BIENVENIDOS

Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



lunes, 9 de mayo de 2022

El teletipo


                                                                                                                                                Foto: EFE


El teletipo de la Agencia EFE que acompaña la fotografía de este artículo dice literalmente: “Un joven trabajador paquistaní duerme una siesta durante un descanso en una fábrica a las afueras de Islamabad, Pakistán, hoy martes 30 de abril. Varias organizaciones de trabajadores han organizado eventos para mañana en todo Pakistán para destacar los problemas laborales a los que se enfrenta el país, con motivo del Día Internacional de los Trabajadores.”

“Un joven trabajador pakistaní…” Pero en realidad es un niño y debería estar en el colegio, aprendiendo a leer, a escribir, a pensar, a distinguir el trabajo de la explotación, la dignidad de la miseria, la libertad de la esclavitud.

“…duerme una siesta…” Pero este sueño del niño no es para reponer energías antes de merendar y jugar un rato, o tal vez antes de acudir al entrenamiento de fútbol. Esta no es una siesta; no se duerme dentro de un bidón vacío. Esto es un desmayo de agotamiento, de sed, de hambre y de vida mala.

“…durante un descanso…” Pero este descanso no está incluido en algún contrato o convenio, porque no lo hay. Porque allá, y en muchos otros lugares del mundo, muchos niños están esclavizados por multinacionales que les roban la infancia, la salud y el alma. “El trabajo infantil es ilegal y atenta contra los Derechos Humanos”, diremos los buenos ciudadanos de este lado del mundo. Y seguiremos leyendo el periódico hasta que lleguemos por fin a la sección de cotilleos. Mientras tanto, allá en Islamabad, por decir alguno de tantos sitios, el patrono de este pequeño pensará: “Los derechos humanos, sí, claro, mira cómo me río.”

“…en una fábrica…” Pero el teletipo no nos dice qué se produce en esa fábrica para que este niño tenga que trabajar hasta la extenuación. ¿Fabricará él nuestras camisetas low-cost? ¿Nuestros pantalones vaqueros? ¿Las zapatillas de deporte? ¿El bolso “artesanal”? ¿Manipulará algún producto químico? ¿Colorantes, ácidos, corrosivos? Solo sabemos que el trabajo lo agota, eso está claro.

“…los trabajadores han organizado…” Pero el teletipo no dice si estos trabajadores, que van a organizar eventos por todo el país para protestar, tienen derecho a sindicarse, o posibilidad alguna de establecer diálogo con los patrones. No dice si entre ellos habrá también mujeres. No dice si las protestas serán reprimidas brutalmente.

Demasiados “peros” para una sola fotografía. Demasiada corrección política para un solo teletipo. Y el mundo seguirá girando, y no nos bajaremos de él, y dentro de un instante estaremos ya pensando en otra cosa, y el niño pakistaní despertará con la boquita seca y el estómago rugiente, y entrará de nuevo en la fábrica. Y el mundo seguirá girando.

 

viernes, 25 de febrero de 2022

Habla con ellos; saben lo que está pasando

 




Me imagino que hoy todos compartimos la preocupación por la situación del mundo.

Los niños y niñas, desde los ocho o nueve años- y por supuesto los adolescentes- saben lo que está pasando, han hablado de ello con sus compañeros de clase ayer mismo, en el recreo. No están ajenos a la realidad, aunque quizá nos gustaría tener en casa un útero artificial donde esconderlos. Debemos conocer qué saben de lo que está pasando, preguntarles qué les parece, cómo lo solucionarían, escucharlos, orientarlos y también darles nuestra opinión, porque tenemos que transmitir nuestra visión del mundo.

Además debe ser así. No pueden crecer ajenos a la realidad, en dimensiones adecuadas a su edad; no pueden crecer en un mundo virtual de sirenitas Disney y francotiradores Fortnite, porque llegarán a convertirse en sus modelos de comportamiento.

Este vídeo sobre las semejanzas y diferencias entre las personas, sobre la incomprensión y los prejuicios, puede ser un buen punto de partida para charlar, en clase o en familia, sobre las causas de las guerras.

lunes, 21 de febrero de 2022

Edison, el estúpido





 El director del colegio de Thomas Edison le dijo que era estúpido y jamás aprendería; Albert Einstein no pudo leer ni una sílaba hasta los siete años. Ambos son paradigmas de los genios que acumularon fracaso escolar y todos conocemos sus historias. Pero quizá no sepamos que al director de cine Steven Spielberg lo rechazaron tres universidades por sus malas notas, que cuando los Beatles se conocieron eran “fracasados para la música”, que Walt Disney arrastraba la etiqueta de “chico sin imaginación” o que la astrónoma Jocelyn Bell, descubridora de los púlsares, suspendió la reválida del bachillerato. Por supuesto, las malas notas no son una característica indispensable para los genios, y para cada ejemplo de fracasos famosos los hay de grandes personalidades que fueron brillantes en los estudios, como la filósofa Hannah Arendt, la científica Margarita Salas, el premio Nobel de Literatura Albert Camus- que estudió siempre con becas- o Niels Böhr, padre de la física cuántica, que explicaba las fórmulas más difíciles a sus maestros. Lo que nadie puede dudar es que cada uno de nosotros es mucho más rico que sus capacidades académicas, que todos evolucionamos a mayor velocidad que nuestras etiquetas y  que el futuro de cada ser humano se arma con la aportación de muchas facetas, no solo de las calificaciones escolares.

Por eso, mientras nos vamos creyendo la teoría de las inteligencias múltiples, conviene conocer cómo funcionan los procesos del pensamiento, qué es la intuición y qué es la metacognición.

