Finlandia, ese país que supo sacar la política de la
educación, ha puesto en marcha una campaña para denunciar cómo están afectando los estándares actuales de belleza a los niños y jóvenes. Es un problema que
nosotros compartimos también. Los influencers,
los filtros de imágenes y la omnipresencia de las redes sociales afectan de
forma grave y creciente a la autoestima de los niños y a la percepción que
tienen de su aspecto físico.
Una muchacha bella
es hoy una imagen virtual con el rostro recauchutado; bellos son los modelos e influencers a quienes sus seguidores nunca
han visto en realidad; bellos son los héroes y heroínas de los videojuegos, con
sus ojos gigantescos y sus cuerpos imposibles. Y el niño o la niña normales -los que llevan aparato de ortodoncia y les salen granitos- son, sin más, feos. Pero no lo viven a la manera
tradicional, porque siempre existieron los complejos, sino peligrosamente expuesta a las
burlas de millones de desconocidos.
La edad media de inicio de las operaciones estéticas es ya de
26 años y bajando; hay quien regala a sus hijas la rinoplastia o el aumento de
pechos a los 18; cada vez se ven más caras jóvenes estandarizadas, con las
mismas narices y los mismos cuerpos. Cada vez son más los chicos y chicas que
quieren parecerse a sus propios selfies
tratados con filtros. Y a quienes su imagen real, la que les devuelve el espejo del baño, les
resulta intolerable.
Ahí, en la autoestima de nuestros hijos, enseñándoles a
apreciar su individualidad y a proteger su intimidad, debemos estar a pie firme
los padres. Esa es nuestra verdadera batalla, mucho más perentoria que
la supervisión de las actividades escolares.
