BIENVENIDOS

Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



domingo, 3 de octubre de 2021

Encuentro on line "Aprende y educa", de Up!family



UP!FAMILY ORGANIZA EL ENCUENTRO ‘APRENDE Y EDUCA’ PARA FAMILIAS

  • Se celebrará del 20 al 23 de octubre, en el espacio online de Up!family.
  • Una veintena de expertos en educación abordarán aspectos como la disciplina positiva, la comunicación, la gestión emocional, la educación afectivo sexual, o en autocuidado.
  • Está dirigido a madres, padres u otros miembros de la familia, AMPAS, instituciones educativas y empresas.

Del 20 al 23 de octubre se celebra ‘Aprende y educa’, el primer encuentro online organizado por Up!family –un proyecto de la Fundación Edelvives–, con el objetivo de que las familias con niños y adolescentes entre 0 y 18 años puedan descubrir y compartir conocimientos, recursos y propuestas para aplicar en la educación de sus hijos.

El evento se realizará en la plataforma digital de Up!family y contará con una veintena de ponencias impartidas por expertos pedagogos, maestros y psicólogos, entre los que destacan José Antonio Marina, Marisa Moya, Carmen Guaita, Silvia Álava, Carmen Pellicer o Bei Muñoz, entre otros muchos.

Cómo apuntarse al evento ‘Aprende y educa’ Existen dos modalidades de asistencia al encuentro online: por una parte, el registro gratuito permitirá visionar cada ponencia durante las 24 horas posteriores a su emisión, además de la asistencia al evento que se realizará en directo.

Por otra, el registro VIP incluye: la participación en el streaming; acceso durante tiempo ilimitado a todas las ponencias, tanto en vídeo como en podcast; acceso durante seis meses a Up!family y a la Tribu UP, para que las familias puedan realizar todos los cursos que quieran y compartir sus experiencias con el apoyo de especialistas; y ventajas en servicios prestados por los patrocinadores y colaboradores del evento.


El desarrollo del encuentro se podrá seguir en redes sociales, a través de los hashtags. #UPaprendeyeduca y #tribuUP.

ENLACE PARA APUNTARSE AL ENCUENTRO ONLINE ‘APRENDE Y EDUCA’INSCRIPCIÓN


Qué es Up!family Up!family es un espacio de formación y encuentro para todas las familias que estén interesadas en adquirir y profundizar en los conocimientos y habilidades necesarias para educar a sus hijos hoy.

Este proyecto, perteneciente a la Fundación Edelvives, nació en 2008 de la mano del educador y filósofo José Antonio Marina, basado en su teoría de la educación del talento, y lleva más de diez años apostando por el desarrollo integral del niño.

Este mes de septiembre de 2021, Up!family ha comunicado el inicio de una nueva etapa en esta “universidad de padres”, ampliando la oferta formativa de los cursos e impulsando la Tribu UP, un espacio virtual donde las familias y los especialistas en educación pueden seguir intercambiando experiencias y recursos.

El primer fruto de esta fase es la convocatoria de ‘Aprende y educa’: “En Up!family –señalan los organizadores del encuentro online– creemos que la mejor manera de educar a un niño es desde el conocimiento, fruto de la reflexión. De ahí el título de este evento: ‘Aprende (tú primero) y educa (después)”.


TODOS LOS DETALLES SOBRE ‘APRENDE Y EDUCA’, AQUÍ: HTTPS://UNIVERSIDADDEPADRES.ES/EVENTO-ONLINE-2021

RESUMEN:

  • Qué: Convocatoria del encuentro online ‘Aprende y educa’.
  • Cuándo: del 20 al 23 de octubre de 2021.
  • Dónde: plataforma virtual de Up!family
  • A quién va dirigido: madres, padres y familias en general con hijos entre 0 y 18 años, AMPAS, centros educativos y empresas que quieran ofrecer a sus empleados una formación útil.
  • Temas: cómo mejorar la comunicación con nuestros hijos e hijas, disciplina positiva inteligencia emocional, el cerebro del niño y adolescente, Montessori, gestión de conflictos entre hermanos, prevención del bullying, educación afectivo sexual, establecer hábitos saludables, autocuidado…
  • Ponentes: un total de 24 ponentes expertos en educación, entre los que destacan José Antonio Marina, Marisa Moya, Carmen Guaita, Silvia Álava, Carmen Pellicer o Bei Muñoz.
  • Cómo asistir al encuentro: dos tipos de registro, gratuito y VIP, con diferentes ventajas.
  • Quién organiza: Up!family, escuela online y espacio de encuentro para familias, impulsado por la Fundación Edelvives.
  • Más información:

domingo, 26 de septiembre de 2021

Conversaciones en familia, algunas sugerencias.

 



Cuando dialogamos con los hijos e hijas, nuestra actitud se convierte en un elemento de la mayor importancia para que la conversación transcurra por buen cauce. Por eso es tan importante que nunca nos situemos a la defensiva ante ellos, ni estemos pensando constantemente en qué momento dejaron de ser nuestros preciosos chiquitines. ¿No se nos ha ocurrido pensar que ellos también deben de preguntarse en qué momento dejaron de ser causa de nuestra alegría? ¿No se preguntarán por qué nos hemos convertido en padres que regañan a todas horas? ¿Por qué ya no somos felices a su lado? Sin embargo, seguimos siendo felices a su lado, solo es que se nos ha olvidado decirlo. Por eso debemos hacer un repaso general a algunas actitudes que se explican a sí mismas. 

Podemos basar la comunicación con nuestros hijos en:

Advertencias: “No te has dado cuenta de la que te va a caer como no recojas la habitación.”

Culpas: “Si fueses ordenada no estaría así la casa.”

Amenazas: “Si no recoges, no sales. No hay más que hablar.”

Ofensas: “Eres caótico, el desorden en persona.”

Futurología: “Serás un desastre toda la vida.”

Victimización. “¿No ves todo lo que hago por ti? ¿Qué más quieres?”

Sermones: Aquí imaginemos un párrafo muy largo, en el cual se desgranen un montón de consejos que se resumirán en una sola frase: “Mira qué bien lo hago yo todo.”

Órdenes: muchas, constantes, y a causa de ello, contradictorias.

Comparaciones: con la hermana, con el hermano, con nosotros de niños, con el vecino del quinto, con ellos mismos a los cuatro años…

Sarcasmos: “¡La mejor amiga! ¿Qué sabrás tú de eso?”

Estas disfunciones son inevitables y todos caemos en ellas. El problema surge cuando se repiten, cuando se nos pasa un día y otro sin salir de ellas ni haber aumentado la calidad de la comunicación. Si estuviésemos en su lugar también saltaríamos como un resorte o terminaríamos desconectando. Quien no sale nunca de esta forma de hablar con los hijos, daña gravemente la comunicación. Si empleamos toda nuestra artillería para abordar, por ejemplo, “la habitación desordenada”, las palabras de corrección estarán desgastadas cuando lleguen asuntos más graves. Y si somos habitualmente demasiado autoritarios o demasiado permisivos, lo seremos en todo.

Desde luego, una de las formas más poderosas de comunicación es la conversación. A todos nos gustaría mantener conversaciones fluidas, divertidas, íntimas y amables con nuestros hijos, sobre todo con los adolescentes. Pero en ocasiones ellos parecen sufrir una "alergia" a nuestra presencia. Nos quieren muchísimo- nunca lo dudemos-, desean estar con nosotros, sentirse aceptados e importantes en casa, pero a veces no quieren conversar sino ser escuchados. Cuidado, porque a nosotros nos suele pasar exactamente lo mismo: enfocamos las conversaciones con ellos como oportunidades que tenemos para opinar, orientar, aconsejar o mandar. Rara vez para escuchar y animar.

¿Cuáles pueden ser temas interesantes para iniciar una conversación en familia? Pues, aunque no nos lo parezca, todos los de actualidad, de los que desde muy pronto están enterados y sobre los que tienen una opinión formada, mientras nosotros los seguimos imaginando en el país de las hadas. Por ejemplo:

·                    Asuntos de la marcha de la familia: vivienda, vacaciones, economía, nuestro trabajo (no nos ven trabajar y les interesa mucho), enfermedades de familiares, estado de los abuelos...

