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Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



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sábado, 30 de marzo de 2019

Formación Profesional




                                             IES Francisco Tomás y Valiente, referencia en la FP de Madrid.


Seguramente nunca conseguiremos un Pacto por la Educación, pero el panorama que salga de las urnas deberá lograr acuerdos que consoliden algo de estabilidad para el periodo formativo de los niños y jóvenes.

En los extremos del arco académico, la Educación Infantil y la Formación Profesional conforman los pilares del éxito total de un sistema educativo. Los países más avanzados de Europa supieron verlo hace décadas y todavía lo entienden del mismo modo: invertir en ambas es abrir ventanas hacia un mejor futuro. Concederles la máxima relevancia es acertar.

Posiblemente el acuerdo más factible sería el que pusiese en valor para los próximos años la Formación Profesional. Así nos lo demandan los elevados índices de desempleo juvenil, pero también la necesidad de aumentar la cualificación profesional en un mercado cuyos requisitos para el empleo están en continuo cambio. Parece mentira que todavía hoy poseamos una de las tasas más elevadas de Europa en graduados universitarios y de las más bajas en titulados de FP. Parece mentira que hablemos con la boca pequeña de unos estudios superiores que son superiores a todos los efectos. Y que sigamos obligando a que centros cuyo profesorado y objetivos son excelentes clamen por los medios adecuados para mantenerse en vanguardia. 

Las titulaciones de Formación Profesional garantizan desarrollo, productividad y mejora del empleo. Deberían ser valoradas por las familias y convertirse en uno de los elementos fundamentales de las políticas de educación.
A ver...


jueves, 7 de enero de 2016

ESCUELA ADENTRO


 
 
Comienza un trimestre que, por capricho del calendario, será muy corto. Los alumnos llegan de nuevo, como las olas tras las olas, para renovar el milagro que cada jornada amanece escondido, escuela adentro.

Los profesores nos saludamos con alegría. El síndrome postvacacional no es –salvo en ciertos casos- demasiado dramático en la docencia: “¿Has pasado buenas fiestas? ¿Cómo ha ido todo?” Nos ponemos al día someramente, antes del timbre o a la hora del recreo, y vamos hablando de esto y lo otro: de todo menos de política. En parte, para mantener una neutral concordia entre nosotros; en parte para devolver a la clase dirigente su silencio sobre los temas educativos y la indiferencia – cuando no el desprecio y la ignorancia- que ciernen sobre nosotros.

Hace ya años se empezó a clamar por la necesidad de un pacto en educación.  Posiblemente, la idea surgió a partir de la certeza de que o había acuerdos, o cada cuatrienio estrenaríamos una ley educativa nueva, cada vez más restrictiva- por ajustada al criterio de un solo partido- que la anterior. En este tiempo ni los sindicatos, ni los sabios, ni la prensa, ni los profes hemos logrado que se establezca algún acuerdo. Incluso ahora que los políticos se ven obligados a dialogar para constituir Gobierno, cunde el desánimo ante la certeza de que la educación no está entre sus prioridades. Desde el comienzo de este siglo, solo en la vocación de los docentes y en su empeño por mantener la moral alta ha sido la escuela constante. En todo lo demás, hemos vivido cien vidas distintas. Como nadie en Europa y como nunca en la breve trayectoria de nuestra enseñanza reglada.

En las cuatro últimas legislaturas, la política de educación ha sido errática: leyes elaboradas contra reloj y derogadas en el primer acto de otro gobierno; la muerte prematura de una propuesta de pacto que hubiera podido rearmar a la comunidad educativa cuando ya golpeaba la crisis; ajustes del presupuesto indiscriminados, especialmente duros con lo más valioso, como si en vez de recortar, amputaran; una LOMCE fabricada por algún experto en otra cosa; el enfrentamiento intencionado entre redes educativas para que cada iniciativa a favor de la escuela concertada, que goza ya de muchos privilegios, implique perjuicio para la pública… En resumen, más de quince años de incapacidad en la gestión; intereses ocultos y discordia. Los políticos siguen atrapados por la agonía de un presente que deben aprovechar al máximo; tal vez por eso no saben hacer planes de futuro y les resulta tan difícil mantener la honestidad.