Cuando elegimos el sabor de un helado no estamos pensando sino reflexionando entre las opciones que tenemos delante. El verdadero pensamiento es una función mental mucho más compleja porque es intencional. Nos abre posibilidades nuevas hacia lo verdadero, lo real, pero también hacia lo imaginativo, lo especulativo y lo creativo. Para comprobarlo podemos, por ejemplo, mostrar el cuadro Las Meninas a un alumno o alumna a partir de los nueve años y preguntarles algo tan complejo como: “Dicen que este cuadro simboliza la igualdad entre los seres humanos, ¿por qué lo dirán?” La respuesta- que será asombrosa, ya lo veréis- nos va a permitir presenciar el complejo proceso del pensamiento creativo: división de un todo en sus partes y separación entre un significado y su finalidad. Emplearán símbolos, porque pensar no está necesariamente asociado a lo tangible y concreto. Las dificultades de nuestros alumnos de siete años para memorizar las tablas de multiplicar, por ejemplo, se deben a la dificultad del pensamiento infantil para abstraer un número X de lo que concretamente es: la representación de una cantidad determinada de cosas. Pero desde el final de la infancia, y para el resto de la vida, la multiplicación 3x2 podrá resolverse sin emplear “tres grupos de dos naranjas”.

Gracias al pensamiento abstracto, si afrontamos algo nuevo o desconocido, nuestra mente tiende a encontrarle similitud con algo que ya conocemos, para poderlo clasificar: “No lo había visto en mi vida pero por la pinta es un insecto”. El pensamiento aumenta su calidad cuando aumenta el conocimiento. Si queremos que nuestros hijos piensen, deben manejar conocimiento, “saber cosas”, cuantas más cosas y mejor aprendidas, más posibilidades tendrán.

Pues bien, uno de los más importantes hábitos cognitivos es aquel que entrena a escuchar la propia intuición.

La intuición es la atención profunda a lo que nos dice el fondo del pensamiento. Algo así como una voz anónima que proviene de ti mismo y que te recuerda sencillamente algo que ya sabías y permanecía aletargado en tu interior. Por supuesto, como la intuición es una respuesta, se activa con el contacto humano, incluso aunque no seamos conscientes de ello, como si la sabiduría para la vida fuese un tesoro que compartimos entre todos.

Por otra parte, esta intuición profunda suele acertar. Todos tenemos la experiencia de habernos arrepentido al no seguir “lo que me decía el corazón.” Porque la intuición suele decirnos lo que debemos hacer, con acierto, y nosotros la ocultamos con otras consideraciones que funcionan como interferencias- lo que me apetece en este instante, lo que mis amigos quieren que haga…-. Escuchar la intuición es un valor clave para sentirse libre y para fortalecer la inteligencia emocional.  Y es que si acostumbramos a nuestros hijos a preguntarse “¿Qué me dice el corazón que debo hacer?” se acostumbrarán a escucharse pensar y tomará mejores decisiones.

Por último, se denomina metacognición a la reflexión que hacemos sobre el funcionamiento de nuestra inteligencia. Al escucharse pensar del que acabamos de hablar, pero en relación  a sus procesos de aprendizaje, por eso supone una gran ayuda para los estudios. Tiene tres aspectos que pueden abordarse en clase:

1.             Cómo puede dirigir su aprendizaje.

2.             Cómo puede ser consciente de sus debilidades y fortalezas, de lo que puede hacer de forma autónoma y lo que necesita para mejorar.

3.             Cómo puede evaluar lo que ha aprendido. Así podrá cambiar lo que no funcione.

Nuestros alumnos pueden iniciarse en la metacognición:

·                     Siendo conscientes del funcionamiento de su memoria: cómo recuerdan las cosas con más eficacia, qué hacen que las olviden, qué tipo de estrategias le van bien para recordar...

·                     Siendo conscientes de cómo comprenden mejor lo que les explican. Si identifican enseguida lo que no comprenden y qué más necesitarían saber. Quien lee un texto con atención y al finalizar se da cuenta de que no ha comprendido nada, puede volver atrás y empezar de otra manera: párrafo a párrafo para extraer los puntos fundamentales, relacionarlos unos con otros, intentar darles sentido... Eso es aplicar el pensamiento metacognitivo.

La metacognición es un proceso difícil de valorar porque se da de forma autónoma- no podemos hacerlo por ellos- y muchas veces silenciosa, pero hay algunas claves que nos pueden ayudar:

·                    Motivarlos para que la usen. Ponerles ejemplos y hacerles ver la utilidad de reflexionar sobre cómo piensan en diversos ámbitos, y cómo se puede hacer de forma más eficaz.

·                    Atraer su atención hacia aspectos concretos del aprendizaje: ¿Cuándo fue más eficaz? ¿Por qué te salió bien en un momento determinado? ¿Qué hiciste de forma diferente? Es interesante ayudarles a generar preguntas sobre sus procesos.

·                    Tienen que contarse a sí mismos - para “pensar en voz alta”- qué han hecho durante el recorrido de una tarea, cómo han llegado a una conclusión, qué les ha hecho tomar esa decisión.

·                    Debemos decirles que el objetivo es utilizar este tipo de pensamiento sin darse cuenta de que lo hacen, igual que montan en bicicleta.

La ventaja de conocer los procesos del pensamiento es que podemos aprender a potenciarlos.

Jamás hemos encontrado ningún alumno estúpido. Hay más probabilidades de haber tenido en clase a Jocelyn Bell o a Edison.

 

 


martes, 18 de enero de 2022

Amar la vida

 

                                                 Mercedes Sosa, Gracias a la vida. 


