
- Transformar el empleo precario en empleo fijo para asegurar la estabilidad de las plantillas.
- Ajustar las plantillas a las necesidades de especialización de los Cuerpos docentes.

Las limitaciones que establece la Ley de Presupuestos del Estado referidas a la tasa de reposición de efectivos no tienen en cuenta que la educación es un servicio esencial, y que las jubilaciones ordinarias y las anticipadas que han finalizado este año requieren cubrir un mayor número de plazas que en los años precedentes.
 Los propios políticos reconocen que no se trata de ahorrar porque los sueldos se pagan a interinos y funcionarios. Entonces, ¿cuál puede ser el motivo para mantener la precariedad?

Es sencillo. Si no se convocan plazas de empleo público docente puede desaparecer el empleo de un gran número de profesores interinos con los ajustes presupuestarios que se están llevando a cabo en la mayoría de las comunidades autónomas. Este efecto hemos podido presenciarlo ya de manera dramática durante el último curso. El profesorado interino está en grave riesgo de perder el puesto de trabajo si se siguen produciendo recortes en Educación. El único motivo para mantener la precariedad es, seguramente, facilitar el despido.

 Además, la falta de oposiciones garantiza la desmotivación del colectivo - ni siquiera entrarán nuevos profesores interinos - la continuidad de la precariedad laboral y la falta de futuro para miles de titulados universitarios. Además, dificultará avances en la calidad del sistema educativo, entre otros los anunciados por el Gobierno en relación a la regulación de un nuevo sistema de acceso a la función docente.

Las administraciones educativas deben ofertar el mayor número de plazas posible e informar de sus previsiones cuanto antes, ya que es inconcebible que los futuros opositores, en fase activa y decisiva de preparación, no conozcan aún la oferta de empleo público de su comunidad autónoma. Además, la oferta debe publicarse en todas las comunidades para garantizar la igualdad de oportunidades y evitar los desequilibrios que surgirán si unos territorios convocan oposiciones y otros no.

Y el Ministerio de Educación debe coordinar el proceso en todo el Estado, unificar criterios de interpretación legislativa y fomentar la oferta de empleo público entre todas las administraciones educativas. Es lo que le corresponde.