A día de hoy, la única salida a la situación que algunos denominan banalmente “el problema educativo” está en la escuela misma. Los docentes ya se están dando cuenta, de ahí las iniciativas que comienzan a despertar. A favor de ellas, yo lanzaría un único ruego a los políticos que toman su lugar en el nuevo escenario. Es un ruego concreto, nada complejo de efectuar: por favor, mientras ustedes abordan los grandes temas y deciden lo que van a hacer, suspendan la burocracia que asfixia las escuelas. Repito: cancelen el papeleo, por favor. Eso de momento. Luego ya vamos hablando.

Es que empieza a causarnos desesperación lo de escribir pormenorizadamente folios y folios que nadie va a leer. Los profesores tenemos muchísimo trabajo y queremos realizarlo con autonomía y libertad, en el marco de nuestros centros. La burocracia es un esfuerzo inútil, y esta certeza se edifica sobre una reflexión profesional. Porque, en el paisaje modesto de las aulas, bajo la pizarra digital o la pizarra verde, todos sabemos que las leyes, con su cohorte de papeleos,  constituyen buena parte del “problema educativo”. Y que la matriz real de la educación se encuentra en la actitud de los alumnos, la capacidad, iniciativa y formación de los docentes, la unión del claustro y la colaboración de las familias.

Escuela adentro, enero trae consigo a pesar de todo una inagotable fuente de esperanza: la gente joven que empieza a pensar y sentir - como nosotros a su edad- que todo es posible. Son los alumnos quienes poseen la fuerza para encarar el futuro. Somos los profesores quienes nos rearmamos cada mañana para enseñar lo mejor que sabemos y trabajamos en la construcción de un gran legado. Y es la comunidad educativa plena quien mantiene el ánimo alto con el roce de la juventud y es capaz de llevar a un centro en volandas durante cada curso.

Así que, a riesgo de resultar tan machacona como una maestra, repito: señores políticos, sus dictámenes y leyes son solo una parte pequeña de la vida de los centros. En lo que queda de este curso, el que viene y siempre, dejen hablar libremente a las aulas. Y si dentro de unos meses han sido capaces de establecer los primeros pasos para un acuerdo en educación alejado de lo inmediatamente político y cercano a las necesidades de las aulas, tal vez incluso puedan dejar, ustedes también, un legado reconocible.