En un cuento que pertenece a su colección de aforismos titulada “Él”, Frank Kafka escribe: Él tiene dos adversarios, el primero le presiona desde atrás, desde su origen. El segundo le bloquea el camino hacia delante. Él lucha contra ambos. Este es nuestro retrato. Empujados hacia delante por la  vergüenza de los errores pasados, empujados hacia detrás por el miedo que nos causa la incertidumbre del futuro, ponemos los pies en el presente, ese tiempo y lugar donde habita la esperanza. Y contra el viento del ayer y la marea del mañana, estamos invitados a amar ese presente, que es vida. Amar la vida incluso cuando el camino se empina, cuando nos pueden el cansancio y el desánimo, cuando las cosas se ponen difíciles y no podemos susurrar, cara a la brisa: ¡Esto es vida!

Amar la vida, agradecerla como el tesoro que es, requiere viajar hacia el interior, hacia la propia esencia, descubrir nuestra individualidad y apreciar nuestro estar en el mundo en un lugar y un momento concretos, rodeados de otros que también son únicos e insustituibles.

Heidegger, el gran metafísico del siglo XX, dice que para cada uno de nosotros ser es estar aquí ahora, únicos, irrepetibles, distintos de quienes nos antecedieron y de nuestros descendientes. Esa ineludible personalidad otorga significado a nuestra vida. Somos diminutos eslabones en la cadena de la humanidad, pero indispensables en el ahora concreto en que debemos desenvolver nuestras capacidades: hijos de nuestros padres, padres de nuestros hijos, amores de nuestros amores, amigos de nuestros amigos, significantes para quienes nos conocen. Cada vez únicos e imprescindibles, porque todos lo somos en este instante presente para que la realidad sea tal como es. Comprender esto es la clave para amar y agradecer la vida. Y es una clave espiritual. El propio Heidegger dice que el espíritu no es la agudeza ni el ingenio, ni el intelecto ni la razón. Dice: Tiene espíritu quien se decide originariamente, templado y consciente, por acercarse a la esencia del ser. Ese acercamiento esencial es el amor a la vida. Un amor templado y consciente, una decisión, un encuentro. Casi nada.

Vista desde ese núcleo interior, la vida es maravillosa. En ella caben la felicidad y el sufrimiento, el amor y la soledad, la noche y el día, el desierto y el vergel, las sonrisas y las lágrimas, los nacimientos y las pérdidas. La vida está siempre abierta, siempre llena de nuevas posibilidades, siempre apelando a nuestras capacidades, siempre llena de esperanza, obligándonos a construir nuestro proyecto de ser, a tomar decisiones, a hacerlo mejor, a volver a empezar.

Si fuésemos conscientes del poder del aquí y ahora, nuestros pasos dejarían de sentir los impulsos contrarios de la vergüenza del pasado y el miedo al futuro para afianzarse en la pura vida, en el instante presente.

Así que ahora mismo, venga, vamos a mirar alrededor. Porque hay mucho amor en el mundo, hay muchos héroes, muchas personas de bien empeñadas en poner su grano de arena en lo de “Venga a nosotros Tu Reino”. La escuela es un mirador privilegiado para observarlos. Ellos son quienes hacen avanzar la historia, aunque los libros se detengan más en contarnos las guerras, y los noticiarios sientan fascinación por los tiranos.  Así que, mientras caminamos empujados por las fuerzas contrarias del pasado y el futuro, nuestros pasos pavimentan un sendero de esperanza y el lápiz de nuestra vida dibuja encuentros. Bien podemos susurrar, cara a la brisa: “Gracias a la vida”.

 

martes, 11 de enero de 2022

Eres un desastre

 


Las primeras líneas de la historia de cada ser humano se estructuran a partir de la mirada de los demás.

Nuestros hijos e hijas infantes o adolescentes, nuestros alumnos de primaria o secundaria, no tienen todavía una visión de sí mismos como adultos. Saben que se harán mayores, pero no se lo terminan de creer. No podemos culparlos. ¿Quién de nosotros se visualiza hoy con noventa años? De lo que sí disponen es de una referencia sobre cómo son en el presente, a partir de sus experiencias de éxito- saber que algo les sale bien- y del retrato que nosotros les pintamos cuando les decimos cómo son y qué esperamos de ellos. En tres palabras: de sus etiquetas. Por eso, quien ante una habitación que está hecha un desastre escucha “eres un desastre”, o quien escucha la misma expresión ante un examen en blanco, se siente de determinada manera; por eso hay un mundo entre “no me gustan las mentiras” y “eres un mentiroso”; por eso cuando les preguntamos cómo son suelen repetir los calificativos que nosotros les damos.

Llamamos “etiquetas” a la adjudicación de roles, representaciones o estereotipos. Un rol es un conjunto de comportamientos que se atribuyen a una persona según la función que realiza. El rol fundamental de los menores suele ser el de estudiante, por eso quienes suspenden por sistema sufren un rechazo que ejerce sobre ellos una fuerte presión y que puede acortar sus expectativas. Sin embargo, los estudios son una actividad, no una persona. Pero también vamos adjudicando, a veces sin darnos cuenta, roles a lo masculino y femenino, aunque las chicas sí entienden los mapas y sí estudian ciencias y los chicos sí lloran y sí bailan. En casa los roles clásicos se consolidan, todavía hoy, alrededor de lo profesional por un lado y las tareas domésticas por otro, por eso al elegir nuestros propios roles de género los estamos educando. Por supuesto, etiquetamos con sus roles particulares a los hermanos mayores y a los pequeños, a los “listos” y a los “torpes”, a los “egoístas”, “flacos”, “gordos”, “simpáticos”, “cuatro-ojos” y “raros”. En clase, a los "líderes" y los "fracaso escolar". ¿Nos hemos parado a pensarlo alguna vez?

Las representaciones son imágenes mentales. La más importante es la que corresponde a la imagen corporal, que se compone de una percepción y una actitud. Percepción es la idea que uno obtiene al observar algo. Actitud es la reacción psíquica ante la percepción recibida. La identidad de una persona se establece en buena parte por la experiencia de su cuerpo, que es su imagen exterior, y por las sensaciones que esta imagen provoca en los demás. Sentirse “guapa” o “guapo” es escucharlo decir. Así pues, ojo a las redes sociales con sus filtros y sus comparaciones imposibles.

