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Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



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martes, 7 de febrero de 2017

Diccionario






Una asamblea formada por todos los niños del mundo ha escrito un diccionario con la esperanza de que sea consultado por sus padres. Extraemos de él, tomados al azar, algunos breves ejemplos.

CASTIGADO: El castigo tiene que servirme para algo porque no es un fin sino un medio.  Mostradme las consecuencias reales de mis actos, permitidme que con el castigo aporte algo a la convivencia familiar, que no sea solo una retirada de privilegios. Tened cuidado con las culpas, las amenazas y las ofensas; con las comparaciones, los sarcasmos y las etiquetas. No me castiguéis para reprimir, sino para que mi comportamiento se modifique y mejore. No me castiguéis por la historia de nuestra vida. Dejadme un espacio para mostraros que puedo cambiar de actitud.

CONFÍO EN TI: Palabras mágicas. Dadme oportunidades para que consiga algún éxito real, que es la única manera de generar expectativas positivas. En definitiva, dejadme ir alcanzando retos. Dejadme demostraros cosas.

CUENTO: Contadme cuentos, leyendas, historias de nuestra familia en el pasado. Contar, leer, escuchar, inventar cuentos es uno de los grandes privilegios de la infancia. Compartidlo conmigo.

TE QUIERO: Nunca tengo bastante. Me gusta saber cuánto me queréis. Por cierto, ¿os habéis parado a pensar cuánto os quiero yo? ¿Cuánto os necesito?

TODOS: La familia es solidaridad y afecto. Hacedme saber que en la familia no existe el “uno para todos y todos para uno” sino el “todos para todos”.

SÍ/ NO: Las palabras que quiero escuchar cuando toque. Pase lo que pase, no me digáis sí cuando tengáis que decir no. Y al revés, tampoco. Todo lo que atente contra mi seguridad física y mental o la de otras personas, y contra los valores de la familia, es un límite infranqueable. Todo lo demás es negociable. Por favor, padre, madre, ordenad bien vuestra escala de valores.

SILENCIO: Nunca

VALORES: El modo de empleo de la vida. Orientadme con vuestro ejemplo. Os estoy mirando. Haré lo que hagáis. Siempre.

YO: Dejadme ser protagonista de algo. Por favor, diferenciadme de mis hermanos. Escuchad mis opiniones, respetad que pueda tomar por mí mismo algunas decisiones. Yo soy único.

Si los niños del mundo pudieran escribir un diccionario de la educación, pondrían en él cosas como estas. 
No puede haber nada que nos preocupe más que la infancia.



jueves, 19 de febrero de 2015

El tratado


 
Qué ves? A una bella actriz que posa para los medios en un festival de cine.

No, no me refiero a eso, mira un poco mejor, a lo profundo, ¿qué ves? A una muchacha joven, bien plantada y bien vestida, olé por ella. Sonríe porque mira a los objetivos que sonríen. Que la juzgan. Y se ofrece ante ellos abierta, confiada en sí misma, pero con la cabeza hacia atrás en un gesto espontáneo de desafío, un gesto pensado para protegerse.

Muy bien, y ahora fíjate todavía un poco mejor. ¿Qué ves? A una mujer frente a mucho mundo. Sola. Y es que a toda mujer a veces le pasa esto, que está de repente en mitad de un paisaje extraño y frente a ella todo es oscuro y grande como esa nube anónima de fotógrafos que está encima de esta muchacha, delante, al lado, junto, diciendo: mira, ven, dale, corre, aprisa, termina, recoge, toca.

¿Qué ves entonces? A cualquier mujer trabajando y cómo se siente a veces. Porque esto no es una foto pura y simple Es un tratado que habla de cada mujer y su situación en el mundo de hoy, del mundo y de las mujeres.

¿Qué ves entonces? Un retrato de grupo. En esta joven actriz que desempeña tan bien su papel de “Mecomoelmundo” están representadas todas las mujeres profesionales, cuidadoras y madres. Las que se ganan la soldada y la reparten en forma de vida y cariño. Aquellas a las que les siguen gustando todavía “los plátanos pochos y el cuello del pollo”. Las que tiran de pie después de noches de insomnio y nunca se queman las manos con la sartén, las que saben escribir informes y guisar lentejas. Y esas mujeres están, como ella, plantadas en el suelo con los tacones firmes, bien arregladitas, serias y ligeras, duras y livianas, expuestas y recogidas, abiertas a los retos y cerradas a la desesperanza.

Así que al final, ¿qué ves? Pues, es verdad, un tratado. Y hasta me parece que se titula: “Sobre lo solas que se sienten las mujeres a veces, incluso cuando están muy acompañadas.”

Artículo escrito para la revista 21RS