·                    Los valores morales, la religión y la política.

·                   Todo lo que concierne a nuestras emociones y vivencias de padres. Hablan mucho de nosotros con sus amigos, igual que nosotros hablamos de ellos con los nuestros.

·                    La situación de justicia o injusticia en el mundo.

             La actualidad social y política.

·                    El deporte, los amigos, las aficiones compartidas o las suyas propias.

Para estimular el diálogo conviene hacer uso de frases abiertas con las que demostremos interés: pedir que nos expliquen algún concepto, preguntar el porqué. Las preguntas directas, sin embargo, se parecen demasiado a nuestros “interrogatorios de regreso del cole”, y no son un buen recurso para comenzar y mantener una conversación.

Estos son algunos trucos para comenzar una conversación (se omite, por obvio, que nosotros mismos debemos estar alejados y desinteresados del móvil).

·                    Podemos comenzar contándole cómo ha sido nuestro día

·                    Transmitirle cómo es nuestro estado de ánimo en ese momento

·                    Pedirle algún consejo sobre algo que nos haya pasado

·                   Generar un entorno que propicie la comunicación: alrededor de la mesa, a la hora en que ya hemos terminado las tareas, en un desayuno tranquilo de domingo, o en un paseo por la naturaleza, que es un entorno prácticamente infalible.

·                    Si le ha pasado algo en los días anteriores, preguntarle cómo sigue todo.

Iniciar el diálogo de forma muy abierta, como: “¡Qué mal día he tenido hoy! ¡Seguro que el tuyo ha sido mejor! ¡Cuéntame algo que me anime, anda!”

Y cuando la conversación ya está en marcha, debemos hacerles sentir que disfrutamos de estar con ellos y respetamos lo que dicen. Conviene que tengan confianza en nuestra discreción, así que no vamos a colgar inmediatamente nuestra foto juntos en una red. Debemos hacerles sentir que también nosotros aprendemos cosas de ellos y que los comprendemos.

La conversación en familia es un tesoro y hace brotar otro: el de conocernos y convivir.

sábado, 11 de septiembre de 2021

Feria del Libro de Madrid 2021

Este año firmaré libros de nuevo en la Feria del Libro de Madrid. Es una ceremonia de encuentro con las personas desconocidas o queridas que leen mis libros, en la cual comprendo que, entre las líneas de esas historias inventadas por mí, existen significados que no predije y apelaciones que no busqué. Son, en dos palabras, encuentros maravillosos. 

Desde el primer día, hace ya muchos años, he disfrutado las tardes de Feria. Recuerdo mi "bautismo" con mi primer libro, el pequeño "Los amigos de mis hijos". Sentí, en primer lugar, la separación artificial que impone el recuadro de la caseta entre la gente y la autora, porque te hace sentir, más que nunca, espectadora curiosa de la vida; en segundo lugar, la sensación de formar parte de un escaparate y estar, de alguna manera, a la venta; en tercer lugar, el baño de humildad que supone esa persona que toma el libro, lo hojea, lee algunas palabras, te pregunta..., lo deja donde estaba y se marcha sin despedirse. Recuerdo también que aquella primera vez había muchísima gente en los alrededores de mi caseta y eso me embriagaba un poco, hasta que descubrí que Antonio Muñoz Molina firmaba en la caseta de al lado. Así que no hay demasiado lugar para la vanidad en esa ceremonia. Mejor así.

Este año voy a vivir la Feria con especial emoción porque intuyo en ella una despedida y un cambio de etapa. Uno de los dos libros que presento, Consolación, me invita a caminar hacia adentro, a construir en silencio. Veremos.

Aquí están las fechas y casetas. Será una alegría que aceptéis esta invitación.


Este es el vídeo con el que promociono la firma de La Ventana.