Los estereotipos son grilletes de la personalidad que les transmitimos a través de la educación y que, en ocasiones, les contagiamos sin darnos cuenta. Aunque parezca mentira con todo lo que ha llovido en la historia de la humanidad, están en auge. Pueden ser, por ejemplo, contra ideas políticas o creencias religiosas, contra tipos físicos concretos, contra modos de vida o contra la "diferencia" de cualquier clase. “Hay que definirse”, lo llamamos. Y la “definición” solo nos permite elegir entre A o B, sin matices ni grados intermedios. Es necesario comprender que las elecciones de la vida nunca se dan entre A y B sino entre un inmenso abanico de posibilidades, y que los prejuicios que emitimos pueden darse la vuelta contra nosotros también. Si la aceptación de la diversidad y el respeto por los demás están en nuestra escala de valores, debemos hacer comprender a la gente joven que los prejuicios provienen de la falta de reflexión, y que cuando condicionan negativamente nuestra forma de actuar hacia otros se convierten en discriminación, algo que cualquiera puede sufrir en un momento dado.

La seguridad en uno mismo, clave del progreso personal, se compone de tres elementos. La “seguridad básica”, que es la convicción de ser querido incondicionalmente por el núcleo familiar; la “seguridad ejecutiva”, que es la confianza en la competencia y la capacidad propias, parte de la cual debe encontrarse en el periodo escolar (y es nuestra tarea de profesores buscar y encontrar la competencia de cada cual); y la conciencia de la propia dignidad. La dignidad es el valor intrínseco que tienen todos los seres humanos por el hecho de ser personas, con independencia de sus circunstancias, o su comportamiento. De ella derivan los derechos fundamentales que todos debemos aprender a respetar. Y lo que lesiona esta dignidad no se puede hacer ni a los demás ni a uno mismo.

No olvidemos que es la mirada de los otros la que llena la vida de roles, representaciones y estereotipos. Por eso, como adultos:

·          Vamos a evitar las etiquetas. Vamos a esforzarnos por hablar, por escuchar, por interactuar con ellos, por crear una armonía en los momentos de convivencia que facilite la comunicación.

·         Vamos a poner en palabras el cariño que les tenemos, a decirles lo importantes que son para nosotros y lo felices que nos hacen. Entre nuestros hijos y nosotros hay una historia de amor pero en la vorágine de los días se nos olvida. Exactamente igual ocurre en clase. "Un amor correspondido", así define Sócrates la relación con su discípulo Alcibíades.

·          Vamos a intentar entender sus sentimientos aunque no los compartamos. Debemos esforzarnos por saber qué quieren comunicarnos realmente.

·         Dialoguemos con razonamientos, no con la confrontación. Nuestra relación será más empática si también les dejamos a ellos contar sus historias y no los saturamos con nuestros monólogos.

·         Aunque tenemos potestad para decir la última palabra, evitemos imponer un criterio nuestro sin saber antes lo que piensan ellos.

·         Evitemos las ofensas, las burlas y las comparaciones con otras personas.

·         El diálogo implica escuchar de forma activa- con atención, con respeto unos a otros. Esto implicará buscar momentos para hablar sin cascos y sin pantallas.

·         Buscaremos momentos para la comunicación informal, de risas y chistes; también para la formal, en la que habrá que abordar temas serios. Sí, informal de vez en cuando en clase también. Atrévete a ser "una profe genial".

Educar a hijos, enseñar a alumnos, necesita esfuerzo y convencimiento, pero cada minuto invertido en comunicación auténtica, fuera de las etiquetas, tiene el valor de un tesoro.

 

 

martes, 7 de diciembre de 2021

Tradiciones familiares que crean recuerdos

 


Aunque con frecuencia escuchamos decir que la familia es un valor, la familia es, sobre todo, una realidad humana, psicológica y social. Como tal, encierra muchos valores, por eso lo que debemos conocer es qué valores transmitimos como familia y sobre qué valores se establece nuestra convivencia. Parte de estos valores se nutren de herencias recibidas de nuestros mayores, tradiciones y costumbres que se fusionan y amplían de una generación a otra y constituyen una “personalidad familiar”.

Muchas tradiciones familiares están relacionadas con la navidad, que es sin duda la gran fiesta de la convivencia entre generaciones. Gastronomía, ritos relacionados con lo religioso o con lo festivo, decoración de la casa, música, viajes y hasta formas concretas de vestir “vuelven a casa por navidad”, las esperamos y, sin darnos cuenta, a través de ellas vamos creando en nuestros hijos e hijas el sentimiento de pertenencia a un grupo, y la certeza de ser eslabones en la cadena de su familia. Ambas cosas, pertenencia y consciencia del pasado, son imprescindibles para ellos.

Durante los años de su infancia y adolescencia, nuestros hijos e hijas deben pasar de estar centrados principalmente en la familia a vincularse con más intensidad a los amigos primero, al amor y al entorno propio después. Antes de que nos demos cuenta serán ellos mismos- su proyecto, sus relaciones presentes, sus retos individuales-quienes protagonizarán su vida. Deberán tomar conciencia explícita de quiénes son, y decidir libremente sobre su presente y su futuro. ¿Y nosotros? Pues nos quedaremos en casa con los ojos abiertos de par en par preguntándonos: “¿Ya se acabó el jaleo? ¿Va a estar siempre ordenada su habitación a partir de ahora?” En cualquier caso, cuando son pequeños y cuando vuelan libres sienten la necesidad de pertenecer a algún grupo. Por eso es fundamental que perciban sus raíces- que estén arraigados-  y que valoren la memoria, las tradiciones, sus recuerdos de infancia. Que sepan que dentro de ellos y en sus padres existe un “corazón calentito” al que volver.