martes, 24 de junio de 2014

Tres de cada diez de nuestros alumnos viven bajo el umbral de la pobreza


El informe anual de UNICEF desvela una realidad que los docentes conocemos muy bien: un 27% de los niños españoles viven por debajo del umbral de la pobreza. La cifra es tan escandalosa que hay que repetirla para creerla: casi tres de cada diez niños españoles malviven, pasan hambre a diario y frío durante nueve meses del año, sufren falta de higiene, están expuestos a enfermedades, a abusos y desamparo. Eso significa vivir bajo el umbral de la pobreza. 
Hay miles de docentes implicados en esta realidad, muchos de ellos en la enseñanza pública. Los hay pagando de su bolsillo becas de comedor, comprando libros, colaborando voluntariamente, pero su voluntad de servicio no puede ocultar la realidad: el Estado está devorando a la sociedad a la que sirve para garantizar su supervivencia como estructura. Es impresentable que estén desapareciendo los servicios sociales mientras se mantiene vivo el artificio de los gastos suntuarios, y que los responsables públicos sirvan- BOE en mano- a los propietarios del dinero, y permanezcan ajenos a la realidad social que se sitúa bajo ellos. Alguien debería advertir a los políticos que cuando ese Estado gigantesco devore por completo a la sociedad, su función habrá terminado. Y entonces será inservible para los dueños del dinero, y desaparecerá también. 
Lamento el tono apocalíptico de este post pero es que el informe de UNICEF me ha indignado. La única manera de progresar es actuar contra este avance dramático de la pobreza, con acciones individuales, por supuesto, pero sobre todo como sociedad y como Estado. 
Reproduzco ahora la información del periódico El Mundo. Al final está el enlace para firmar la iniciativa de UNICEF sobre un Pacto de Estado por la Infancia.
Un país con menos niños cada año y esos niños cada vez más pobres. Un país donde la intervención del Estado no es capaz de atajar la pobreza infantil. Un país donde 2.306.000 niños (un 27% de la infancia) viven bajo el umbral de la pobreza. ¿Un país con futuro?
El informe anual de Unicef pinta un escenario repleto de desigualdades en España que desvela la incapacidad del Estado para proteger a los niños y la brusca reducción de los recursos destinados a la infancia. De esta forma, España es el segundo país de la Unión Europea, tan solo superado por Grecia, en el que menos capacidad tiene la intervención del Estado (mediante transferencias sociales) para reducir la pobreza: sólo 6,9 puntos frente a otros países como Irlanda que llegan a reducirla en 32 puntos.
En un informe de la Comisión Europea realizado por expertos independientes se asegura que "la situación en Rumanía, España, Bulgaria, Grecia e Italia es particularmente preocupante. De hecho, estos países combinan las tasas más altas de pobreza infantil (entre el 26 y 35%) y el más bajo impacto de las ayudas sociales sobre ellas (del 16 al 35%)".
Si se lograron ciertas mejoras hasta el año 2010, el vendaval de la crisis se ha llevado por delante, en los últimos tres años, 6.370 millones de euros de la dotación presupuestaria destinada a la infancia. De tal forma que el torbellino de la recesión ha golpeado mucho más fuerte a las familias con hijos que a las que no los tienen. De hecho, en un millón de familias con niños todos los adultos están desempleados, una cifra de hogares que se ha triplicado desde 2007.

Falta de solidaridad institucional

Unicef da un tirón de orejas a las administraciones públicas por cruzarse de brazos ante esta situación y no echar apenas ningún capote a las familias en apuros. Mientras la crisis ha demostrado la enorme capacidad solidaria de las familias (muchas de ellas sostenidas únicamente con las pensiones de los abuelos), esta solidaridad no se ha visto reflejada en ningún momento en la atención social y en la inversión pública de las administraciones.
La CE advierte: 'la situación en Rumanía, España, Bulgaria, Grecia e Italia es preocupante'
No sólo no hay ayudas, sino que, según los economistas Olga Cantó y Luis Ayala, autores de una investigación promovida por Unicef, "el sistema español de impuestos y prestaciones ha sido tradicionalmente uno de los menos efectivos en redistribuir las rentas familiares de toda la Unión Europea".
El informe destaca que en España el esfuerzo en ayudar a las familias con hijos es el más bajo de toda la Unión Europea y sólo representa el 0,5% del PIB frente al 1,4% de la media europea.
Para reducir la pobreza infantil, según las investigaciones de Cantó y Ayala, una de las herramientas más efectivas son las ayudas económicas directas a las familias con niños: "De los 27 países de la UE sólo seis no cuentan con un sistema universal de prestaciones por hijo a cargo, entre ellos España, y todos ellos están entre los 10 países con mayores tasas de pobreza infantil".

Pacto de Estado

Para Unicef es necesario un cambio de tendencia y un Pacto de Estado por la Infancia que luche contra la pobreza infantil y la inclusión social de la infancia, con medidas como establecer una ayuda universal por hijo a cargo de 1.200 euros anuales, al igual que sucede en muchos otros países europeos. También reclama una apuesta decidida por una educación de calidad que incluya propuestas contra las fuertes tasas de abandono y fracaso escolar que hay en España.
La ONG lanza así una llamada de atención ante el peligro de que se empiece a instalar la percepción de que los niños molestan, de que en la crianza no hay ningún reconocimiento social sino un castigo o de que tener hijos conlleva grandes obstáculos en la carrera profesional y una sobrecarga de responsabilidades.
Unicef quiere además combatir la idea de que la pobreza de los niños es exclusivamente responsabilidad de su familia. A su juicio, "el Estado también debe implicarse en el bienestar y los derechos de los niños porque los niños son, también, un asunto de Estado".