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Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



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lunes, 21 de junio de 2021

La permanencia de lo humano

 


Hace una semana recibí esta fotografía como sugerencia para abordar el tema “Formar para transformar.” Desde luego la imagen está llena de historias pero a mí me llevó a pensar en algo a lo que doy vueltas desde que publiqué La Ventana: la permanencia de lo humano. Me gusta imaginar que el libro estaba en la papelera, el niño lo ha encontrado, lo ha abierto y ha quedado atrapado por la invitación a separarse un ratito de las distracciones tecnológicas y permanecer en lo humano.

No podemos dudar que estamos situados en la frontera de un nuevo periodo de la historia, ni podemos negar que cuando la inteligencia artificial se está convirtiendo en nuestro primer recurso para resolver problemas, y nos anuncia su cada vez más convincente humanización, debemos esforzarnos por asegurar la permanencia de lo humano. Por eso, cuando se nos invita a formar para transformar, la tarea es comprender de forma nuclear qué debemos transformar y qué debe permanecer.

 

Me parece que el primer reto de los profesores en esta década de los 20 es comprender quiénes son sus alumnos porque se trata de una generación muy particular. Y aunque defendamos siempre la singularidad personal, nos interesa reconocer el marco en que se sitúan junto a sus coetáneos del mundo occidental.

Quienes han nacido entre 1995 y 2014 forman parte de la que se ha venido en llamar Generación Z, cuya principal característica es haber utilizado Internet desde la infancia. Los dispositivos tecnológicos han estado siempre en su entorno cotidiano e interactúan con ellos con total naturalidad. De hecho esta es la principal diferencia con su generación anterior, la de los millenials, que accedieron a Internet en la adolescencia. Los Z se han acostumbrado a acceder a una carga infinita de información y estímulos; no se comunican de forma digital mediante el texto o la voz sino con la imagen en movimiento. La velocidad, la inmediatez, la importancia del resultado y no del proceso, y el desarrollo de relaciones on line son sus normas generacionales. A cambio se sienten más solos y excluidos, han sufrido el impacto de la silenciosa pandemia de desestructuración familiar y conocen bien la ansiedad y el dolor. Se ha definido a la Generación Z como «la más formalmente educada de la historia, la más dotada de tecnología de todos los tiempos, y globalmente la más rica de todos los tiempos». Una generación en la que se anticipa lo que puede ser el futuro.

Uno de los principales prescriptores de tendencias juveniles, la cadena MTV, acuñó para la Generación Z el nombre The Founders, los fundadores, porque crecen en un mundo cuyos sistemas políticos y sociales están en descomposición, agravada por estas circunstancias mundiales de pandemia, y están llamados a ser la generación que reconstruya o reinvente los logros heredados. Ellos deberán conseguir que los avances de la ciencia y el arte resistan el embate de lo tecnológico. Ellos tendrán que desarrollar una ética para las máquinas. Su responsabilidad será que permanezca lo humano: la comunicación cara a cara, el anhelo de trascendencia que se pregunta sobre uno mismo y su lugar en el mundo, el arraigo emocional con el entorno, el espacio y el tiempo como categorías vitales. Y si no les ayudamos a definir bien esa trayectoria del futuro, es decir si no los formamos para transformar, terminaremos llegando "a donde ya estamos yendo", como decía el monologuista norteamericano Irwin Corey.

Por eso la mayor aportación educativa para la generación Z debe ser el desarrollo del pensamiento. De un pensamiento propio que se articule en torno al conocimiento, a la intuición y a la capacidad crítica.

Dice el filósofo Heidegger: Pensar no conduce a un saber como las ciencias, pensar no produce ninguna sabiduría aprovechable de la vida, pensar no descifra enigmas del mundo, pensar no infunde inmediatamente fuerzas para la acción.

Con esta cita comienza Hannah Arendt, discípula de Heidegger, su libro La vida del espíritu. Luego recuerda su propio ensayo sobre la banalidad del mal y su teoría de un mal producido no por convicciones ideológicas ni motivaciones malignas sino por la incapacidad de pensar.

Pero, ¿qué perdemos si pensar no sirve para ninguna de esas conquistas prácticas de las que hablaba Heidegger?

Nuestra inteligencia realiza de forma automática actividades de extrema complejidad- como nuestros movimientos-. Sin embargo, la característica de la inteligencia humana es dirigir esos mecanismos automáticos hacia fines elegidos conscientemente por nosotros mismos. Es lo que se denomina inteligencia ejecutiva. Y disponemos también de una inteligencia generadora, exclusivamente humana, que produce nuevas ideas. Es el lugar donde habitan la imaginación y la creatividad. Pensar por tanto es conquistar lo humano. Quizá ha llegado el momento de desmentir la convicción central de la modernidad: solo se puede aprender haciendo. También se puede aprender pensando, porque pensar es abrir los ojos del espíritu.

¿Están cerrados los ojos de la generación Z? No, solo adormecidos por la satisfacción inmediata de los deseos, regalo indiscutible de las máquinas. Por eso su periodo formativo debe ser verdaderamente transformador. Si las conquistas de lo humano son una herencia y no solo un testamento, la pregunta que deben escuchar es: "¿Cómo quieres que sea el mundo en el que tú vivirás?" Y que piensen la respuesta.

Para que ellos piensen, es importante nuestra relación con los procesos del pensamiento. Por eso un profesor jamás debe conformarse con la repetición mecánica de lugares comunes sino esforzarse por crear su pensamiento propio. Como profesionales, debemos creer que la importancia del pensamiento no es discutible. Y debemos creer que consiste en algo mucho más creativo que la simple respuesta a estímulos inmediatos. 