Los días de navidad nos proporcionan algo más de tiempo y oportunidades para el ocio y las aficiones compartidas. Los ritos de estas fiestas son un tesoro lleno de códigos que van pasando de padres a hijos, y constituyen uno de los mayores privilegios de la vida de familia. Por eso es importante que cuidemos su clima, que no los estropeemos llevados por la excitación o el enfado de un momento.

Es importante recordar que las tradiciones familiares también son orales. Los días de navidad necesitan cariño en las palabras. Ellas explican el mundo de quien las dice, y por tanto tienen un gran impacto en los sentimientos de quien las escucha. Hablar en casa sobre las tradiciones refuerza las relaciones con los hijos. Si en las conversaciones de estos días empleamos los trucos de nuestro lenguaje familiar, la experiencia será siempre positiva. Tal vez hace tiempo que no aludimos a esa frase hecha que solo nosotros entendemos, a ese chiste que solo nos hace gracia a nosotros, al refrán súper pasado de moda, al villancico en el que le pasan a San José muchas cosas chuscas, a las frases memorables del abuelo, a las expresiones anticuadas que nuestros hijos no se atreverían a decir en público pero conocen porque son “de casa”, tal vez herencia de dos o tres generaciones. Vamos a volverlas a traer. Son vínculos comunicativos que siempre tendremos establecidos. Es dulce comprobar, cuando se hacen adultos, que aún las recuerdan.

No necesitamos ser empalagosos pero debemos habituarnos a expresar más las emociones y sentimientos positivos que producen nuestros hijos sobre nosotros. Durante toda la temporada de vacaciones, que no se nos olvide decirles al menos una vez al día cuánto los queremos. El “yo a ti también” es un regalo siempre maravilloso.

Existe la vitamina F, de familia, y es muy necesario tomarla para el crecimiento interior. Se sintetiza al dialogar mucho con los hijos, al revivir y compartir los recuerdos familiares, al poner juntos el belén, comprar otro molino y dos pastores, adornar el árbol con mucho brilli-brilli, cantar con el soniquete de la lotería, ver la película vieja y cansina de todos los años, hacer mazapán casero y que se chamusque como siempre. También al ayudar a poner una mesa preciosa, comer el pavo trufado de la abuela, jugar al escondite con los primos, comprar un regalo y esconderlo, inflarse a polvorones, reír con las inocentadas, atragantarse con las uvas, emocionarse en la cabalgata y desayunar roscón, es decir, al revivir un año más lo que cada uno de nosotros tenga como rito y costumbre. Padres y madres somos, lo seremos siempre, el puerto seguro de la vida de nuestros hijos. Por eso debemos esforzarnos en que sea verdaderamente seguro, confiable, no voluble, ni indiferente, ni permanentemente enfadado. Que sea reconocible, personal, distinto al de las demás familias y a la vez incardinado en lo que es común a la humanidad. Es muy bello ser un refugio, lo apreciaremos en el lapso de muy pocos años.

¿Qué tradición deseamos mantener? Sea cual sea, la navidad nos proporciona una maravillosa oportunidad: la de hacer cosas juntos, que es el secreto de la felicidad familiar. 

Seguro que todos conocemos el villancico que dice:

La nochebuena se viene,

la nochebuena se va,

y nosotros nos iremos

y no volveremos más.

Pues eso. Vitamina F de familia, suplemento R de recuerdos. Estos días, en buenas dosis.

 

 

 

 

miércoles, 1 de diciembre de 2021

UN AGRADECIMIENTO Y UNA REFLEXIÓN

 

                  

EL AGRADECIMIENTO

Es profundo, y va para Jesús Alcalá, decano de la Facultad de Educación de la Universidad Francisco de Vitoria, todo el equipo de la UFV y sus maravillosos alumnos, por su invitación a celebrar el Día del Maestro con una presentación de la novela La Ventana y un coloquio  Todavía estoy emocionada por haber escuchado párrafos del libro en la lectura apasionada de los futuros maestros, y por la profundidad de sus preguntas.

En mi voluntad, ese libro estaba dedicado precisamente a los estudiantes de Magisterio, y ayer ese deseo se hizo realidad. Muchísimas gracias. Nunca lo olvidaré. 


LA REFLEXIÓN

 Va destinada a los padres y madres de adolescentes. Es esta:

 



CINCO HORAS EN INSTAGRAM, TRES EN TIK-TOK… ¿CÓMO ES POSIBLE?

 

Si no para en todo el día, si lo llevo y lo traigo a los deportes y extraescolares... ¿Cómo es posible que el historial del móvil de mi hijo registre ese número de horas en redes sociales?

La respuesta está en el vamping. Se denomina así a un uso excesivo de Internet durante la noche. Sí, ahí en su habitación, con la puerta cerrada y la luz apagada, el smartphone roba el sueño a nuestros hijos e hijas adolescentes.

Quizá no nos hayamos dado cuenta pero ya no lee, tarda más en hacer los deberes, tiene mucho sueño por las mañanas, rinde menos en el colegio, está muy distraída… Su cita nocturna con el vamping contiene a sus amigos, claro, pero también contiene riesgos enormes. Los conocemos, quizá no haga falta nombrarlos pero ahí van algunos: la pornografía, el sexting, el acoso escolar, el abuso, la incitación a la anorexia, los retos de riesgo… ¿Seguimos?