Consolación es una biografía de santa María Rosa Molas, fundadora de la congregación de Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, el colegio donde yo estudié de niña. Comenzó siendo un encargo y se ha convertido en el libro que es, tal vez, el más importante de mi vida.

Esta es la portada de Consolación. Mosén Rafael Serra, uno de los mayores expertos en María Rosa Molas me ha escrito: "Si ella leyera este libro, te diría: Así fue mi vida, Carmen." No pueden hacerme un regalo mayor.






martes, 7 de septiembre de 2021

¿Hablamos de virtudes?

 


Los sistemas de valores son todo lo que tenemos en el mundo, la única densidad, espesor y riqueza de nuestra experiencia, el único ser.

                                                                                                                Gianni Vattimo

 

A veces nos sucede que, cuando regresamos a casa después de las vacaciones, nos encontramos desubicados. Se ve otro paisaje desde las ventanas y eso es suficiente para hacernos sentir “de vuelta al trabajo”. Es posible que en la educación de nuestros hijos e hijas nos suceda lo mismo: demasiada flexibilidad en los horarios, mucha transigencia, permisos para todo… Y un curso que comienza para el que necesitamos con urgencia recuperar hábitos y rutinas.

A pesar de los agobios del regreso, conviene pensar qué estamos haciendo para recuperar la idea de finalidad. “Todo esto que haces, ¿para qué sirve?”- nos preguntarían nuestros hijos a poco que buscásemos hueco para hablar un rato entre libro y libro que forrar. Y es que esa es la pregunta: todo lo que hacemos con ellos, contra ellos, por ellos y para ellos, ¿para qué sirve? La respuesta es sencilla y misteriosa a la vez: para que sean felices en el futuro. El proceso equivale a mostrarles un camino, proveerles de buenas botas, cogerles de la mano los primeros tramos y apartarse después para que puedan hacer camino al andar. Las herramientas con las que se educa son el amor y el sentido común, y los ingredientes son los valores.

Los valores son las cualidades positivas, reales y no relativas, de las actitudes humanas. Se los transmitimos porque sabemos que les servirán para vivir. Pero, como dice Aristóteles, que es especialista en este asunto: “Primero recibimos las facultades y después ejercitamos sus actividades. Las virtudes, en cambio, las recibimos después de haberlas ejercitado primero. Nos hacemos justos realizando acciones justas. Y de no ser así, ninguna necesidad habría de que alguien nos enseñara”. Somos nosotros quienes enseñamos las virtudes con nuestro propio ejemplo. Por eso conviene repasar cuáles son y lo que significan, para escoger entre ellas las que queremos que nuestros hijos e hijas ejerciten. Enumeradas por Linda Kavelin en su Guía de virtudes para la familia, de la UNESCO, son:

AFÁN DE SUPERACIÓN, empeño constante en hacer las cosas lo mejor posible. ALEGRÍA, capacidad para potenciar el bienestar propio y el de los demás. AMABILIDAD,  implicación en el bienestar de otros. AMOR, capacidad de cuidar y compartir las vivencias más personales con alguien. APACIBILIDAD, mantener un estado interior de tranquilidad. AUTODISCIPLINA, capacidad para controlar por uno mismo los impulsos. COMPASIÓN, capacidad para preocuparse por quien sufre. CONFIANZA, contar con los demás y creer en sus posibilidades. CONSIDERACIÓN, respetar los sentimientos de los demás. CORDIALIDAD, interés sincero por los demás. CORTESÍA, empleo de buenos modales. CREATIVIDAD, expresar ideas nuevas. DELICADEZA, actuar de manera consciente para no herir a los demás. DETERMINACIÓN, concentrar toda la energía en una tarea concreta. ENTUSIASMO, actuar con entrega, de manera alegre y sin aparentar el esfuerzo. FIDELIDAD, mantenerse firme en lo que uno cree o siente. FIRMEZA, ser constante y ceñirse a un objetivo propio. FLEXIBILIDAD, apertura a los cambios. FORMALIDAD, llevar a cabo los compromisos adquiridos. GENEROSIDAD, compartir sin esperar recompensas. GRATITUD, reconocer lo que se ha recibido de los otros. HONORABILIDAD, vivir respetando lo que uno considera correcto. HONRADEZ, hacer una promesa o dar una palabra y cumplirla. HUMILDAD, reconocer la propia necesidad de mejorar. IDEALISMO, capacidad para creer que el mundo puede ser mejor y actuar para llevar a efecto esa creencia. JUSTICIA, juzgar con imparcialidad. LEALTAD, defender aquello en lo que uno cree. LIMPIEZA, contribuir al orden de la casa familiar y al orden e higiene propias. MISERICORDIA, tratar a los demás con clemencia y perdonar. MODERACIÓN, establecer las rutinas de una vida equilibrada. OBEDIENCIA, reconocer la existencia de reglas. ESPIRITUALIDAD, apertura a la trascendencia. ORDEN, capacidad de organización. PACIENCIA, mantener en el tiempo el interés y las expectativas. PERDÓN, ser capaz de dar otra oportunidad. PREOCUPACIÓN POR LOS DEMÁS, ver más allá de los propios problemas y necesidades. SENTIDO DEL PROPÓSITO DE LAS ACCIONES, tener un centro de atención claro, conocer el objetivo por el que se está trabajando. PUDOR, sentido del respeto por uno mismo. RESPETO, consideración por los derechos de otros. RESPONSABILIDAD, responder ante los retos poniendo en juego las propias capacidades. REVERENCIA, respetar lo que alguien considera sagrado. SEGURIDAD EN UNO MISMO, ser capaz de aceptar un reto, de tomar una decisión y de pensar por cuenta propia. SERVICIALIDAD, deseo de ser útil a los demás. SINCERIDAD, ser franco, veraz y digno de confianza, tener palabra. SOLICITUD, disposición alerta para las necesidades de los demás. TACTO, decir la verdad de manera que no ofenda. TOLERANCIA, aceptar las diferencias en los demás y a partir de ellas buscar acuerdo. UNIDAD, conducirse con armonía, vivir como se piensa y de decir lo que se cree. VALOR, ser capaz de superar el miedo. VERACIDAD, coherencia entre las palabras y los actos.

La vida y la educación no son ese bullicio que nos rodea. ¿Hablamos de virtudes?

 Artículo original escrito para la plataforma UPfamily

viernes, 23 de julio de 2021

Salud

 



Hace tiempo, una persona profundamente religiosa me dijo que el pecado original se nos notaba, sobre todo, en la incapacidad para resolver el hambre, la pobreza y el desamparo de la humanidad. Como si, dentro de nosotros, algo defectuoso nos impidiera aumentar con nuestras acciones la belleza de la Tierra.

Porque esta Tierra que nos empeñamos en enfermar es bella, perfecta en su equilibrio, armoniosa en sus formas y sus colores, asombrosa en su furia y consoladora en su calma. Y el ser humano es bello también: en la mirada poética y curiosa de la infancia, en la sabiduría y fragilidad de la vejez, en los dolores de un parto y los ensueños de amor, adolescentes sea cual sea la edad en que se vivan.

Sin embargo cada generación tiene su guerra, cada una tiene sus crisis; todas, su profundo dolor. No lo causa la muerte como consecuencia inseparable de la vida, sino como consecuencia del egoísmo, la desidia, la banalidad o la furia del hombre lobo para el hombre.  

Siempre hubo quien se aventuró en el mar en pos de sueños, hoy se nos desborda en desesperación y llanto. “Avanzas, avanzas y nada más puedes hacer. Todo lo que dejaste atrás ya lo las perdido”- escuché decir a un muchacho que había pasado dos años caminando por el Sahel y uno completo sentado junto a la valla de Melilla. No era joven más que en la edad claro. Había alcanzado con honores el doctorado en tristeza.

También nos desborda la cara más descarnada, los puros huesos de un sistema económico que nos asegura el pan- a veces solo un mendrugo- pero crea profundas desigualdades. Y así, en las esquinas de nuestras ciudades, en vez de correr el aire y refrescar a quien va a su labor diaria, circula el dinero con su corte: la tiranía de lo económico, el consumo desenfrenado. Y entonces la pobreza ya no es una condición humana que debemos resolver entre todos, sino un fracaso humillante de la vida del pobre, a quien los medios bombardean con el asombroso nivel de vida del rico.