La crisis de la educación comenzó cuando olvidamos que es un proceso y empezaron a importarnos muchísimo los resultados. Pero si el ser humano se acomoda a la satisfacción inmediata de los deseos- invitación envenenada que nos hace hoy la tecnología- y permite que mueran los símbolos del pensamiento y los procesos del aprendizaje, no sobrevivirá.

 

 

 


miércoles, 24 de febrero de 2021

¡Ya está La Ventana!

 


Queridos amigos: ya está La Ventana. Gracias de corazón por haberme acompañado en el proceso de completarla.

Esta es la sinopsis

En los últimos años del siglo XXI, los maestros dan clase solo a los hijos de la élite y la mayor parte del mundo es educada por la inteligencia artificial. En Mérida, junto al Teatro Romano, una pequeña compañía de actores clásicos lucha para mantener viva la esencia de lo humano. Ellos invitarán a la maestra Venecia a romper la barrera entre los dos sistemas para dar clase a Alcibíades, un niño ávido de aprender. La educación transformará el futuro de ambos y tal vez el de la humanidad.

 La editorial ha escrito en la contraportada:

Una novela sobre el futuro, el presente, el arte, el amor, el ser humano y la llave secreta que abre la posibilidad de un mundo mejor. Carmen Guaita se muestra visionaria. El debate que ella plantea hoy es la clave de nuestro mañana.     


Esta es la portada: 
                                                                                 

En este enlace podéis adquirirla si os interesa.

La Ventana

                                      Gracias de nuevo. Espero que os guste su versión final.

martes, 8 de septiembre de 2020

Una pequeña noticia y dos reflexiones

 La pequeña noticia.

Queridos amigos, la novela La Ventana que vuestro aliento me ayudó a terminar ha comenzado ya su proceso de edición, bastante cambiada con respecto a lo que publiqué en este blog. Gracias de nuevo por vuestro apoyo. Os avisaré cuando esté lista.

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Suspenso en septiembre

Al Ministerio y a las Consejerías se les quedó la asignatura pendiente para septiembre y en septiembre han suspendido. Con un cero redondo y sin contemplaciones.

Si la vuelta al cole no ha sido un desastre se debe a vuestro trabajo, como siempre compensador de la falta de planificación y de recursos. Se dijo que las decisiones debían tomarse cerca del momento de iniciar el curso para ajustarse al estado de la pandemia pero desde junio se sabía- lo sabían los docentes y las familias- que para disminuir la ratio harían falta más profesores. Y sus contratos hubieran debido estar listos a uno de septiembre. 

Todos sabíamos que habría que hacer compatible la presencia con la enseñanza digital y se hubiera debido invertir en medios, crear plataformas seguras, establecer formación sobre los recursos digitales y comprar material para los alumnos con menos recursos. Aún sabemos que será imprescindible adaptar los temarios, que este curso no habrá lugar para experimentos de evaluación ni pruebas PISA ¿Y todo esto hubiera debido realizarse en agosto? No, no, en julio que es cuando tocaba.

Me faltan palabras para calificar la caótica espera de los docentes madrileños para realizar la prueba del Covid-19. ¿No hubiera sido más fácil fletar autobuses como los de la donación de sangre y acercarlos a los centros? ¿No hubiéramos debido comenzar esas pruebas el 28 de agosto y devolver luego, con un par de "moscosos", los dos días restados a las vacaciones?

Los alumnos ya están aquí. Los profesores haréis un esfuerzo de vocación, las familias lo harán de confianza y todo irá para adelante.  Pero si me preguntan qué nota sacan los gestores de la educación este septiembre responderé que un cero en toda regla. Redondo.


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Inteligencia artificial


Imagen propiedad de computerhoy.com


Como estamos inmersos en un grave problema sanitario y social, y como la política y sus actores no paran de soliviantarnos, solo podemos concentrarnos en el presente concreto y en los problemas que ahora mismo, ahora mismo exactamente, tenemos que abordar. Por eso nos pasan desapercibidas algunas noticias que muestran sin ambages hacia adónde va nuestro mundo y cuáles son los cambios que nos esperan en un futuro próximo. Porque la sociedad tal como la conocemos está cambiando de forma radical y vertiginosa.

Ha pasado casi desapercibida la nueva tecnología Neurolink que acaba de presentar el presidente de la empresa Tesla. Este señor, Elon Musk, es el principal impulsor de la inteligencia artificial, cuya investigación y desarrollo financia junto a otros megamillonarios que han visto en ella la forma de vida y el gran negocio del futuro cercano. 

Neurolink ofrece la posibilidad de conectar tu cerebro a un ordenador para mejorar sus funciones. Es el primer paso para la creación de lo que los escritores de anticipación llaman “alma digital”, y es que tu cerebro permanezca conectado al ordenador incluso después de tu muerte. Queda tiempo para llegar ahí pero llegaremos. Por eso me parece muy importante que la humanidad, a través de sus órganos de intervención y reflexión, como las Naciones Unidas, sea capaz de levantar un momento la vista del agónico presente y decidir cómo será la ética de la inteligencia artificial, si será “humana”, si respetará los derechos de los hombres que la han creado.

Es un reto, un desafío y una necesidad perentoria porque ya hoy, con nuestras clases digitales y nuestras videoconferencias con el médico, se atisba hacia adónde va el futuro.