El consumo excesivo de Internet es consumo del tiempo de nuestra vida en asuntos que muchas veces son estupideces y ni nos van ni nos vienen. La respuesta debe ser familiar y consiste en el ayuno digital. De lunes a lunes, incluidos los fines de semana y las vacaciones, a partir de las nueve de la noche- o de la hora súper temprana que os parezca mejor- los móviles de nuestros hijos deben estar apagados y en nuestro poder. Habrá que aguantar enfados y malas caras, pagaremos el peaje de tener apagado también el nuestro, o al menos de no emplear nosotros tiempo en nuestras redes hasta que no se duerman. Seremos padres “feroces, injustos y espantosos”, pero no para siempre. Tal vez recuperemos tiempo para la familia, para vernos y escucharnos. Ellos estarán más despiertos y atentos en clase. Y los vamos a rescatar de los colmillos del vamping.

“No malgastes tu tiempo viviendo la vida de otro” es una de las paradójicas y míticas frases de Steve Jobs. Nos la dice a nosotros, claro.

He puesto al smartphone un temporizador para mis horas de navegación, y la alarma siempre me sorprende: "¿Ya llevo tanto tiempo dando vueltas a nada?"

Para celebrar mi primera semana con temporizador fui ayer a la biblioteca municipal, que está al lado de casa, y me saqué dos libros. Uno en ruso, porque yo quería aprender ruso antes de que este aparatito devorara mi tiempo. Media página llevo.

Es un reto, casi un entrenamiento olímpico. ¿Nos atrevemos?

Preparados, listos, ya.


martes, 23 de noviembre de 2021

ONIROS

 



Los sueños no son clave

ni expresión ni proyección

de la vida de vigilia.

Son capítulos de una aventura

que el ser humano,

despierto o dormido,

vive siempre.

Inicio del libreto de la ópera Oniros, de Alberto Arroyo

 

El domingo 29 de noviembre se estrena la ópera Oniros, del compositor español Alberto Arroyo, en la sala central del Conservatorio de Música de Dresde. Tengo el honor de ser la autora del libreto

Quisiera compartir con vosotros la historia que cuenta esta ópera y algo de su música y escenografía.

 


                                                                                 Decorado de Oniros, Konzertsaal, Hochshule fur Musik, Dresden


Oniros, el protagonista, es una figura casi mitológica, un semidiós que porta el espejo donde cada uno de nosotros ve reflejados sus sueños. No solo aquellos que habitan en los laberintos de nuestra consciencia, sino aquellos en los que la imaginación y la memoria nos aseguran que es posible una vida más plena y un mundo mejor. Por eso, en el primer acto de la ópera, Penélope se ve a sí misma en el espejo, abrazando ya a su esposo Ulises. En el segundo acto, el senegalés Diambar, antes de echarse al mar, se sabe ya ciudadano de una tierra sin hambre. Y en el tercer acto, Filoniros, el filósofo que estudia los sueños, se observa en el espejo como dueño ya de todas las respuestas.

                                                                                     Penélope reflejada en el espejo.


Sin embargo, el espejo de Oniros contiene una cualidad terrible: quien se queda dormido frente a él nunca sabe al despertar si ya está despierto o sigue dormido. No sabe en qué lado del espejo se encuentra, y vivirá obsesionado por una pregunta: ¿es real la dimensión en que se desenvuelven la imaginación y la memoria?

 

El epílogo habla del momento presente, cuando una amenaza insólita se cierne sobre los sueños. Hoy las máquinas nos conceden todos los deseos de forma instantánea. ¿Necesita imaginación y memoria quien obtiene en el acto todo lo que desea?

 

Por eso la última frase de la ópera- cantada por Filoniros, que ha descubierto el secreto de su origen- viaja como un eco hacia nosotros: “¿Qué será de la humanidad a partir de ahora?”

 

Oniros es una auténtica ópera, y por eso le sucede lo mismo que a todas: lo más flojo es el libreto. La música de Alberto Arroyo es extraordinaria. Si tuviera que definirla, diría que es profunda, expresiva, suntuosa y sencilla a la vez, contemporánea y con un destello de eternidad. Aquí puede escucharse un fragmento. Me llama especialmente la atención esa taquicardia de latidos de los instrumentos de percusión.

 




Alberto Arroyo (Barcelona, 1989) es uno de los compositores más influyentes y con mayor talento de su generación. Como el verdadero artista que es, su música apela directamente al alma y es perfectamente reconocible, que es quizá uno de los signos más claros de los grandes compositores.

 

Conocí a Alberto hace muchos años, cuando era casi un niño y el mejor amigo de mi hijo mayor. Incluso entonces sabía ya que sería músico. En estos años lo he visto trabajar y esforzarse para conseguirlo, estudiando en Madrid, Zaragoza, Boston y ahora Alemania, donde vive. Fue el compositor más joven en obtener el Premio Nacional de Jóvenes Compositores, y tiene decenas de reconocimientos. En este enlace puede conocerse más sobre su vida y su obra.

                                ALBERTO ARROYO, COMPOSITOR


Le admiro profundamente como artista y como persona. Aún recuerdo su alegría de niño el día que descubrió que Arroyo en alemán se dice Bach. Se sintió predestinado. 

Su invitación a escribir el libreto no estaba en mis propios sueños. Quizá la ópera habla de ellos porque Oniros ha unido sus sueños como compositor y los míos como escritora y amante de la ópera.

 

Mi mayor reto al escribir fue la sinceridad, porque dentro de la música no puedes esconderte, ni hay lugar para los trucos y las mentiras. La música siempre dice la verdad. Quizá lo más sorprendente fue colaborar con el traductor al alemán y descubrir las enormes diferencias de estructura y matices entre nuestros dos idiomas.

 

Oniros expone retos del ser humano con el lenguaje de la música contemporánea y la colaboración de cantantes y escenógrafos de primer nivel, unidos al rigor, la exigencia y la calidad del Conservatorio de Dresde. Para mí ha sido un honor inmenso formar parte de esta aventura.


lunes, 15 de noviembre de 2021

Abuelos



                            


He tenido la alegría de participar en el programa dedicado a los abuelos en la serie “A mi yo adolescente”, de RTVE. En este enlace se puede encontrar buena parte de la conversación que tuve con los jóvenes invitados. Eran personas extraordinarias y disfruté muchísimo con sus reflexiones y su compañía.