Nos desbordan también la soledad y el silencio ocultos en los dobladillos de esta sociedad de la comunicación, donde todos hablamos con todos, o eso creemos, mientras nos empapa la homogeneidad cultural. Y ya hay quien, a pesar de contar con miles de “seguidores” se ahoga de soledad. Pero que no cunda el pánico, vocean. Siempre será primavera en los grandes almacenes aunque tiritemos con los escalofríos de las pandemias.

El mundo entero está enfermo de un virus antiguo. No es este Covid 19 nieto de las pestes que golpean a la humanidad desde el inicio de la historia. Estamos enfermos de egoísmo, nuestro pecado original. Y es una enfermedad tan extendida que solo puede aliviarse con un remedio: agrandar el tamaño y la fuerza de lo sano.

Salud es la oración intensa de quienes dedican su vida a rezar en las clausuras. Confieso que yo, humildemente, todas las mañanas al despertar pienso en ellas, en las monjas que rezan, porque estoy segura de que en sus ruegos incluyen a mis hijos y su generación, heredera de nuestras ruinas. Sé que también intuyen problemas y sufrimientos presentes y futuros de los que yo, siempre bien informada de las noticias, no tengo ni la más remota idea.

Salud crean las manos de quienes cuidan enfermos, limpian mocos y babas de desvalidos, iluminan la mirada de los niños, escriben poemas que cauterizan heridas, componen música que nos lava por dentro.

Trajo salud al mundo la vecina que una tarde, durante los meses de confinamiento, puso en tu puerta un bizcocho casero. Trajo salud la panadera que no cerró el pequeño local porque su pan alegraba al vecindario. Trajo salud el enfermero que abrazó a tu madre moribunda cuando tú no podías acompañarla en la hora final. Trae salud hasta el conductor desconocido que frena para que crucemos tranquilamente el paso de cebra. Y entonces, a base de pequeños destellos, comprende uno que la humanidad sigue adelante porque hay mucha, muchísima salud.

Nacimos con la enfermedad original impresa en el alma, y con el secreto de su curación impreso también en nuestros recovecos. Aportar salud, bienestar y cuidado para este mundo enfermo son las tareas que explican por qué estamos hoy aquí, por qué seguimos viviendo después de nacer y por qué todavía no nos hemos marchado.

“¡Un poquillo de luz, por el amor de Dios!” Así titula el poeta manchego Valentín Arteaga un libro que habita en mi mesilla de noche. Luz para iluminar nuestro propio interior. Aire fresco de la confianza en otros y de la alegría. ¿Por qué no hablar de ellas, de la confianza y la alegría? La salud de este mundo enfermo depende también de nuestras ventanas.

miércoles, 14 de julio de 2021

El mensaje secreto

 




Mi abuelo Manuel, a quien siempre llamé Papá Lolo, era astrónomo. Trabajaba como asistente de los astrónomos jefes en el Observatorio de San Fernando, que preside con su cúpula dieciochesca aquella zona de la bahía de Cádiz. Por supuesto, dominaba las matemáticas y durante la guerra civil se ocupó en desentrañar los códigos numéricos con que estaban cifrados los mensajes. Una mañana de marzo del año 1938, aquellas fórmulas desvelaron la noticia del hundimiento de un gran barco, el crucero Baleares. Había sido torpedeado durante la batalla del Cabo de Palos y setecientos ochenta y cinco de los mil miembros de su tripulación habían muerto. Entre ellos, casi todos los marineros, que eran naturales de San Fernando y la bahía. Demudado, trasladó el mensaje al Estado Mayor, que le ordenó secreto absoluto. Y tuvo que permanecer en silencio durante tres semanas mientras las madres y las novias de aquellos muchachos- que eran sus vecinas- hablaban esperanzadas del regreso. Él se cruzaba a diario con aquellas mujeres, huérfanas ya de hijos, a quienes impulsaba cada mañana el anhelo de volver a verlos. Y su corazón de hombre bueno se consumía en la llama negra de aquel secreto.

