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Bienvenidos a esta sala de profesores. Gracias por compartir conmigo las ganas de pensar sobre educación.



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lunes, 8 de diciembre de 2014

PESCADOR


 

Entonces el niño, a la orilla del mar de Omán, mostró el puñado de peces que llevaba envuelto en el seno, me miró con los ojos brillantes y dijo: “Para mis hermanos es la comida de hoy y tal vez la de mañana.”

Yo no me había dado cuenta hasta ese momento de que aquel chiquillo que jugaba junto a la orilla estaba trabajando. Me parecía que saltaba para salpicar a los amigos, que era un gamberrete descalzo más, alguien irrelevante. Y resulta que era pescador y sostenía a su familia.

De vez en cuando deberíamos detenernos a pensar sobre la realidad que nos rodea, sobre cómo nos afecta y lo que aportamos a ella. Es una paradita necesaria porque si seguimos siempre adelante, sin reflexionar sobre el presente, terminamos viviendo como quien camina muy deprisa pero sin saber por qué lo hace ni a dónde va, a lo loco. Y en esto pienso ahora que se termina el trimestre: ¿Ha servido para algo tanto esfuerzo? ¿Contrarresto yo, de alguna manera, el mensaje negativo que reciben los niños de esta sociedad asfixiante? ¿Les enseño algo o aprenden solos? ¿Estoy educando o simplemente escribo en el agua?

Era mediodía y las olas del mar de Omán acariciaban la orilla. Sonreí al muchacho y le pregunté: “¿Estás contento de haber aprendido a pescar?” Él me dijo mientras se alejaba con su pequeño tesoro en el vientre: “¡Claro que sí! No es mucho pero sin ese aprendizaje mi vida hubiera sido completamente diferente.” Antes de perderle de vista, grité: “¿Y llevas tiempo en esto?” ´Él se detuvo, volvió a mirarme y con una sonrisa que le iluminó toda la carita me respondió: “Apenas unos meses. Me enseñó una persona muy sencilla, nadie importante o que salga en los periódicos. Un simple maestro.”