 Los abuelos son la dinamo de la infancia, el eslabón entre nuestra presencia temporal y la historia de la humanidad. Pero no es sencillo definir su acción. Existe una campaña para que la Real Academia Española acepte el término abuelidad, creado en 1980 por la médica argentina Paulina Redler para denominar la cualidad de ser abuelo o abuela y los efectos del vínculo con los nietos.

Desde el principio de la historia y hasta hace poco tiempo, las generaciones de una misma familia solían convivir juntas, con varios núcleos familiares en la misma casa, y compartían tarea y sustento. En ausencia de instrucción escolar, los abuelos y abuelas acumulaban la sabiduría vital. Los Consejos de Ancianos jugaban un papel importante en lo judicial y en lo religioso, las abuelas eran matriarcas que aglutinaban a toda la familia y ejercían la autoridad moral. A unos y otras se les consideraba investidos de un carácter sagrado: el de la vida que resistía el paso del tiempo. Eran, claro está,  ancianos y ancianas que apenas sobrepasaban los cincuenta años. La Gerusía de Esparta solo admitía como miembros a quienes hubieran alcanzado la increíble edad de sesenta años. Mucho más cerca, resulta impactante leer en la novela La Regenta (publicada en 1884) que la protagonista ha abandonado definitivamente la juventud. ¡Y tiene veintinueve años! Este comienzo temprano de la vejez perdura hasta el siglo XX, cuando el enorme avance de la medicina permitió prolongar la esperanza de vida. Hoy el umbral de la tercera edad está en los 65 años, lo cruzan personas llenas de vitalidad y en estupendas condiciones físicas, y hablamos ya de “cuarta edad”. La cobertura económica de las pensiones de jubilación permite a la mayoría de los abuelos cubrir de forma autónoma sus necesidades, aunque esta independencia traiga asociada para algunos la merma de la relación familiar e incluso la soledad.         

En nuestro siglo XXI, y en Occidente, padres y madres adoptan indistintamente los roles del cuidado, se da con frecuencia la separación de la pareja, aumenta el número de familias con un solo progenitor, la economía aprieta y volvemos al “compartir casa y mesa” de las generaciones anteriores. Por eso vivimos un regreso a la palestra de quienes nunca se fueron: los abuelos. Muchos de ellos han trabajado desde muy jóvenes; muchas de ellas han sido pioneras en la incorporación de la mujer al mercado laboral. Cuando los hijos necesitan su ayuda, se convierten en imprescindibles para la conciliación.

Por supuesto, y esto no lo cambian ni la geografía ni la historia, para sus nietos son un tesoro. Pocas relaciones hay tan armónicas como las de abuelos y nietos, pocos momentos más bellos que los que disfrutan juntos. Sabemos que los niños cuyo contacto con sus abuelos es frecuente disfrutan de estímulos muy valiosos, y que el cuidado de los nietos previene el deterioro cognitivo de los mayores. Pero sabemos también que los abuelos desean disfrutar de su tiempo libre, del ocio, de la cultura y de las oportunidades. Cuando se encargan de los nietos los cuidan con un horario y un desempeño de calidad profesional, pero no remunerada, cuya motivación es el amor. Ojo, el amor que tienen a sus propios hijos.

Necesitamos de los mayores para sentirnos reales, enraizados y queridos; ellos necesitan de nosotros para mantener las ganas de vivir. La abuelidad es una ceremonia sagrada de comunicación interpersonal. Los jóvenes de este vídeo lo reconocen y lo agradecen.

                              PROGRAMA A MI YO ADOLESCENTE- ABUELOS

viernes, 5 de noviembre de 2021

 


En los primeros días del año 2020, la superiora general de las Hermanas de la Consolación me encargó una biografía de santa María Rosa Molas, fundadora de la orden. Acepté sin dudarlo porque ellas son las monjas del colegio donde estudié. La madre Molas, una “mujer dulce y buena que entregó su vida a los pobres”, ya formaba parte de mi vida. Escribir su historia no me parecía difícil. Además contaría con libros sobre ella, documentos de su canonización, testimonios de sus contemporáneos, sus propias cartas y, sobre todo, la biografía publicada por su confesor, el padre Sebastián León. Decidí leerlos de forma cronológica a la vez que escribía, para dejarme sorprender por su vida, como le sucedió a ella. Pronto comprendí que debía emplear sus propias palabras, de sus escritos o recogidas en los testimonios. Y entonces comenzó una extraordinaria aventura que, literalmente, ha transformado mi vida interior. Porque, claro está, yo no conocía a la madre Molas. Ella escapaba de cualquier definición.

Lo primero que descubrí fue cuánto se parecía su tiempo (1815-1876) al nuestro: la desmoralización social y política, la desigualdad de la cual brotaron atroces epidemias. Aún adolescente, vio morir a su madre de cólera, contagiada por las vecinas a quienes había cuidado. Comprendí que aquella experiencia había determinado su camino.