Durante muchos veranos de mi infancia, cuando nos sentábamos después de cenar a la fresca del patio, mi abuelo recordaba esa historia. Y siempre, siempre, lloraba al contármela. Las lágrimas de Papá Lolo me enseñaron lo terrible, lo inhumana que es la violencia; lo terrible, lo inhumana que es la guerra.

 

domingo, 4 de julio de 2021

La adultez emergente. O no.

 


Como a muchos, me resulta difícil asimilar que, después de un año de inmenso esfuerzo y sacrificio en los centros educativos, afrontemos una quinta ola de COVID 19 a causa de unos bachilleres en viajes de fin de curso cuyas imprudencias estaban programadas de antemano y fueron conocidas, aceptadas y pagadas por sus familias. Es como si a jóvenes que van a entrar en la mayoría de edad legal no se les pudieran pedir renuncias porque les provocaríamos una rabieta. Pero no estamos solos en esto; se trata de una tendencia que comparten todas las sociedades avanzadas.

Un informe publicado recientemente por la revista médica británica The Lancet titulado The age of adolescence ha situado la nueva edad de término de la adolescencia en… ¡los 24 años! Confirma además que las primeras experiencias adolescentes llegan a través de Internet a la vida de los niños y niñas aproximadamente a los diez años, por lo cual la etapa de la adolescencia aumenta su duración hasta una longitud insólita hasta ahora en la historia de la humanidad, en la cual siempre fue una transición, a veces breve, a la vida adulta. El estudio afirma literalmente: “La pubertad más temprana ha acelerado el inicio de la adolescencia en casi todas las poblaciones, mientras que también el retraso en su finalización ha elevado la edad de término a más allá de los 20 años. Paralelamente, el retraso en el momento de las transiciones de roles, incluso la finalización de la educación, el matrimonio y la paternidad, continúa desplazando las percepciones populares de cuándo comienza la edad adulta”.

 

Así que los jóvenes de dieciocho años de hoy pueden adoptar actitudes y hábitos que tal vez corresponden a los doce nuestros y de nuestros padres. Ya estamos observando cómo, imperceptiblemente, muchos retrasan la consecución del carnet de conducir, porque ya no les apetece lograr ese antiguo rito de paso. Por supuesto, el gran rito de paso a la vida adulta, que es el empleo y por tanto la independencia económica, se ha retrasado casi una década, y esto ya es parte de la construcción social y no de la voluntad particular de nuestros hijos. Pero si es verdad que la escasa y precaria oferta de empleo no les ayuda, también lo es que nosotros mismos catalogamos como “todavía joven para tener hijos” a una pareja de treintañeros en la que ambos trabajan.

El retraso del final de la adolescencia marca ahora una nueva etapa de la vida, entre los 18 y los 29 años, que se denomina “la adultez emergente”. Viene marcada por la dilatación temporal de la dependencia familiar pero, a pesar de ella, me parece muy importante- e incluso vital para el futuro como sociedad- que sepamos exigir a la gente joven el cumplimiento de sus responsabilidades.

Siempre con el apoyo de su familia, deben comprender que sus acciones tienen consecuencias y  que ellos- protagonistas de su vida- son quienes han de empeñarse en resolver sus problemas. El sentido común debería prohibirnos a los padres, por ejemplo, ir a pedir una revisión de examen a un profesor de bachillerato, hacer cola para la matrícula universitaria mientras los interesados duermen- estampa común en estos días de julio- o acompañarlos hasta la misma puerta en una entrevista de trabajo. Es cosa suya. Tienen derecho a asumirla.  

La adultez emergente puede terminar convirtiéndose en un cascarón irrompible. Me preocupa.

 


[1] Sawyer et alia, The age of adolescence. The Lancet, 2018. https://www.thelancet.com/journals/lanchi/article/PIIS2352-4642(18)30022-1/fulltext