En sus sesenta y tres años de vida, Rosa Molas presenció cuatro guerras. En Reus, su ciudad natal, amaron y perecieron miles de personas, lloraron su soledad muchos ancianos y crecieron sin amparo muchos huérfanos que no entendían los vaivenes de la política sino los más humanos de la alegría y el dolor. Y a aquella muchacha alta, morena, callada e incandescente no le pasaron desapercibidas tantas penas. Ella las vio. Las siguió viendo después, en Tortosa y en todos los lugares a los cuales la condujo esa mirada. Así que se dedicó a abrir las puertas de los hospitales para refugiar a la gente de los bombardeos, a aliviar sin descanso enfermedades, hambre y tristezas, a fundar una nueva orden religiosa. Pero no por ser sin más “una mujer dulce y buena que entregó su vida a los pobres”. Aquella era solamente la imagen visible de una motivación muy profunda. María Rosa contó desde la infancia con una dimensión mística que pasó casi desapercibida porque la mantuvo en silencio. Sin embargo, la profunda unión con Dios, a quien amaba y buscaba absolutamente, impregnó su vida entera. Llegó al más alto nivel de espiritualidad que un ser humano puede alcanzar, y lo guardó en secreto, con la humildad perfecta que es inseparable de ese grado de santidad. Vivió entre personas que necesitaban consolación y cuidado, como nosotros ahora, y respondió.

Menuda aventura para mí la de acercarme a ella hasta el primer plano. Ojalá os guste el resultado impreso.

Este es el fragmento que narra el momento histórico en que ella contribuye a detener el bombardeo de Reus por las tropas de Zurbano (1843).


 El campamento de Zurbano se hallaba situado al sur de la ciudad, junto al camino de Tortosa. De lejos ya lo señalaban el estruendo y el humo. Para llegar hasta él, debían avanzar de cara a los proyectiles y solo contaban con los olivos como defensa. Tardaron casi una hora en conseguirlo pero por fin lo alcanzaron. Los centinelas de la guardia, asombrados por ver salir de entre los árboles a tres religiosas con sus tocas blancas, un sacerdote y cuatro caballeros, los condujeron enseguida a la tienda de campaña desde la que el famoso general dirigía el asedio.

Martín Zurbano contaba cincuenta y cinco años y mil cicatrices de guerra. Era un hombre pequeño de estatura y rudo de carácter, liberal como Prim, que conocía bien los contrastes de la vida. Militar laureado, había nacido en una humilde pedanía de Logroño, de padres labradores. De niño había estudiado en el seminario, pero dedicó su primera juventud al contrabando y la guerrilla. Durante la invasión napoleónica adquirió una fama legendaria en el combate, acrecentada luego durante los siete años de guerra carlista. Los soldados temían su carácter arrebatado, su aura roja de sanguinario, su ferocidad que en el frente de batalla lo transformaba en invencible. Hasta aquel hombre, cuya sola presencia hacía temblar, llegó la comisión de paz decidida a todo. Entraron en su tienda de campaña conducidos por el teniente de la guardia y, donde esperaban encontrar un estado mayor completo, se hallaron frente al general solo, tranquilo y a la vez desafiante. Allí lo tenían, Zurbano en persona, con su uniforme singular de chaqueta corta y lazo al cuello, y su boina alavesa, de los tiempos en que era guerrillero, bien calada hasta las cejas. Los miraba severo, con la fuerza de unos insólitos ojos azules que parecían esculpidos en hielo puro. Al escuchar su enérgico “¿Qué desean ustedes?” los señores comisionados olvidaron los argumentos que llevaban preparados y enmudecieron. La propia sor Estivill comprendió que su fuerte carácter quedaba en nada frente a aquel hombre pétreo. Por reciedumbre, nadie convencería a Zurbano de que abandonara un asedio. Solo podría ser por misericordia. Y fue María Rosa Molas quien, invitada por el párroco, se atrevió a emplear aquella palabra. Habló erguida, conmovida y serena, mecida en las inflexiones de su voz sincera.

-Usted fue niño, general. Quiso a su madre. Por ella, tenga hoy misericordia de la gente sencilla que no puede salvar ni hundir tronos; tenga misericordia de esta ciudad, puesto que ya la ha tomado. A tiro de sus cañones hay ahora mismo muchos inocentes que lloran desesperados. Por la Virgen de la Misericordia, patrona de Reus, haga cesar este castigo. Por favor, denos esperanza.

El fiero militar retrocedió un paso, pensativo, con sus ojos helados fijos en los incandescentes de aquella monja que era todavía una muchacha. Luego se descubrió la cabeza, se disculpó por no haberlo hecho desde el principio, y respondió:

-Esperanza, dice usted, hermana. La Virgen de la Esperanza es la patrona de Logroño, hace tiempo que nadie me lo recordaba. Cuánta devoción le tenía mi madre. Está bien, trocaremos la guerra en paz. Que las milicias salgan de Reus a tambor batiente y banderas desplegadas, que habrá misericordia. 


CONSOLACIÓN

https://libreria.sanpablo.es/libro/consolacion_224002

https://www.casadellibro.com/libro-consolacion-historia-de-la-madre-maria-rosa-molas/9788428561761/12568528





sábado, 30 de octubre de 2021

La camelia




Esta es una camelia, maravilla de Galicia que ya ilumina los jardines de aquella tierra. Crece frondosa en arbustos altos como árboles, cuando el tiempo es frío, con colores extraordinarios, elegante y poética.

Pero no tiene aroma.

¿Pierde belleza la camelia por carecer de esta cualidad? ¿Es menos flor que otras flores?

La camelia me hace pensar en cuántas veces enfocamos la mirada a la carencia del hijo o la hija, a lo que nos gustaría que tuviera y no tiene, mientras pasa desapercibido todo lo que tiene, tantas cualidades.

 También me hace pensar en cuántas veces enfocamos la mirada a la carencia del alumno o la alumna, a lo que nos gustaría que hiciera y no hace, mientras pasa desapercibido todo lo que hace, incluido el empeño que pone en trascender sus circunstancias. Me hace pensar en que con frecuencia nos pasan desapercibidas sus cualidades. Sin embargo, cuando  distingues las cualidades de un alumno, puedes hacérselas ver. Y cuando uno sabe para lo que vale, todo cambia.

A todos nos falta algo. Igual resulta que los seres humanos somos como las camelias.